Australia establece una innovadora técnica para transformar agua de mar en hidrógeno limpio como combustible del futuro

Australia logra convertir el agua de mar en el combustible del futuro: la nueva forma de obtener hidrógeno limpio

En la Tierra, uno de los recursos naturales más abundantes es el agua salada. Concretamente, esta cubre alrededor del 97% de la hidrosfera y el 70% de la superficie del planeta, concentrándose principalmente en océanos y mares.

Dado este contexto, un equipo de investigadores australianos de la Universidad de Sídney ha desarrollado un proyecto destacado que se presenta como una opción viable para la producción de hidrógeno limpio, considerado el combustible del futuro.

El avance, divulgado en la revista científica Nature Communications, indica que el sistema supera dos grandes obstáculos en la obtención de hidrógeno limpio: por un lado, el elevado consumo energético y además, el hecho de que pueda operar tanto con agua dulce como con agua salada amplía significativamente sus posibilidades, ya que hasta ahora requería agua purificada.

El secreto de este éxito reside en el galio, un metal con un bajo punto de fusión que le permite estar en estado líquido cerca de la temperatura ambiente. Los científicos observaron que, al entrar en contacto con el agua y ser expuesto a la luz solar, se genera una reacción química capaz de liberar hidrógeno.

Se trata de una técnica inédita que ha conseguido una vía sostenible, eficiente y ecológica para producir esta fuente energética del futuro. Un aspecto relevante del proyecto es que, además de emplear agua marina (disponible en gran cantidad), una vez liberado el hidrógeno, el residuo puede reducirse nuevamente a galio y reutilizarse en ciclos sucesivos.

«Actualmente contamos con un método para extraer hidrógeno sostenible utilizando agua de mar, que es fácilmente accesible, y basándonos únicamente en la luz para generar hidrógeno verde», comenta el autor principal de la investigación, Luis Campos.

Aunque los investigadores sólo han alcanzado una eficiencia máxima del 12,9%, una cifra alentadora en los ensayos, todavía está lejos de poder implementarse a escala real, representa un avance significativo. Este hallazgo podría situar a Australia al frente de una potencial futura economía global basada en el hidrógeno.

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