La posible vuelta del entrenador portugués al Santiago Bernabéu, aunque no sea la opción preferida, se ha convertido en una alternativa factible dentro de las oficinas blancas.
Más información: El proceso de selección para el banquillo del Real Madrid: el club considera candidatos con trayectoria y respeto ganado
Hace solo tres meses, el nombre de José Mourinho carecía de peso en los despachos del Santiago Bernabéu. Un técnico representante de otra etapa del club, un capítulo cerrado hace más de una década.
Sin embargo, en el fútbol, al igual que en la política, las circunstancias se modifican según los resultados y las exigencias. Y el Real Madrid, que termina la temporada sin un plan técnico definido para 2026/27, ha visto cómo el nombre del portugués vuelve a aparecer con fuerza en su lista, no como un recuerdo, sino como una opción concreta.
La salida de Arbeloa parece inminente. El exlateral ha intentado manejar la situación como ha podido, pero el club busca un perfil con mayor experiencia, alguien que asuma con firmeza el liderazgo de un vestuario lleno de figuras.
La primera opción en las altas instancias es Jürgen Klopp, el entrenador alemán que lleva meses siendo la prioridad blanca. El problema es que Klopp ha declarado en varias ocasiones sentirse cómodo en su actual rol dentro del universo Red Bull, un conglomerado futbolístico que no está dispuesto a liberarle pronto.
Las cortesías de las conversaciones hasta ahora se han topado con la firmeza del compromiso del alemán. Si Klopp no se concreta, el Madrid necesita un plan B. O incluso varios.
Es en este contexto donde aparece Mourinho, impulsado parcialmente por movimientos tácticos desde su entorno. La señal ha sido lanzada, y el ruido generado en el ecosistema blanco obliga a hacer un análisis serio de sus ventajas y desventajas.
Las ventajas: la practicidad como argumento crucial
El principal punto a favor de Mourinho es, curiosamente, administrativo. Su contrato con el Benfica contiene una cláusula de salida mutua sin coste económico, que puede activarse en los diez días posteriores al último encuentro oficial de la temporada 2025/26.
No existe rescisión ni compensación financiera. En un mercado donde los entrenadores mejor valorados están protegidos por contratos extensos y cláusulas económicas —como Massimiliano Allegri, actual entrenador del AC Milan— la facilidad para incorporar a Mourinho es un argumento de peso.
Arbeloa y Mourinho conversan durante el Benfica – Real Madrid de Champions League EFE
Además, está la disponibilidad inmediata. Mientras otros candidatos que maneja el Madrid, como Mauricio Pochettino, Didier Deschamps o Lionel Scaloni, tienen sus agendas condicionadas por el Mundial, Mourinho podría estar libre al comenzar junio y dispondría de tiempo suficiente para iniciar su labor.
Más allá del aspecto logístico, su perfil técnico coincide con los requisitos que el club considera fundamentales: experiencia comprobada en los escenarios europeos más exigentes, habilidades para liderar y disciplinar vestuarios llenos de egos y talento, y un conocimiento profundo del significado del escudo del Real Madrid.
Mourinho no necesita familiarizarse con el club; ya lo conoce. Lo vivió, lo conquistó y también sufrió en él.
Tampoco debe obviarse el precedente histórico. La última década madridista ha mostrado que las segundas etapas pueden superar a las primeras.
Zinedine Zidane regresó al banquillo blanco y logró la Liga durante su segundo periodo. Carlo Ancelotti volvió del modesto Everton y obtuvo dos Champions League en cuatro años. El retorno de un conocido ha sido frecuentemente una fórmula exitosa en el Bernabéu.
Las dudas: una trayectoria descendente
El principal inconveniente reside en su trayectoria reciente. Desde que dejó el Manchester United en 2018, Mourinho ha pasado por el Tottenham, la Roma, el Fenerbahçe y ahora el Benfica.
Ninguno de estos proyectos ha concluido con resultados destacados. Sus partidarios responden citando el ejemplo de Ancelotti en el Everton, pero existe una diferencia clave: Ancelotti no dio nunca la sensación de declive; Mourinho, en ciertos momentos, sí.
Otra incertidumbre es si su estilo de gestión —tradicionalmente polémico, aunque más moderado con el tiempo— es lo que el Madrid necesita ahora. Su primera etapa en el club, entre 2010 y 2013, alternó éxitos con tensiones.
Logró La Liga en 2012 con un récord de puntos histórico, pero dejó un vestuario dividido, relaciones dañadas con parte del plantel y un legado de conflictos que tardaron años en resolverse. El riesgo sigue siendo significativo.
José Mourinho, durante un entrenamiento con el Benfica EFE
La situación, aún abierta
Mientras tanto, Mourinho ha declarado públicamente su compromiso con el Benfica: «Mi próximo objetivo es llevar al Benfica a la Champions», afirmó este miércoles.
Pero en el fútbol, las promesas de lealtad en primavera suelen ser frágiles en verano. La ventana de diez días que permitiría su salida se abrirá pronto, y el Real Madrid debe decidir si activa esa opción o continúa intentando persuadir a Klopp.
Lo que queda claro es que el portugués ha ganado terreno mediático frente a otros candidatos. Y en el Madrid, donde el ruido es parte del ambiente, eso tiene su peso. La cuestión ya no es si Mourinho desea regresar, sino si el Real Madrid desea que regrese.

