
Fuente de la imagen, Getty Images
Información del artículo
-
- Autor, Joe Inwood
- Título del autor, Corresponsal de asuntos internacionales de la BBC
- 24 abril 2026
- Tiempo de lectura: 5 min
Si se buscan indicios claros de las repercusiones geopolíticas provocadas por la guerra entre Estados Unidos e Irán, la llegada de estas tensiones hasta este aislado archipiélago resulta una prueba palpable.
Diversos informes periodísticos apuntan a que Estados Unidos estaría reconsiderando su postura sobre las islas Malvinas/Falklands, en tanto busca alternativas para sancionar a países aliados de la OTAN que, según su perspectiva, no respaldaron su conflicto contra Irán.
Desde que la soberanía de las islas Malvinas/Falklands ha sido motivo de disputa, la posición oficial estadounidense se ha mantenido neutral, aunque de facto reconoce el control británico.
Además, de manera no oficial, ha proporcionado respaldo diplomático y, en ocasiones, militar al Reino Unido.
Esto se manifestó especialmente durante la invasión argentina de 1982, donde fallecieron 649 soldados argentinos, 255 militares británicos y tres residentes isleños.
La reacción inicial de Estados Unidos fue intentar una diplomacia móvil y flexible.
Cuando esa estrategia no resultó efectiva, brindó apoyo de inteligencia y misiles avanzados al Reino Unido.
En un documental de la BBC de 2002, Richard Perle, entonces subsecretario de Defensa estadounidense, afirmó: «Gran Bretaña probablemente habría perdido el conflicto sin la asistencia de Estados Unidos. Así de crucial fue».
No obstante, la decisión de alinearse con Reino Unido nunca ha sido sencilla ni exenta de controversias.
Numerosos sectores en Estados Unidos perciben con rechazo lo que consideran un vestigio colonial y la intención de conservar influencia en América Latina.
Este dilema quedó reflejado en un informe desclasificado de la CIA, que señalaba que el respaldo estadounidense a Reino Unido podría provocar un enfriamiento de las relaciones con varios países latinoamericanos durante varios años.
No obstante, ese mismo documento también reconocía «la naturaleza especial de las relaciones históricas de Estados Unidos con los británicos».
Desde entonces, se han producido numerosos cambios.
Un vínculo especial bajo presión

Fuente de la imagen, Getty Images
Estos lazos han enfrentado pruebas inéditas, en medio de la abierta hostilidad del presidente estadounidense Donald Trump hacia el primer ministro británico Keir Starmer, tras la negativa de este a involucrarse en el conflicto iraní.
Paralelamente, Trump ha encontrado un aliado geopolítico en el presidente argentino Javier Milei.
Ambos mantienen un trato cordial, comparten afinidades ideológicas y muestran un estilo personal parecido.
Todo ello sucede en un contexto donde Estados Unidos ha desplazado conscientemente su atención de Europa hacia lo que denomina el «hemisferio occidental», es decir, América.
Un posible cambio de posición de Estados Unidos a favor de los reclamos argentinos sobre las islas sería, según Ed Arnold del Royal United Services Institute (RUSI), un hecho «bastante significativo», ya que «podría motivar a otros países a adoptar actitudes similares».
«Se podría incluso contemplar una situación en la cual Argentina impulsara una intervención en la ONU, con el apoyo o al menos la no oposición activa de Estados Unidos», puntualizó.
Para James Rogers, del Council on Geostrategy, un think tank con sede en Londres, «los diplomáticos estadounidenses habitualmente suavizan o bloquean resoluciones que respaldan la soberanía argentina», tanto en la ONU como en la Organización de los Estados Americanos (OEA).

Fuente de la imagen, PA Media
La ONU considera a las islas Malvinas/Falklands como un «territorio no autónomo», siendo objeto de continua revisión por parte del Comité Especial de Descolonización, que fomenta el diálogo entre británicos y argentinos.
Esta situación ha sido resistida durante mucho tiempo por el Reino Unido, que mantiene que las islas son parte de su soberanía.
Esa postura cuenta con el apoyo mayoritario de los habitantes locales, quienes optaron abrumadoramente en un referéndum por seguir siendo parte del Reino Unido.
En un discurso ante un evento de la ONU sobre descolonización, Phyl Rendell, miembro de la Asamblea Legislativa de las islas Malvinas/Falklands, señaló que «cuando las islas fueron colonizadas inicialmente, a partir de mediados de la década de 1750, eran efectivamente una colonia, al igual que países vecinos como Chile, Argentina y Brasil, poblados por colonos provenientes de Europa y otras regiones del mundo».
En definitiva, para sus habitantes, se trata de una disputa entre dos naciones poscoloniales.
Para Ed Arnold, del RUSI, es crucial observar qué forma, si es que ocurre alguna, adoptará un eventual cambio de postura de Estados Unidos.
«Si proviene de Trump, generará titulares, pero ello no garantiza que la maquinaria del gobierno estadounidense esté avanzando hacia una modificación real», afirmó.
A pesar del control sin precedentes que Trump ejerce sobre varios sectores del gobierno, esto no se refleja necesariamente en el funcionamiento cotidiano de las oficinas gubernamentales.
«Existe aún una burocracia considerable que probablemente intentará preservar el statu quo«, comentó Arnold.
Modificar esta situación demanda más que una simple orden ejecutiva presidencial, señaló el especialista, quien añadió que, dado el resto de los acontecimientos en Estados Unidos, este tema no será una prioridad para la presidencia.
Indudablemente, esta cuestión tendrá un impacto mucho mayor en el Reino Unido que en Estados Unidos, y quizá precisamente ese es el propósito.
Trump ha mostrado reiteradamente su interés por emplear una diplomacia transaccional para presionar tanto a aliados como a rivales.
El presidente estadounidense sabe que las islas Malvinas/Falklands constituyen un punto sensible para Reino Unido, pero carecen de relevancia para Estados Unidos, lo que representa para él una oportunidad de influencia.

