El impresionante zoológico de Moctezuma conocido por los españoles hace 500 años y recién descubierto en profundidad hoy

Una representación en el Códice Florentino de animales y un hombre en la época de los mexicas

Fuente de la imagen, Códice Florentino

    • Autor, Darío Brooks
    • Título del autor, BBC News Mundo
  • 33 minutos
  • Tiempo de lectura: 8 min

En el centro histórico de la antigua Tenochtitlan, capital mexica, existía un lugar singular donde se mantenía cautiva una diversidad de animales originarios de todo el imperio prehispánico.

Este espacio se encontraba en la residencia del emperador Moctezuma II, en lo que actualmente es el centro de Ciudad de México, y era atendido meticulosamente por cientos de guardianes.

Desde hace más de 500 años existen testimonios que destacaban la maravilla que representaba este sitio para los españoles que lo descubrieron, incluyendo al conquistador Hernán Cortés.

No obstante, solo recientemente se han empezado a revelar detalles sustentados en evidencia científica.

Aunque hoy en día se le suele denominar zoológico, realmente funcionaba como un vivario, dado que cumplía una función más trascendental que el mero entretenimiento del emperador, sus sacerdotes y nobles.

"Los animales les ofrecían una forma de comprender el mundo; eran parte central de sus mitos de creación. Algunos relatos explicaban el origen mismo de esas especies", comenta a BBC Mundo el arqueólogo mexicano Israel Elizalde Mendez.

Además, añade, estos animales les otorgaban poder, vigor y coraje: "De acuerdo con algunas fuentes, se les atribuían propiedades mágicas en ese sentido".

Para los mexicas, los animales formaban un componente esencial para entender el presente, el pasado y el más allá.

"La relación que mantenían era sumamente rica", señala Elizalde.

El vivario disponía de una decena de estanques hechos de roca volcánica, algunos con agua dulce y otros con agua salada, donde habitaban diferentes peces y aves acuáticas. En otros recintos se encontraban desde ranas y serpientes hasta jaguares, lobos y pumas.

También existían enormes jaulas con aves que no son propias de la zona de Ciudad de México, como águilas reales, águilas arpías, guacamayas y quetzales, traídas desde otros puntos del imperio.

"Sin duda capturaban y mantenían estos animales en cautiverio, pero su vínculo con el medio natural era muy distinto al que se tiene en la actualidad", aclara Elizalde.

El arqueólogo ha dedicado más de una década estudiando la relación entre los pueblos prehispánicos y los animales, cuyos descubrimientos forman parte de recientes publicaciones, como el libro "El cautiverio de los animales en la antigua ciudad de Tenochtitlan", publicado este año.

Israel Elizalde Mendez haciendo trabajos de investigación de restos óseos en una mesa

Fuente de la imagen, INAH

Los relatos antiguos

Cortés llevaba casi un año desde que arribó a Tenochtitlan cuando envió una carta a los reyes de España describiendo sus descubrimientos, entre ellos el vivario que pertenecía a Moctezuma II.

"Poseía todas las especies de aves acuáticas propias de estas tierras, numerosas y variadas, todas domesticadas; para las que vivían en el mar, había estanques de agua salada, y para las de río, lagunas con agua dulce, la cual se renovaba periódicamente mediante canales", describió en el español de su época.

"Cada tipo de ave recibía el cuidado adecuado a su naturaleza, alimentándose conforme a sus hábitos en estado salvaje: las que comían pescado recibían eso, las que se alimentaban de gusanos, también; a unas se les daba maíz y a otras semillas pequeñas, según correspondía", explicó.

"Había 300 hombres dedicados exclusivamente al cuidado de las aves; otros especialistas se encargaban únicamente de curar a las que enfermaban. Sobre cada estanque había corredores y miradores finamente trabajados, donde Moctezuma solía ir a disfrutar de la vista".

Pero no solo Cortés mencionó el vivario: alrededor de 14 fuentes históricas hacen referencia a este espacio de Moctezuma.

El mapa de Núremberg, el documento cartográfico más antiguo sobre Tenochtitlan (1524), representa el lugar destinado a la conservación animal en un sector, ilustrado con aves, mamíferos y sus cuidadores.

El mapa de Núremberg de 1524, con un acercamiento al vivario de Moctezuma representado por varios animales y personas

Elizalde señala que probablemente la zona señalada está situada en el actual Palacio Nacional, cercano al Templo Mayor, el principal sitio arqueológico de la cultura mexica que se conserva en Ciudad de México.

Los documentos, como el códice Florentino, mencionan un aviario que posiblemente se ubicaba en las casas antiguas de Axayácatl, padre de Moctezuma II, en el área donde hoy están la Torre Latinoamericana y el antiguo convento de San Francisco, a menos de un kilómetro del Templo Mayor.

"Tenía otra residencia espléndida donde poseía un gran patio pavimentado con losas finamente trabajadas, dispuesto en forma de un tablero de ajedrez, y las habitaciones eran profundas, con un metro y medio de altura, y tan amplias como seis pasos cuadrados", describió Cortés.

Continuaba explicando: "La mitad de cada una de estas casas tenía un piso cubierto con losas, y la otra mitad estaba cubierta por una red de madera muy bien construida; en cada una había aves rapaces, desde cernícalos hasta águilas, todas las especies que existen en España y varias que no se ven allí".

Fragmentos óseos de un animal en un entierro ceremonial en el Templo Mayor.

Fuente de la imagen, INAH

Precisar las especies exactas que habitaban allí es un desafío para la ciencia en las investigaciones iniciadas en el siglo XX, que Elizalde y su equipo continúan hoy día.

El investigador y sus colegas han analizado restos de 28 ejemplares recuperados, incluyendo águila real, águila arpía, codorniz, jaguar, lobo y espátula rosada.

"El estudio consiste en examinar muestras representativas de diferentes individuos y aplicar análisis paleopatológicos, que son evaluaciones de enfermedades antiguas para identificar afecciones incapacitantes", detalla el arqueólogo.

Han descubierto que sin la atención y tratamiento médico que recibían, "estos animales no habrían sobrevivido tanto tiempo en la libertad", lo que indica la existencia del vivario como lo describen las fuentes históricas.

Se sabe que los mexicas contaron en su capital con fauna proveniente de todos los rincones de su extenso imperio, que abarcaba de costa a costa entre el Golfo y el Pacífico y se extendía desde el centro de la actual México hasta la frontera con Guatemala.

"Traían especies variadas; el ecosistema era muy diverso", comenta Elizalde, recordando que esta zona sigue siendo hoy en día una de las más biodiversas del planeta.

Un "gran enigma"

Dentro de su investigación, Elizalde ha examinado ejemplares hallados en ofrendas mexicas descubiertas en excavaciones del Templo Mayor.

Para los mexicas, ciertos animales tenían un papel crucial en la concepción que tenían del universo.

"En las ofrendas es fundamental, porque para pedir plegarias o realizar peticiones uno debía contar con estos animales. Cada objeto encontrado en ellas tiene un significado específico, ligado a la idea de ser o estar presente en las ofrendas", explica Elizalde.

"Si faltaban las águilas necesarias para entregar un mensaje claro a los dioses, tal vez el mensaje no llegaba", añade. En ese contexto, poseer animales en un vivario era un símbolo de autoridad para Moctezuma II y su clero.

En batalla, los guerreros denominados "águila" o "jaguar" llevaban vestimentas confeccionadas con elementos de esas especies, relacionadas con su coraje y fuerza. Las plumas, como las de guacamayas, formaban parte del atuendo asociado al poder.

"Cada elemento biológico poseía un significado o simbolismo, que se refleja claramente en las ofrendas, el bien más valioso entregado en el Templo Mayor, esencia del templo principal".

Sin embargo, queda un "gran enigma" alrededor del vivario de Moctezuma II: cuáles son las pruebas arqueológicas concretas de ese espacio impresionante narrado por Cortés hace cinco siglos.

Maquetas de las pirámides mexicas en el Museo del Templo Mayor con el Palacio Nacional en Ciudad de México

Fuente de la imagen, Getty Images

Menos de un año tras aquella carta, el español y sus tropas destruyeron gran parte de Tenochtitlan en su proceso de conquista, que culminó en 1521, aunque no sin experimentar el "dolor" y los gritos aterradores de los animales durante los incendios.

Los vestigios posibles de las casas de Moctezuma II donde se situaba el vivario y el aviario adyacente probablemente continúan allí, pero el acceso es complicado, ya que sería muy difícil que los arqueólogos excavaran debajo del Palacio Nacional, la Torre Latinoamericana y el templo del antiguo convento de San Francisco para verificarlos.

Curiosamente, apunta Elizalde, la reconstrucción de la ciudad por parte de los españoles sobre muchas de las construcciones mexicas ha favorecido su conservación por siglos bajo tierra en Ciudad de México.

"El contexto arqueológico que poseemos es excepcional, sumado al que mucho se haya preservado gracias a la destrucción ocasionada por los españoles".

Descubrir qué hay justo debajo de las calles bulliciosas del centro de Ciudad de México ha sido una tarea emprendida por casi cinco décadas a través del Proyecto del Templo Mayor, iniciado en 1978, que desde entonces continúa aportando importantes hallazgos.

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