Paolo Zampolli, empresario ítaloestadounidense y «enviado especial» de Trump, ha enviado una carta a Gianni Infantino, presidente de la FIFA, proponiendo una sustitución.
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Trump ha abierto un nuevo frente diplomático a pocas semanas del Mundial de 2026 al respaldar la iniciativa de un representante suyo para que Italia ocupe el lugar de Irán en la Copa Mundial de fútbol que se disputará en Estados Unidos, Canadá y México.
Esta propuesta, destapada por Financial Times y ratificada por medios internacionales, ha generado alarma en Zúrich, sede central de la FIFA, y en los gobiernos involucrados.
El promotor oficial es Paolo Zampolli, empresario ítaloestadounidense y «enviado especial» del Gobierno Trump, con estrechos vínculos con el presidente.
Zampolli envió una carta a Gianni Infantino, presidente de la FIFA, y al propio Trump, en calidad de coanfitrión del torneo, proponiendo que la tetracampeona Italia tome el lugar de Irán.
«Confirmo que he sugerido tanto a Trump como a (el presidente de la FIFA, Gianni) Infantino que Italia reemplace a Irán en la Copa Mundial. Soy italiano y sería un sueño ver a la Azzurri en un torneo organizado por Estados Unidos. Con cuatro títulos, cuentan con el historial necesario para justificar su inclusión», afirmó al Financial Times.
El argumento se fundamenta en el peso histórico de la selección italiana, que posee cuatro estrellas pero quedó fuera del Mundial tras perder en la repesca ante Bosnia-Herzegovina en una dramática tanda de penales.
Para el fútbol italiano, esto significaría una oportunidad excepcional de retorno tras tres ausencias consecutivas en la competencia. No obstante, esta maniobra desafía el principio fundamental de clasificación basado en méritos deportivos que rige en la FIFA.
Conflicto, diálogo y Mundial
La propuesta aparece en un momento delicado desde el punto de vista diplomático. Quedan pocas semanas para el inicio del torneo y Washington e Irán intentan avanzar con negociaciones de paz frágiles sobre el conflicto en Oriente Próximo, previstas en Islamabad.
Irán consiguió la clasificación en el terreno deportivo y ha declarado que su selección «está dispuesta» a competir, aunque condicionó su participación a que la FIFA permita jugar sus encuentros en México y no en sedes estadounidenses, citando razones de seguridad tras los bombardeos estadounidenses en su territorio.
Trump ha emitido mensajes contradictorios al respecto. Según Infantino, el presidente expresó en una reunión que el equipo iraní es «bienvenido» para participar en el Mundial en Estados Unidos, pero el propio mandatario ha insinuado que la presencia de los futbolistas persas podría resultar «inapropiada» y «potencialmente peligrosa» dadas las circunstancias actuales.
Donald Trump, presidente de Estados Unidos, y Gianni Infantino, presidente de la FIFA, durante una reunión en la Casa Blanca. REUTERS
Por su parte, Teherán ha señalado que no puede garantizar la seguridad de sus delegados si deben desplazarse a ciudades como Los Ángeles o Seattle.
Motivación política y presión sobre la FIFA
La propuesta de Zampolli también pretende mejorar las relaciones deterioradas entre Washington y Roma, tensionadas por los insultos de Trump al papa León XIV y la postura de la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, respecto a la guerra en Irán.
Otorgar un «gesto» a Italia en el escaparate futbolístico más grande del mundo se interpreta en ambos lados del Atlántico como una moneda de cambio política. A la vez, la solicitud coloca a la FIFA ante una dilema: ceder a las presiones geopolíticas o proteger rigurosamente la integridad del proceso clasificatorio.
Infantino ha intentado mantener un balance, destacando en público su «excelente» relación personal con Trump pero enfatizando que Irán, como cualquier equipo clasificado, tiene derecho a competir.
Por ahora, el organismo no ha mostrado indicios de aceptar un cambio de participantes en esta etapa del calendario.
Con el reloj del Mundial en marcha, la ofensiva de la Casa Blanca añade un nivel extra de incertidumbre a un torneo ya marcado por la guerra, las tensiones diplomáticas y el intento de usar el fútbol como una pieza en el tablero internacional.

