Carlos Cenalmor, psiquiatra, identifica las tres personalidades más propensas a experimentar estrés intenso o burnout

En un entorno dominado por la autoexigencia y la hiperproductividad, un número creciente de personas experimenta un desgaste profundo que afecta no solo al trabajo

En un contexto marcado por la hiperproductividad, cada vez más personas sientes estrés excesivo o 'burnout'. (Freepik)

El síndrome de burnout ya no es un fenómeno poco común ni exclusivo de ambientes laborales extremos. En situaciones donde la productividad y el rendimiento determinan el ritmo diario, cada vez más personas admiten sentirse exhaustas, desbordadas o incapaces de desconectar, aunque no siempre reconozcan este estado como una problemática de salud mental.

Este deterioro no surge de repente. Se desarrolla gradualmente en rutinas que privilegian la acción continua frente al descanso. Jornadas prolongadas, autoexigencia alta y una cultura que asocia el éxito con la hiperproductividad contribuyen a que se normalicen niveles de estrés que, en realidad, resultan insostenibles a largo plazo.

En este contexto, el burnout aparece como una alerta. Su impacto va más allá del ámbito laboral, afectando también la esfera personal y emocional. En este sentido, el médico y psiquiatra Carlos Cenalmor (@dr.carloscenalmor en TikTok) señala quiénes son los perfiles más vulnerables: “Estas son las tres personalidades más propensas a sufrir estrés excesivo o burnout”.

Burnout estrés laboral

El ‘burnout’ y sus consecuencias

“El burnout no se presenta repentinamente, sino que se genera silenciosamente entre el cansancio acumulado, la presión constante y la creencia de que detenerse equivale a fracasar, hasta que el cuerpo y la mente finalmente advierten ’basta’, recordando que descansar también forma parte del progreso”, explica el especialista. Esta definición destaca un punto fundamental: el agotamiento extremo no representa una falla individual, sino la consecuencia de dinámicas sostenidas en el tiempo.

Uno de los grupos más susceptibles, según Cenalmor, corresponde a quienes asumen el rol de salvadores. “Son aquellos que cargan con los problemas ajenos y no pueden detenerse, porque si lo hacen, sienten culpa. Siempre hay alguien que necesita apoyo y ellos están disponibles hasta que su resistencia colapsa”. Se trata de individuos que constantemente anteponen las necesidades de otros a las propias, lo que culmina en un desgaste emocional profundo.

El segundo colectivo señalado por el psiquiatra está conformado por los controladores y exigentes, quienes “se imponen una carga mayor a la necesaria y requieren tener todo bajo control para sentirse seguros”. El inconveniente, según Cenalmor, radica en que “esa presión no tiene límites y el cuerpo acaba pagando las consecuencias”. En estos casos, el perfeccionismo funciona como motor y a la vez como trampa: nunca es suficiente ni se alcanza un descanso genuino.

Algunas actitudes que tenemos, pueden ser señales de lo que somos según los psicólogos

Finalmente, el médico apunta a quienes viven con una sensación constante de inseguridad. “El tercer tipo: los inseguros o impostores, que emplean el trabajo como un mecanismo para alcanzar una seguridad que en realidad no obtienen. Por eso nunca desconectan, pues internamente temen que, si lo hacen, todo se desmorone”. Este perfil se vincula con el síndrome del impostor, donde el esfuerzo permanente se vuelve una manera de contrarrestar una percepción interna de insuficiencia.

En los tres casos, el elemento común es la dificultad para establecer límites claros. Ya sea para ayudar a otros, por una autoexigencia desmedida o para demostrar un valor personal, el resultado es idéntico: una incapacidad para detenerse que, a la larga, pasa factura.

Scroll al inicio