Kenia y su familia pasan todo un día en una oficina de Correos, donde la capacitación recibida por las funcionarias se limita a un e-mail: «Indica que deberíamos tardar media hora por persona»

La plataforma rechazaba archivos que superaran los 6 megabytes. El fichero con los pasaportes de Kenia y su familia resultaba demasiado voluminoso. Renunciar implicaría perder la cita para presentar su solicitud, programada para las 14:30 horas del día anterior. No podían permitirse ese margen de error, especialmente con dos niños en situación irregular desde su llegada a España en 2023. Fue necesario rehacer las fotocopias, pero hacia las tres y media de la tarde pocas alternativas quedaban. Cuando Roberto, su esposo, salió de la Oficina de Correos en busca de una copistería, aún restaban más de cuatro horas y media antes de que todos contaran con el acuse de recibo de sus solicitudes.
La tramitación de la documentación no debería prolongarse más de media hora por persona, explicaron los empleados de Correos desde detrás del mostrador. Al menos así figuraba en el correo que recibieron ese lunes «a las 14.45 horas de la tarde». Ese email, junto con la experiencia del pasado lunes, cuando se inició el trámite presencial, sería su única capacitación. «En teoría existe un curso, pero con la carga de trabajo y el comienzo el lunes, no ha habido tiempo», indicó la mujer que atendió a Kenia y su familia.
Ellos sabían que el procedimiento no sería sencillo. Preparados para la batalla, el jueves anterior el matrimonio llamó por separado al teléfono de atención para solicitar cita previa. Tras horas de espera, a Roberto le colgaron a las 14:00 horas. Quedaban 10 turnos por delante. Mientras intentaba nuevamente, Kenia consiguió una única cita para el próximo viernes, pero él tuvo fortuna y logró otras cuatro, una para cada miembro de la familia, para el martes.
Con previsión, ambos pidieron el día libre. Sacaron a los niños del comedor escolar para que estuvieran presentes durante el trámite. Al traerlos a España, tenían otros planes.
Roberto trasladó a Mario (10 años) y Marcelo (7) desde Honduras en 2023. En ese momento, el permiso de residencia de Kenia, llegada en 2019, continuaba vigente. Como su madre residía en España con un permiso de trabajo por cuenta ajena, buscaban regularizar a los niños a través del arraigo, demostrando dos años de permanencia en el país.
No obstante, antes de iniciar este trámite el permiso de residencia de la madre expiró.
Siguiendo consejos de amigas y familiares, Kenia contactó con un abogado para ayudarla a renovar su permiso. Él recibía las notificaciones y guiaba el proceso, cobrando 150 euros por el servicio, pero a medida que la Administración requería información a la hondureña, el abogado le mentía o no la informaba sobre las notificaciones. Kenia terminó perdiendo su autorización de residencia, permaneciendo en situación irregular, y nunca pudo apelar a la expiración de su NIE.
Ella recordó su historia alrededor de las 17 horas, mientras esperaba: «A las cuatro menos cuarto dijeron que tardarían una hora y media, pero ya son las cinco», lamentó en voz alta sobre el estado de las fotocopias necesarias. La documentación requerida incluye una copia completa del pasaporte, con todas sus páginas. Sin embargo, esto provoca que la plataforma rechace el documento.
El local frente a Correos combinaba dos negocios: una panadería latina y la copistería Paloma Hermoso. Fue la primera parada de Roberto, pero ante la negativa de la encargada, tuvo que correr hasta Doctor Esquerdo con los cuatro pasaportes. Allí se encontraba la reprografía más cercana, a 20 minutos caminando.
Horas antes de su regreso, cinco de las seis funcionarias presentes cuando llegó la familia se amontonaron frente a un ordenador para aprender cómo presentar una única solicitud. La mujer que les atendió no sabía el procedimiento: «¿Por qué están los datos del niño junto a tu solicitud? Cada quien debe presentar su propia solicitud», indicó a Roberto mientras empezaba a ingresar información en la plataforma. «Me va a dar un ictus«, bromeó otra de sus compañeras. Fue él quien les explicó que los datos de los niños deben acompañar a los de sus padres -y viceversa- para acreditar el vínculo familiar.
Por ello, la funcionaria debió presentar primero la solicitud de ambos padres y luego las de los niños, cosa que no pudo hacer hasta las 17:30 horas, cuando Roberto llegó agitado y con el rostro enrojecido tras correr desde Puente de Vallecas hasta Doctor Esquerdo para fotocopiar los pasaportes en el tamaño requerido.
-¿Están teniendo muchas complicaciones con la regularización? -preguntó un vecino que llegó a recoger un paquete al funcionario de al lado.
-Teóricamente deberíamos tardar media hora por solicitud, pero la plataforma presenta fallos, mucha gente viene sin la documentación necesaria y al final se invierte casi una hora por persona.
La charla se volvió colectiva cuando otra empleada respondió: «Si falta un documento lo pueden hacer, hay quien insiste en enviarlo así«.
-Pero luego las correcciones vienen aquí, -replicó un compañero-, dando a entender que esos interesados tendrían que acudir a las oficinas donde presentaron las solicitudes para subsanar.
Su compañera encogió sus hombros y siguió con su tarea. Volver no estaba en los planes de Kenia, aunque no vivan lejos. Roberto madruga mucho para ir a trabajar, y su empleo le consume muchas horas, incluso los fines de semana, cuando también trabaja.
Pese al retraso, poco antes de las seis de la tarde, Kenia recibió el acuse de recibo de su documentación. Solo quedaban tres por recibir. A pesar de haber llegado a la Oficina de Correos a las dos de la tarde, no salieron hasta las 18:47. Lo habían conseguido, portaban el «recibo de presentación» de las cuatro solicitudes. En 15 días serán admitidas a trámite y los padres obtendrán un permiso de residencia y trabajo temporal. Sin embargo, todavía queda la fase más complicada: la espera de la resolución definitiva.

