
Fuente de la imagen, Irene Baranjas
Información del artículo
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- Autor, Clayton Conn*
- Título del autor, BBC Outlook
- 53 minutos
- Tiempo de lectura: 7 min
La operación se preveía rápida y casi sin ingreso hospitalario, pero al despertar de la anestesia, se dio cuenta de que estaba en un centro médico distinto.
"Había numerosos cables a mi alrededor y algo en la boca que impedía que hablara", relata la artista mexicana Gabriela "Gaby" Muñoz.
Intentó moverse, pero al hacerlo, su ritmo cardíaco aumentó y activó una alarma.
"El personal entró corriendo, visiblemente impactados, gritando: ‘¡Llamen a sus padres, llamen al doctor!’. La primera persona que reconocí fue a mi padre, asomándose y llorando".
Más tarde Gaby supo que permaneció en coma durante un mes entero. Durante la operación adquirió una infección sanguínea severa, provocada por bacterias presentes en el aire acondicionado del hospital. Sus pulmones quedaron casi inoperantes y necesitó respiración asistida.
La familia y el equipo médico evaluaron la posibilidad de desconectar a aquella adolescente que parecía no tener posibilidades de recuperación.
"Después desarrollé un cuadro conocido como coagulación intravascular diseminada", explica. "Mi sangre no coagularía y sufría sangrados generalizados". Requirió transfusiones constantes.
Contrario a todos los pronósticos, Gaby logró salir del coma. Estaba extremadamente débil y apenas resistía la vida. Todo parecía irreal, pero en medio de su confusión pudo observar detalles y comportamientos a su alrededor que le provocaban sonrisas.
Comenzó a percibir la comicidad —o la ausencia de ella— en momentos inoportunos, así como la ironía y el absurdo que plantea la naturaleza humana.
Como aquel sacerdote que se acercó a su cama para administrarle la extremaunción, solo para que una enfermera le indicara que no era la paciente adecuada.
O cuando su hermana le leía para aliviar su insomnio y terminaba dormida ella misma junto a Gaby.
"Empecé a encontrar todas estas situaciones absurdas muy divertidas. Esas pequeñas escenas aquí y allá me hacían sonreír y observar más a las personas. Creo que se volvieron el fundamento de mi trabajo", rememora.
Gaby es la mente creativa detrás de Chula, una payasa muda pero expresiva que aborda temas como el sufrimiento, el envejecimiento, la desigualdad y la imagen corporal.
"Ella representa una parte de mí, como una extensión de mi identidad", afirma.
Durante más de 15 años, Chula ha actuado internacionalmente, desde escenarios de ópera hasta campamentos de refugiados.

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Las primeras risas
Gaby descubrió el poder humorístico desde su infancia.
"Realizaba numerosas presentaciones en familia con mis primos cada Navidad", comenta. Como era la menor, le asignaban el papel de maga, considerado "el más aburrido del espectáculo", según su opinión.
En una ocasión persuadió a su hermana para realizar un acto en el que se vestían mal, se ocultaban bajo un edredón, cambiaban la ropa por prendas elegantes y emergían como si fuera magia.
Sin embargo, Gaby calculó mal el momento y el edredón cayó mientras su hermana estaba parcialmente desnuda. La familia estalló en risas.
"Todos se me acercaron para decir lo gracioso que había sido", recuerda, emocionada por la reacción.
Su padre, Jaime Muñoz, también fue fundamental en sus comienzos artísticos.
Aunque era abogado, se encontraba sin empleo y se encargaba de cuidar a sus hijas en casa. Él escribía los guiones y ellas interpretaban los personajes.
Gaby tenía dificultades para hablar desde pequeña, por lo que no pronunciaba textos, sino que se comunicaba mediante sonidos.
"A mis padres les habían recomendado terapia, pero mi padre estaba decidido a crear un universo de fantasía donde pudiera expresarme con sonidos", explica.
Estos primeros juegos y representaciones sembraron las bases para lo que después sería Chula, expresándose a través de gestos, miradas y silencio.

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Payasa "en serio"
Los años de adolescencia de Gaby resultaron complejos. Tras aquellos meses prolongados en hospital, tuvo dificultades para reintegrarse a la escuela.
Siguiendo el ejemplo de su hermana mayor, se trasladó fuera de México para continuar sus estudios. Completó la secundaria en Francia y luego cursó una licenciatura en Literatura en una universidad del Reino Unido.
"Conté con un profesor que valoraba el humor de mis escritos", comenta. Fue él quien la animó a participar en el programa de teatro universitario.
Su debut fue en una tragedia griega. Interpretaba a un pájaro y decidió hacer su propio vestuario cosiendo plumas. Sin embargo, el trabajo no fue el mejor: las plumas empezaron a caerse durante la función, lo que provocó la risa en el público.
"Fue una experiencia que me transportó a un espacio encantador nuevamente", relata.
Pronto comprendió que el teatro clásico no era su camino, pero en la última etapa del curso descubrió el arte del payaso o clown, algo que hasta entonces desconocía.
Su única imagen previa era la de payasos estereotipados: sonrisas exageradas, zapatos gigantes y voces agudas. No le resultaba muy atractivo, pero esta experiencia le abrió las puertas a su verdadera pasión.
"Los instructores nos motivaron a descubrir nuestras propias voces, nuestras voces de payaso", comenta. Cuando eligió crear un acto mudo, la reacción de sus compañeros fue sorprendente: primero rieron, luego la provocaron, pero finalmente la apoyaron para que se expresara solo con gestos.
"Me dijeron: ‘No necesitas hablar porque tus ojos expresan un gran signo de interrogación que todos comprendemos’".

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El clown le dio sentido a todo: el silencio de su infancia, su capacidad para conectar con la mirada, sus observaciones y gestos, y la absurda supervivencia tras la tragedia. Por primera vez, encontró su vocación y su grupo de pertenencia.
"Llamé a mis padres y les dije: ‘Resulta que soy una payasa’. Mi padre se alegró y me respondió: ‘¡Por fin saliste del armario!’".
Su madre también celebró, diciendo: "Me parece hermoso. Pero si vas a ser una payasa, tienes que tomártelo en serio".
Morir y vivir
Una de sus primeras experiencias profesionales fue en campos de refugiados palestinos. Llegó allí gracias a una excompañera libanesa con quien fundó una pequeña compañía en México que permanece activa en Oriente Medio.
Ese viaje marcó un antes y un después en su vida, comenta emocionada: "Me abrió el corazón y modificó mi forma de ver el mundo".
Posteriormente, trabajó con maestros de origami y músicos, buscando profundizar en la expresión física de emociones y en la transformación de conflictos mediante el movimiento.
Durante ese período empezó a desarrollar el aspecto visual de Chula con la ayuda de una amiga fotógrafa y su hermana, que se encargaba del vestuario.
Chula emergió en 2010, inspirada por una ruptura amorosa que vivió en Montreal.
Aunque reconoce que fue una experiencia dolorosa, agradece a quien la provocó: "Me proporcionó mucho material para crear mi primer espectáculo".
"Creo que hay algo profundamente esperanzador en lo que significa ser humano, y eso se conecta con el espíritu del payaso, que siempre se recupera. Es como morir y renacer en cuestión de segundos".
*Este artículo es una versión adaptada del reportaje de Clayton Conn para el programa Outlook de la BBC cuya versión original en inglés puedes escuchar aquí.

