Sánchez asume el liderazgo global en la lucha contra la ultraderecha desde una posición histórica legítima

Desde Moncloa consideran que Lula da Silva ha efectuado el «traspaso de poderes» en el liderazgo de la izquierda internacional al respaldar su posición de ‘No a la guerra’

Pedro Sánchez y Lula da Silva, en la GPM de Barcelona.

Durante dos días, Barcelona fue el escenario global para las políticas de izquierda, con Pedro Sánchez como anfitrión, combinando su rol de presidente de la Internacional Socialista y representante del gobierno progresista más influyente que queda en la Unión Europea tras la retirada de Olaf Scholz de Alemania en mayo del año pasado. Este encuentro múltiple en tres foros -dos institucionales y uno partidista- contó además con el reconocimiento de Lula da Silva, de 80 años, otorgándole su sucesión política.

En La Moncloa interpretan que el apoyo explícito del mandatario brasileño a la postura del No a la guerra en Oriente Próximo, promotor ahora su homólogo español —igual que cuando él adoptó esta misma posición en 2003, rechazando la petición de EEUU para involucrarse en la invasión de Irak— representa un «traspaso de poderes» en el liderazgo del espacio ideológico común. El primer ministro del principal país latinoamericano subrayó que ambos permanecen «en la misma trinchera»: «Somos un ejemplo de que es factible hallar soluciones a nuestras problemáticas sin sucumbir a las promesas vacías del extremismo».

El equipo de Sánchez explica que con cumbres de alto nivel, como las celebradas en Barcelona, se está «formando el ejército desde el lado correcto de la Historia» —consigna que repitió esta semana junto al presidente chino, Xi Jinping, durante su visita a Pekín— para enfrentar el «movimiento ultraderechista que debe ser combatido». «El eje ya no es izquierda y derecha; es demócratas y antidemócratas. Lo que ocurre trasciende la izquierda tradicional, reflejando el cambio de ejes y dando narrativas a las percepciones que vienen emergiendo desde hace más de un año», destacan.

El apretado programa internacional arrancó el viernes con una cumbre bilateral entre España y Brasil, la primera realizada con un formato usualmente dedicado a relaciones con países vecinos. Paralelamente, durante dos días se desarrolló la Global Progressive Mobilisation (GPM), organizada por el PSOE y el Partido Socialista Europeo con respaldo de la Alianza Progresista, para «ofrecer una alternativa necesaria» a las fuerzas conservadoras y populistas. El sábado se celebró la IV Cumbre en Defensa de la Democracia, congregando a unos veinte líderes de izquierda, contando esta vez con participación de México.

IV Cumbre en Defensa de la Democracia.

Desde el Ejecutivo español subrayan que la incorporación de México «es esencial» porque fortalece la idea de que ya existe un bloque considerable de naciones que «perciben el mundo» como Sánchez. En su intervención pública en este foro, el propio presidente español subrayó que «lo que comenzó como un espacio de diálogo» impulsado junto a sus homólogos Lula da Silva, Gustavo Petro (Colombia) y Yamandú Orsi (Uruguay) se constituye ahora en «una comunidad política en construcción dispuesta a tomar las medidas necesarias para proteger y consolidar el sistema democrático».

«El contexto es evidente: la democracia no puede darse por garantizada. Se observan ataques al sistema multilateral, intentos constantes de cuestionar las reglas del derecho internacional y una peligrosa normalización del uso de la fuerza. Al mismo tiempo, dentro de nuestras sociedades aumentan la desigualdad, la desinformación y la pérdida de confianza en gobiernos e instituciones… Ese es el verdadero riesgo que enfrentan todas las naciones: que la democracia se vacíe internamente mientras se la ataca desde el exterior», enfatizó el presidente español en su discurso, que recibió elogios de la mayoría de los líderes que participaron en Barcelona durante estos días.

Ya por la tarde, vestido con el traje de líder socialista durante el cierre de la GPM, Sánchez proclamó el fin de «la internacional ultraderechista» y de «la derecha lacaya» a pesar del ruido que, afirmó, «hacen». «Les pido que no se dejen engañar. No gritan porque estén ganando; gritan porque saben que su tiempo está llegando a su fin», declaró ante un auditorio entregado de 6.500 personas. «Desde hoy, la vergüenza cambia de bando y lo hará para siempre», concluyó.

Scroll al inicio