La Moncloa ha identificado en la reapropiación del lema ‘No a la guerra’ un símbolo clave para navegar lo que resta de legislatura.

En los primeros encuentros se activaban todas las alertas, siendo casi un código rojo. Con el tiempo, el impacto se asimilaba con mayor calma. Actualmente, se percibe y acepta como un día habitual, uno más. Las tensiones entre Donald Trump y el Gobierno de España se han convertido en un elemento habitual de esta legislatura. La negativa de Pedro Sánchez a comprometerse con la OTAN en destinar el 5% del PIB a Defensa, junto con el rechazo a que Estados Unidos utilice las bases españolas de Rota y Morón en el marco del conflicto en Oriente Próximo, son dos motivos que elevan la tensión. «Las relaciones entre España y EEUU son buenas», aseguran fuentes diplomáticas, intentando bajar el tono.
Sin embargo, dentro de la estrategia que el jefe del Ejecutivo ha desarrollado durante tiempo para posicionarse como un líder opuesto a Trump, referente de la socialdemocracia global y promotor de un orden mundial distinto al de EEUU, el enfrentamiento con esta administración refuerza ese rol y otorga a Sánchez el reconocimiento buscado. «Que Trump nos critique y nos coloque como enemigo político es positivo», explican fuentes gubernamentales. La Moncloa ha hallado en la revitalización del No a la guerra, que Sánchez también llevó ayer al Consejo Europeo informal en Chipre, un emblema con el cual abordar lo que queda de legislatura. Un alivio para sus compañeros, en un escenario nacional marcado por la fragilidad parlamentaria y las pesquisas judiciales que rodean al Gobierno.
Hace una semana, Sánchez fue coronado en Barcelona durante una cumbre de líderes progresistas globales como «líder del progresismo internacional» -destacan desde el PSOE-, e incluso se produjo una especie de transferencia simbólica de poder del brasileño Lula da Silva hacia el presidente español. Este título implica, según interpretan en el entorno presidencial, promover un modelo alternativo al de Trump, basado en una defensa firme del multilateralismo. Sánchez percibe que se está formando un nuevo orden «multipolar» y que es necesario manejarse en este contexto geopolítico complejo. «Tiene la capacidad de anticipar las corrientes antes de que ocurran», indican en su equipo. Fuentes socialistas opinan que Sánchez «ha levantado la voz ante el genocidio de Netanyahu y la guerra de Trump, resonando en nuestras sociedades frente a la pasividad de otros líderes».
«El ambiente del No a la guerra moviliza efectivamente a la población progresista», sostiene un ministro. «Y para nosotros es beneficioso que la sociedad se active. Además, existe otro punto: la guerra no favorece a nadie, salvo aparentemente a Trump». Movilizar a la gente resulta crucial en un contexto electoral, no solo por las elecciones en Andalucía —donde el PSOE enfrenta dificultades— sino para contar con un estímulo que unifique al electorado de izquierda de cara a las generales previstas para el próximo año. En el Ejecutivo creen que la postura de defensa del derecho internacional refleja el sentir mayoritario en la sociedad española. Aunque España se ha convertido en un foco continuo para el presidente estadounidense, minimizan el dramatismo frente a sus amenazas. «Es complicado tomarle en serio. Un día te felicita, al siguiente te amenaza. Esa es la esencia de Trump», comenta otro miembro del Gobierno.
Desde La Moncloa reconocen que su posición sobre el gasto militar «difiere» respecto a la de EEUU y otros miembros de la OTAN y la UE, «pero se mantendrá». Sánchez defiende un discurso centrado en la protección del Estado del Bienestar y el impulso de la transición energética, manteniendo el límite del 2,1% como techo de gasto en defensa, a la espera de la cumbre de la Alianza en julio. «No aceptaremos que se nos imponga a gastar X millones sin justificación», argumentan funciones gubernamentales. «EEUU y España coinciden en lo fundamental: fortalecer las capacidades de la OTAN. Tranquilidad. Somos un miembro pleno y comprometido con la Alianza, cumpliendo con los objetivos de capacidades igual que Estados Unidos».
Fuentes oficiales consultadas aseguran no haber registrado que las diversas amenazas de Trump hayan ocasionado consecuencias o impacto, al menos hasta la fecha.

