La princesa evita la tendencia de los dobles grados en una de las universidades con mayor demanda y notas de corte más elevadas

A la Carlos III se le conoce como «la universidad boutique«. Su limitada cantidad de plazas, una oferta enfocada en grados con alta empleabilidad impartidos parcial o completamente en inglés, y la excelencia de su profesorado han incrementado su demanda hasta posicionarla como una de las instituciones públicas más valoradas de España, con notas de corte muy elevadas y un número de solicitudes que duplica las plazas disponibles. Suele atraer a los estudiantes más aplicados en la mayoría de sus grados y suele llenar todas las plazas ofertadas.
La mayoría de sus titulaciones requieren puntuaciones de acceso superiores a 11 sobre 14. Destacan por su prestigio el doble grado de Física e Ingeniería Industrial (13,464), el grado de Ingeniería Aeroespacial (13,23) y el doble grado de Estudios Internacionales y Administración de Empresas (13,119). Tradicionalmente ha sido un referente en estudios relacionados con Economía y Ciencias Políticas, aunque también está incorporando nuevos programas con alta empleabilidad, como el primer grado en Neurociencia que se ofrece en España.
Lo esperado habría sido que Leonor siguiera la tendencia y eligiera un doble grado —por ejemplo, Estudios Internacionales y Ciencias Políticas (12,475) o Derecho y Ciencias Políticas (11,178)— pero ha decidido salirse del patrón y optará por un grado simple que solicita un 9,542 para entrar. Las familias prefieren los dobles grados porque, ante la incertidumbre sobre las profesiones futuras, buscan ampliar sus opciones, aunque los especialistas recomiendan grados simples, ya que favorecen una mayor especialización y cuentan con menos campañas de marketing.
La Carlos III, al igual que la Pompeu Fabra de Barcelona, cuenta con numerosos profesores asociados, ligados activamente al ámbito profesional y reconocidos en sus campos. Ambas universidades han adoptado métodos de financiación público-privados que les han permitido evitar las limitaciones burocráticas del sistema público. Esta flexibilidad, que facilitó la incorporación de profesores destacados, en ocasiones se ha llevado demasiado lejos. El caso de Sandra León, profesora que obtuvo una plaza de funcionaria sin la acreditación correspondiente, sacó a la luz prácticas irregulares en el Departamento de Ciencias Sociales.
Durante varios años, los marchianos fueron considerados los alumnos consentidos de la universidad pública española bajo el auspicio del Instituto Carlos III-Juan March, un centro mixto financiado por la Fundación Juan March y la Universidad Carlos III de Madrid, que se convirtió en una cantera de politólogos y sociólogos con reconocimiento internacional.
Al clan de los marchianos se les ha criticado por haber dominado esta universidad pública abusando del contrato temporal para profesores visitantes, recurso que elude el proceso público de selección, creando un entorno cerrado. Entre sus integrantes están Ignacio Sánchez-Cuenca, uno de los analistas políticos más destacados en España, asesor de Sumar y del think tank del PSOE, Fundación Alternativas, y los politólogos reconocidos Pablo Simón y Lluís Orriols. También han ejercido como profesores asociados el exlíder de Podemos Jorge Lago y el exsenador de Más Madrid Pablo Gómez Perpinyá.
En noviembre de 2024, luego del escándalo protagonizado por Sandra León, el rector, Ángel Arias, reformó el Instituto Carlos III-Juan March, modificando su reglamento para desvincularlo por completo de la Fundación Juan March, lo que significó una reducción del poder del clan de los marchianos. El centro pasó a denominarse Instituto Juan Linz, en homenaje a uno de los sociólogos más influyentes internacionalmente del siglo pasado.
Entre sus miembros honoríficos figuran la catedrática de la Universidad de Stanford Margaret Levi, el exministro de Educación José María Maravall y el catedrático de la NYU Adam Przeworski.

