Muchos futbolistas han admitido sus adicciones al alcohol, las drogas, las pastillas o el juego. Sus testimonios pueden servir de guía para quienes sufren en silencio.
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Cuando se apagan las luces del estadio, muchos futbolistas libran una lucha silenciosa que sus compañeros, la prensa, los seguidores e incluso sus propias familias desconocen: alcohol, drogas, juego y depresión.
En el fútbol actual, la fama y el dinero han aumentado, pero los sistemas de apoyo no han evolucionado a la misma velocidad. Tras cada gol, título y millonario contrato, hay historias de futbolistas que han destruido sus trayectorias por culpa de las adicciones.
El fútbol español recuerda a Dani Benítez como un extremo veloz, con instinto goleador y un futuro prometedor. En 2024, cuando admitió un positivo por cocaína, su historia se tornó más compleja. En entrevistas, Benítez comentó que su momento crítico fue una noche en la que bebió y cometió «el peor error de su vida».
Dani Benítez había cumplido su sueño de jugar en primera. Pero una mala decisión y un control antidoping lo truncaron todo.
Domingo (21.30h): Sin perdón pic.twitter.com/kRGjotpkbo
— Salvados (@salvadostv) November 16, 2024
No habló de una adicción clínica a la cocaína, pero sí reveló una relación problemática con el alcohol que facilitó el consumo de otras drogas. «El alcohol me llevó a un sitio donde no quería estar», confesó en el programa Salvados.
En la trayectoria de Dani Benítez, el episodio con la cocaína fue puntual, aunque evidenció una problemática más profunda: el entorno, la vida nocturna, la presión y la soledad.
«La cocaína conduce a decisiones negativas», explicó en una entrevista, aceptando que el verdadero peligro fue el alcohol y la cultura de la fiesta.
Su caso no es aislado. Junto a él figuran leyendas como Maradona o Tony Adams, que entrenó al Granada en 2017. Al borde de cumplir 60 años, el inglés quiso celebrar tres décadas desde que anunció su alcoholismo.
«Estoy orgulloso de no haberme orinado en la cama en 30 años. Eso me llena de orgullo», confesó la leyenda inglesa en entrevistas recogidas por el Daily Mail, en su libro titulado ‘1996’.
El impacto en la familia
El icono del Arsenal contó que a los «29 años no quería seguir en este mundo. Sabía que estaba totalmente atrapado, el peor lugar en el que he estado. En marzo, mis hijos fueron apartados de mí«.
«Nunca bebí cerca de ellos, pero me desmayé una noche de domingo. Me bebí siete botellas de vino Chablis. Por eso, mi suegra se llevó a los niños», admitió. Ese mismo año Tony Adams empezó su recuperación en Alcohólicos Anónimos, agradeciendo a su suegra: «Ella me salvó la vida».
«Después de los partidos, la mayoría de los equipos salía a beber mucho.»
Tony Adams, leyenda del Arsenal
Sobre la cultura del alcohol en el fútbol, Adams afirmó que «existía una costumbre de beber en esa época. No todos, pero la mayoría de los equipos tras los partidos salían a tomar algo y bebían mucho. En dos ocasiones jugué ebrio… una fue contra el Sheffield United«.
«La noche anterior estaba borracho y al despertar seguía igual. Supongo que ya no podía estar sobrio, así que mi solución fue beber otra vez. Sin eso, no habría podido jugar», detalló.
«Bebí durante 12 años sin intención de parar… pasé por prisión, sufrí caídas por las escaleras, y aun así insistía en beber», recordó en su autobiografía Addicted.
Tony Adams, leyenda del Arsenal.
Tony Adams colabora con la clínica Sporting Chance y su red de apoyo Six para brindar ayuda basada en su experiencia a deportistas actuales que enfrentan problemas de salud mental y adicciones.
A su lado está Paul Gascoigne. Campeón de Europa con el Tottenham y figura en la Eurocopa 1996, su vida fuera del campo estuvo marcada por el alcohol, el sexo, las deudas y las crisis nerviosas.
El respaldo del fútbol inglés
Gascoigne admitió haber sido un alcohólico funcional durante años. Jugaba ebrio, llegaba a los entrenamientos bajo los efectos del alcohol y fue arrestado varias veces por conducir alcoholizado.
En 2004 ingresó en una clínica de desintoxicación durante una crisis profunda: confesó un intento de suicidio y que el alcohol fue su único «medicamento».
En este mismo contexto aparece George Best. La leyenda del Manchester United admitió beber durante su carrera, incluso llegando a entrenamientos con olor a alcohol.
En 2002 recibió un trasplante de hígado por daño hepático causado por el consumo de alcohol, aunque volvió a beber y falleció dos años después debido a una infección generalizada.
La fama y la cocaína
Si el alcohol es el principal enemigo en el fútbol, la cocaína es la amenaza nocturna. En 2018, BeSoccer y Clarosports recopilaron al menos 15 casos de futbolistas con problemas relacionados con la cocaína, algunos de ellos admitiendo abiertamente su consumo.
Adriano, exdelantero del Inter, reconoció en su carta para The Player’s Tribune que el alcohol y otras presiones lo condujeron a consumir sustancias que lo alejarían de los grandes escenarios.
La tercera adicción frecuente en el vestuario es el juego. En 2020, Wayne Rooney confesó su problema con las apuestas en una entrevista.
Wayne Rooney, exfutbolista y entrenador
Rooney explicó que sus apuestas comenzaron como «una diversión» en concentraciones, pero pronto se volvieron compulsivas. En cinco meses, según declaró, perdió alrededor de un millón de euros.
«No me di cuenta de que tenía un problema hasta que fue demasiado tarde», afirmó, reconociendo que el juego afectó su rendimiento deportivo y sus relaciones familiares.
Su testimonio se une al de otros como Paul Merson, exdelantero del Arsenal y Aston Villa, quien admitió haber perdido
En 2023, el programa Target de la BBC dedicó un documental a la ludopatía en la Premier League, con el respaldo de la PFA (Asociación de Futbolistas Profesionales). Allí se narraron los casos de jugadores que se levantaban a las 3 am para estudiar cuotas, apostar y analizar estadísticas, dividiendo sus vidas en “antes” y “después” de la deuda.
Dani Benítez, durante un partido con el Granada. EFE
Dean Sturridge, exjugador de la Premier, también reveló que su adicción al juego se prolongó por más de 40 años; un «veneno» oculto tras la confianza social y la normalización de las apuestas y quinielas como un pasatiempo masculino habitual.
En Inglaterra, la PFA trabaja desde hace años con terapeutas, grupos de apoyo y programas de rehabilitación, aunque las campañas alertan de que el problema sigue en aumento. En España, la cultura del silencio y la presión se enfrentan a la realidad de que muchos se sienten solos, frustrados o bloqueados.
Cada confesión implica un antes y un después: un futbolista que se cae intentando seguir bebiendo, que pierde una apuesta y se siente más vacío, o que prueba la cocaína y descubre que ha perdido el control sobre sus límites.

