Tener la tensión arterial baja puede no significar nada, o bien ser un indicio de alguna patología oculta. Identificar los síntomas y las causas es fundamental para abordar el problema.
Al igual que la hipertensión no debe tomarse a la ligera, tener la presión arterial baja no es ni bueno ni malo por sí mismo. Aunque generalmente la hipertensión no se acompaña de complicaciones graves, en ciertas situaciones puede indicar un problema subyacente. Por ello, comprender cuándo existe hipotensión, sus causas, efectos y posibles remedios es esencial.
Primero, definamos este fenómeno. Según el doctor Manuel Landecho, especialista de la Unidad de Chequeos de la Clínica Universidad de Navarra, hay hipotensión cuando la “presión arterial sistólica es inferior a 90 mmHg o la diastólica menor a 60 mmHg.
En ciertos contextos específicos (como sepsis), el criterio diagnóstico se basa en una presión arterial media inferior a 65 mmHg”.
Además, “en el caso particular de la hipotensión ortostática, la Asociación Americana de Diabetes la define como una caída de al menos 20 mmHg en la presión sistólica, o de 10 mmHg en la diastólica en los tres minutos siguientes a ponerse de pie, partiendo de estar acostado o sentado”, explica el experto.
Detectar la causa es el primer paso
Para normalizar estos valores y alcanzar una presión arterial adecuada, es necesario identificar el tipo de hipotensión, definida por su origen. Así, el doctor Landecho distingue tres tipos diferentes:
- Hipotensión ortostática: ocurre por la incapacidad del sistema autónomo para mantener la presión al cambiar de posición. Está vinculada a neuropatía autonómica (diabetes, enfermedades neurodegenerativas), hipovolemia, fármacos o insuficiencia cardíaca.
- Hipotensión aguda: consecuencia de shock, hemorragia, sepsis o deshidratación.
- Hipotensión crónica primaria: es menos común y habitualmente de causa desconocida o relacionada con disfunción autonómica.
A veces alerta, otras pasa desapercibida
Los síntomas habituales asociados a la hipotensión son “mareo, visión borrosa, debilidad, síncope, y en casos severos, pérdida de conciencia”, menciona el doctor. Añade que “generalmente aparecen al estar de pie y mejoran al recostarse”.
Cuando se detectan estos síntomas, especialmente si “se repiten frecuentemente, van acompañados de síncope o caídas, o si hay sospecha de causas graves (hemorragia, sepsis, insuficiencia cardíaca), es aconsejable consultar al médico para evaluación”.
Principales medidas para corregirla
El éxito del tratamiento depende en gran medida de la causa subyacente. “En muchas ocasiones, sobre todo cuando los síntomas son leves, se recomiendan medidas generales y modificaciones en el estilo de vida antes de recurrir a la medicación”, indica la doctora Cristina Sánchez Enrique, cardióloga del Hospital Universitario Vithas Madrid La Milagrosa y del Instituto Cardiovascular Vithas en Madrid.
Entre las recomendaciones más habituales figura “aumentar la ingesta de líquidos, porque una adecuada hidratación mantiene un volumen sanguíneo óptimo y ayuda a estabilizar la presión arterial. En algunos casos, -continúa la doctora- bajo supervisión médica, puede sugerirse un leve aumento en el consumo de sal, ya que el sodio contribuye a elevar la presión arterial”.
Otra recomendación es “evitar levantarse bruscamente tras estar sentado o acostado por periodos prolongados, porque esto puede ocasionar mareos o hipotensión ortostática”, añade.
¿Qué otras acciones son útiles?
“Algunos pacientes se benefician del uso de medias de compresión, que mejoran la circulación y previenen la concentración sanguínea en las piernas. También se recomienda”, continúa Sánchez, realizar comidas más pequeñas y frecuentes, especialmente para quienes experimentan bajadas de tensión tras comer”.
Finalmente, “es recomendable evitar estar de pie por largos periodos, y si es inevitable, realizar ejercicios que favorezcan el retorno venoso”, aconseja.
Por otro lado, “es necesario revisar los medicamentos que consume el paciente y ajustar las dosis de aquellos que puedan inducir hipotensión”, concluye.
Cuando estas medidas no logran controlar los síntomas, “se pueden emplear fármacos que ayudan a retener líquidos y aumentar el volumen sanguíneo, o que contraen los vasos sanguíneos para elevar la presión arterial. Sin embargo, este tratamiento sólo se indica en casos excepcionales”, subraya la doctora.
Por su parte, el doctor Landecho enfatiza que “el tratamiento farmacológico debe personalizarse siempre después de descartar causas corregibles”.
Los riesgos asociados a la hipotensión
Conociendo las causas y las principales estrategias terapéuticas, queda la cuestión de si la presión arterial baja implica un riesgo real para la salud, es decir, si debe considerarse una alerta o puede ignorarse. El doctor Landecho responde: “No tratar la hipotensión sintomática puede ocasionar caídas, y en algunos casos, incluso isquemia en órganos como el cerebro o el corazón, además de un aumento en la mortalidad, especialmente en personas mayores”.
Por ello, “la hipotensión puede ser peligrosa si afecta la perfusión de órganos vitales o provoca eventos adversos como síncopes o caídas”, concluye el especialista.

