Arranca CATHERINE, el primer ensayo clínico en pacientes que activa una doble respuesta antitumoral en tumores sólidos HER2+
Las terapias CAR-T han transformado notablemente el pronóstico en pocos años de ciertos pacientes con cáncer sin alternativas disponibles. Este enfoque terapéutico implica extraer células inmunitarias del propio paciente, modificarlas en laboratorio para reconocer el tumor y reintroducirlas para que lo ataquen. En patologías hematológicas como leucemias o linfomas, han obtenido respuestas notables incluso en casos críticos.
No obstante, ese avance no se ha reflejado en los tumores sólidos, donde las CAR-T enfrentan numerosas barreras biológicas y han mostrado resultados limitados. Superar este desafío representa uno de los mayores objetivos en la investigación oncológica actual.
En esta línea, un equipo del Vall d’Hebron Instituto de Oncología (VHIO) considera haber hallado un método para abordarlo. Este mes se lanza el primer ensayo en pacientes con una nueva generación de CAR-T diseñada específicamente para tumores sólidos HER2+, que combina el ataque directo al tumor con la activación del sistema inmunológico.
Las terapias CAR-T han revolucionado el tratamiento de ciertos cánceres hematológicos, pero su aplicación en tumores sólidos ha presentado mayores dificultades. “Como se sabe, los CAR-T son muy efectivos en tumores hematológicos, pero no tanto en los sólidos”, comenta a El Confidencial el investigador principal del ensayo, el doctor Joaquín Arribas.
Para superar ese obstáculo, su equipo adoptó una estrategia distinta: transformar la célula inmunitaria en una plataforma terapéutica más compleja.
“Lo que hemos hecho es dotar la célula T con dos terapias antitumorales”, explica. Por un lado, incorpora el CAR-T clásico que reconoce una diana tumoral específica. Por otro, integra un anticuerpo biespecífico que potencia la respuesta inmunitaria.
El resultado, según Arribas, es sencillo de explicar: “Es atacar dos veces al tumor en lugar de una sola vez”.
Un doble ataque contra tumores agresivos
La terapia está dirigida contra HER2, una proteína que participa en el crecimiento de varios tumores —especialmente en cáncer de mama— y cuya sobreexpresión impulsa la progresión tumoral.
El enfoque se centra en una forma modificada y más agresiva, conocida como p95HER2, vinculada a tumores con mayor resistencia a tratamientos.
La combinación de ambos mecanismos (ataque directo y activación del sistema inmunológico) diferencia esta CAR-T de enfoques anteriores.
En modelos preclínicos, cada uno de los mecanismos por separado mostraba eficacia, pero su combinación multiplicaba el efecto. “Cada vía tiene cierto impacto, pero juntas son mucho más potentes en los modelos”, aclara Arribas.
Primer paso: demostrar que es segura
El ensayo que se inicia en el Vall d’Hebron Instituto de Oncología (VHIO) corresponde a fase I, cuyo objetivo principal es comprobar la seguridad del tratamiento, más que su eficacia. La oncóloga Irene Braña, investigadora líder en la Unidad de Terapia de Investigación Molecular del Cáncer (UITM), dirige este primer estudio en pacientes con tumores para los cuales ya no existen opciones terapéuticas.
“En esta fase I, el objetivo prioritario es demostrar la seguridad”, destaca Arribas. Para ello, aplicarán una escalada de dosis en un reducido grupo de pacientes que han agotado alternativas.
No obstante, los investigadores esperan ya notar algunas señales de actividad antitumoral. “Aspiramos a que no haya efectos secundarios y a observar efectos contra el tumor, aunque esto último es un objetivo secundario”, añade.
Del laboratorio al paciente tras dos décadas
El comienzo de este ensayo representa un hito en una línea de investigación iniciada hace más de 20 años. La identificación de la variante p95HER2 en 2005 permitió comprender por qué ciertos tumores recaían y eran más agresivos, abriendo nuevas estrategias terapéuticas.
“Es gratificante ver cómo un descubrimiento de laboratorio […] llega finalmente a los pacientes”, remarca a este medio Marta Puyol, directora científica de la Fundación Científica de la Asociación Española Contra el Cáncer, entidad que ha financiado este proyecto durante más de una década.
Entre la esperanza y la cautela
A pesar del potencial terapéutico, los científicos insisten en la cautela. El desarrollo clínico de tratamientos de este tipo es largo y está cargado de incertidumbres.
“Genera esperanza, pero es necesario evaluar su eficacia y toxicidad en pacientes”, señala Puyol.
Si los resultados son positivos, el proceso hacia la aprobación aún llevará tiempo. “Si todo va bien, se podría estimar que en 5 a 10 años la terapia estaría aprobada”, calcula Arribas.
Por ahora, el objetivo es demostrar que esta estrategia novedosa puede abrir caminos donde otros tratamientos fracasaron.
Porque, en palabras de Puyol, “la ciencia exige tiempo porque es rigurosa”.

