Expertos médicos prohíben el uso de pantallas en menores de seis años tras revisar 70 estudios científicos: «Es la mayor alteración cerebral conocida»

Los profesionales de la salud están «comenzando a detectar dependencia emocional de los adolescentes hacia la IA»

Las sociedades médicas recetan cero uso de pantallas a menores de seis años tras presentar 70 pruebas científicas: "Es el mayor hackeo cerebral de la historia"

La pediatra María Angustias Salmerón observa en su consulta cada vez más adolescentes que emplean ChatGPT como motor de búsqueda, dado que el de Google «les resulta aburrido y los obliga a verificar la información». En muchas ocasiones, la IA les proporciona respuestas incorrectas, pero los jóvenes no solo no lo cuestionan, sino que confían más en estas respuestas que en las de los adultos. Esto sucede especialmente en temas vinculados a los motivos por los que acuden a consulta. «Con creciente frecuencia, se detecta una mayor exposición a contenido inapropiado, con adolescentes que dudan de su enfermedad o abandonan el tratamiento porque la IA les asegura que no es adecuado. Debido a que carecen de argumentos para refutarlo, se retroalimentan y desarrollan una dependencia emocional hacia la IA, que les confirma lo que desean escuchar», comenta.

En una ocasión atendió a una paciente que mantenía charlas frecuentes con ChatGPT:

– ¿Cuál fue tu última conversación con la IA?

– Le pregunté si era correcto tener dos parejas simultáneamente.

– ¿Es tu caso?

– No, para nada, es algo que le pasa a una amiga…

– ¿Qué te dijo la IA sobre eso?

– Me explicó que existen culturas donde la poligamia es considerada totalmente válida.

– ¿Y qué opinas tú?

– Tuve que investigar el significado de ‘poligamia’ porque no lo entendía, pero luego me quedé tranquila.

– La relación de pareja se basa en la confianza y el respeto. ¿Has conversado con tus dos parejas para informarles?

– No, ¡jamás haría eso!

Salmerón, presidenta de la Sociedad Española de la Adolescencia, alarma que «está empezando a observarse una dependencia emocional de los menores hacia la IA», un fenómeno que también preocupa a otros especialistas que este miércoles presentaron 70 evidencias científicas «que demuestran cómo ciertas exposiciones digitales provocan efectos adversos específicos». Todas las sociedades científicas españolas especializadas en infancia han acordado un documento que recopila pruebas que respaldan la necesidad de abordar este tema como «un asunto de salud pública».

El compendio con las 70 evidencias sobre daños causados por las pantallas fue presentado a la Comisión de Justicia del Congreso, organismo que se encuentra estudiando el proyecto de ley de Protección a los Menores en Entornos Digitales, actualmente en trámite de enmiendas. La lista de firmantes es extensa: además de más de veinte organizaciones de la sociedad civil, lo suscriben la Asociación Española de Pediatría, la Sociedad Española de Neurología, la Asociación Española de Psiquiatría de la Infancia y la Adolescencia, la Sociedad Española de Medicina de la Adolescencia, el Consejo General de la Psicología… En total, 13 sociedades médicas estatales participaron. Ninguna se mantuvo al margen.

El informe con evidencia científica evita caer en un «alarmismo indiscriminado que atribuye todos los trastornos adolescentes al uso digital», pero también rechaza la «minimización sistemática que apela a la ausencia de causalidad perfecta para justificar la inacción». Por esta razón, respalda la regulación europea vigente, que contempla mecanismos para verificar la edad, responsabilidades para las plataformas y restricciones en el diseño, entre otras medidas.

Además, se plantean límites de uso, aunque los especialistas consideran que medir el tiempo expuesto «no es suficiente para definir el riesgo», ya que se comprueba que influyen el tipo de contenido, las particularidades de los niños y familias, el estilo de crianza y otros factores. En términos generales, las sociedades científicas aconsejan eliminación total del uso de pantallas en menores de seis años, un máximo de una hora diaria para niños de seis a doce años, y dos horas diarias para adolescentes a partir de los doce años.

«Autorregularse, una tarea imposible»

«No estamos en contra de las pantallas ni de la tecnología, pero deben respetarse los derechos fundamentales de los niños, como la salud, la vida y el libre desarrollo de la personalidad. Si a los adultos nos cuesta controlarlo, para los niños es imposible autorregularse. Esto lo afirmamos desde la neutralidad ideológica y con base en evidencia científica. Estamos ante el mayor hackeo cerebral en la historia de la humanidad: está alterando el comportamiento de nuestros hijos, su forma de jugar y relacionarse», ha advertido Mar España, presidenta de la Plataforma Control Z, que agrupa a estas sociedades médicas y entidades del tercer sector.

David Ezpeleta, vicepresidente de la Sociedad Española de Neurología, aportó estudios longitudinales y neuroimágenes que evidencian «una maduración cerebral deficiente» en jóvenes sometidos al «estímulo monótono» generado por las pantallas, conforme a un estudio de Hutton en 2020, que halló diferencias en la microestructura de sustancia blanca en vías frontotemporales relacionadas con el lenguaje, correlacionadas con mayor tiempo de pantalla en preescolares.

¿Qué otros efectos se identifican?

«La evidencia científica actual confirma que la exposición temprana a pantallas, principalmente cuando es pasiva, prolongada o reemplaza la interacción adulto-niño, se asocia con resultados negativos en el desarrollo del lenguaje, cognición, autorregulación y funciones ejecutivas. El contenido inadecuado para la edad y el uso de pantallas por parte del cuidador, fenómeno conocido como technoferencia, también se relacionan con peores resultados psicosociales. En conjunto, las pantallas en la primera infancia son especialmente preocupantes cuando desplazan la interacción humana —ya sea por parte del niño o del adulto— en una etapa en la que dicha interacción no es un complemento, sino un requisito biológico para el desarrollo cerebral adecuado», resume a EL MUNDO Cristina Cordero, cocoordinadora del grupo de trabajo de la Sociedad Española de Neuropediatría.

Entre los estudios citados por los expertos destaca el Adolescent Brain Cognitive Development (ABCD) estadounidense, que identifica asociaciones entre la actividad digital y alteraciones en regiones corticales relacionadas con la atención, el control cognitivo y el procesamiento de recompensas. Otra cohorte internacional importante es el Japan Environment and Children’s Study (JECS), cuyos resultados indican que a mayor tiempo frente a pantallas en los primeros años, se observan peores habilidades en comunicación, destrezas sociales y actividades diarias en preescolares. El estudio Growing Up in Singapore Towards Healthy Outcomes (GUSTO) muestra que una mayor exposición durante el primer año de vida se vincula con diferencias en marcadores electrofisiológicos y funciones atencionales y ejecutivas en edad escolar. En total, se incluyen 70 investigaciones publicadas en años recientes.

José Antonio Luengo, vicepresidente del Consejo General de la Psicología de España, confirma que observan niños muy vinculados al uso del «chupete digital», quienes presentan dificultades para desarrollar un apego seguro. Además, indica que esta carencia de apego, entendida como un sistema de regulación afectiva crucial para el desarrollo, «puede estar relacionada con futuras conductas adictivas».

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