Los incrementos causados por la guerra en Oriente Medio junto con las sequías en varias zonas de la UE llevan a los agricultores a disminuir las hectáreas destinadas a este cultivo

La llegada de la primavera no ha sido motivo de alegría para los agricultores en Europa. Con la entrada de esta estación, los campos en España y el resto del continente se alistan para la siembra, enfrentando la necesidad de emplear fertilizantes. El conflicto en Oriente Medio, que comenzó el pasado 22 de febrero, ha provocado un aumento abrupto en el precio de la urea, dificultando la labor de los cultivadores, muchos de los cuales no pueden asumir este sobrecoste, poniendo en riesgo la producción de maíz para 2026.
El encarecimiento del fertilizante, sumado al de la energía, provocará en los terrenos europeos una reducción de la superficie cultivada con maíz. Según expertos de Expana y Argus Media, por primera vez en este siglo la extensión dedicada al maíz grano en la Unión Europea caerá por debajo de los ocho millones de hectáreas en 2026.
No solo el aumento de costos vinculados al conflicto en Irán afecta a los agricultores del bloque, sino que este escenario se suma a otros problemas que afectan a los productores desde hace tiempo, tales como los escasos márgenes y riesgos para los rendimientos causados por las condiciones climáticas extremas durante el último verano en el hemisferio norte —aunque en España la situación es más favorable gracias a las precipitaciones registradas en el primer trimestre del año—.
De acuerdo con Trading Economics, el precio de la urea ha experimentado este año un aumento superior al 70%, superando los 700 dólares por tonelada, alcanzando así su nivel más alto desde octubre de 2022. Este incremento se debe, en gran medida, a que la guerra en Oriente Medio ha provocado un fuerte alza en el precio del gas, un insumo fundamental para producir urea, y a la limitación del flujo a través del Estrecho de Ormuz, por donde pasa un tercio de los envíos mundiales de fertilizantes.

Además, otros productores de este fertilizante, como India y Bangladesh, han enfrentado cierres de plantas debido a la escasez global de gas natural licuado. Por su parte, China ha incrementado las restricciones a las exportaciones ante la incertidumbre económica y comercial, para garantizar su abastecimiento interno, mientras que Rusia ha reducido los envíos de nutrientes esenciales bajo argumentos similares.
En España, la segunda cosecha corre peligro
La situación en España sigue siendo preocupante. Actualmente, en plena época de siembra para las segundas cosechas, los incrementos han llevado a muchos agricultores a reconsiderar la realización de la segunda siembra de maíz o incluso a optar por otros cultivos, como señala Javier Fatas, productor de cereales y miembro de la asociación COAG. Fatas destaca que las regiones más afectadas son Aragón, Cataluña y Castilla y León.
“Algunos agricultores podrían replantearse la reducción en la siembra de maíz. Se trata de una planta que requiere mucho fertilizante y agua. Este año, la segunda cosecha cuenta con agua suficiente, pero el problema radica en el aumento de los precios de los fertilizantes y que los valores del maíz no alcanzan a cubrir los costes de producción”, explica el productor, agregando que, a nivel global, existe un buen respaldo de reservas de maíz tras la última cosecha en el cono sur.
En términos europeos, Fatas estima que la situación es parecida en todos los países de la UE, donde el sector ganadero está aportando “nutrientes necesarios” para la fertilización. Asimismo, su organización ha solicitado contar con stocks de fertilizantes dentro de la Unión Europea, con el fin de garantizar la siembra y evitar depender de conflictos externos.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunció este viernes que el Plan integral de respuesta a la crisis en Oriente Medio movilizará 5.000 millones de euros para «proteger a los ciudadanos, apoyar a las pymes, al sector primario y, por supuesto, a la industria».
La situación en el resto de Europa
Este conjunto de dificultades ha provocado que la superficie destinada al maíz grano pueda disminuir en Francia entre un 10% y un 15% este año, lo que equivaldría a una reducción de aproximadamente 200.000 hectáreas, según estimaciones de AGPM (productores). Los expertos indican que la racha de sequía sufrida en el país vecino adelantó la siembra, con un 56% del total ya sembrado, aunque el retorno de las lluvias a principios de mayo será crucial para el desarrollo inicial de los cultivos.
En Polonia, los agricultores también prevén recortes en la superficie dedicada al maíz, aunque en menor medida, pasando de 1,3 millones de hectáreas en 2025 a 1,25 millones este año, según detalla la consultora Sparks Polska: “Es probable que el reciente y acelerado aumento en los precios de fertilizantes tenga algún impacto en las siembras de maíz, aunque probablemente limitado debido a la falta de cultivos alternativos y al reciente fortalecimiento de los precios del maíz”.
En Alemania muestran mayor optimismo; a pesar del incremento de costos producto del conflicto en Oriente Medio, esperan que las siembras de maíz grano aumenten un 3,5% respecto a 2025, alcanzando las 507.000 hectáreas, según informó la asociación de cooperativas agrícolas del país. Esto se debe principalmente a que realizaron pedidos anticipados de fertilizantes, lo que ha reducido el impacto de la guerra.

