Ángel Di María, futbolista de 38 años, revela que su padre trabajaba en la minería de carbón para que él pudiera mantener las manos limpias, mientras que las de su padre estaban negras.

Ángel Di María, junto a sus padres. El futbolista argentino siempre ha expresado un profundo agradecimiento por el sacrificio realizado por su familia en su favor.

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La carrera de Ángel Di María se destaca como una de las más reconocidas en la historia del fútbol mundial. Pero, detrás de los campeonatos mundiales y las noches memorables en Europa, se oculta una historia marcada por un esfuerzo extremo en las calles de Rosario.

El conocido como «fideo» nunca ha ocultado sus raíces humildes y las plasmo en una conmovedora carta donde detalló el sacrificio de su padre, Miguel Di María, para que él pudiera alcanzar sus objetivos.

Su declaración más sincera y emblemática fue publicada en junio de 2018 en la prestigiosa plataforma «The Players’ Tribune», bajo el título «En la lluvia, en la oscuridad, en el barro».

En ese texto en primera persona, Di María narró cómo era la vida familiar antes de alcanzar la fama: «Mi padre trabajaba con carbón para que mis manos se mantuvieran limpias. Al final de la jornada, las suyas siempre estaban negras».

Miguel Di María se desempeñaba en una carbonería situada en el patio del hogar. Era una labor manual, sucia y físicamente dura. Ángel, siendo un niño, colaboraba embolsando el carbón antes de ir a entrenar, aunque su padre trataba de protegerlo de las dificultades de ese oficio. «No quería que yo sufriera lo mismo. Anhelaba que tuviera oportunidades que él nunca tuvo», reveló el jugador en esa publicación.

Di María, con el Benfica en el Mundial de Clubes

Di María, con el Benfica en el Mundial de Clubes EFE

La coherencia en su narrativa se mantiene con el paso del tiempo. En diferentes entrevistas posteriores, incluyendo las brindadas a TyC Sports en Argentina, el futbolista ha reafirmado constantemente su gratitud profunda.

De acuerdo con Di María, observar a su padre llegar cada noche cansado y cubierto de hollín fue la motivación clave para que desarrollara la disciplina necesaria y no abandonara cuando enfrentó dificultades en sus comienzos en Rosario Central.

No solo su padre jugó un papel crucial en ese ascenso. También evoca frecuentemente las largas jornadas en bicicleta con su madre, Diana, quien lo llevaba a entrenar bajo la lluvia y el frío. «Piénsese en una mujer pedaleando por todo Rosario con un niño en el asiento trasero y las bolsas de fútbol. Eso es amor verdadero», describió en su carta de 2018.

Actualmente, con 38 años y enfrentando la etapa final de su carrera, Di María continúa jugando con la misma pasión que aquel niño que deseaba sacar a su familia del negocio del carbón. Para el delantero, cada partido que disputa está impregnado del recuerdo de esas manos negras de su padre, un símbolo de resistencia que le permitió mantener sus propias manos «limpias» para levantar los trofeos más significativos del mundo.

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