Sánchez establece un marco de diálogo estratégico con China, a diferencia de la suspensión aplicada por la UE por considerarla un rival sistémico

Ilustración: Tomás Serrano Las claves

Pedro Sánchez ha establecido con China un estatus de ‘diálogo estratégico’, configurando una relación preferente que la UE suspendió en 2021 tras considerar a Pekín un ‘rival sistémico’.

El presidente español y Xi Jinping han firmado 19 pactos, de los cuales 10 son económicos y el resto se enfocan en ciencia, innovación, cultura y biodiversidad.

España intensifica su comunicación con China en medio de tensiones entre Occidente y el coloso asiático, distanciándose del alineamiento que EU y la UE mantienen.

Sánchez defiende una política exterior independiente y propone reformar el orden internacional para hacerlo más inclusivo, ofreciendo a China cooperación en inversiones en América Latina.

Algunos de los consejeros próximos a Pedro Sánchez sostienen que «para comprender una postura política», es recomendable invertirla y «considerarla desde su contraria». En este sentido, ¿alguien se imagina al presidente español saliendo de un banquete en la Casa Blanca?

Más aún, ¿resulta concebible imaginar un escenario donde Sánchez visite cuatro años consecutivos a Donald Trump? Es prácticamente improbable, dado que esa es la duración habitual de los mandatos presidenciales en Estados Unidos…

Por eso mismo, observar al presidente del Gobierno español salir del Gran Salón del Pueblo de Pekín tras la cuarta reunión con Xi Jinping desde 2023 adquiere un significado especial.

Aún más relevante si se tiene en cuenta que hace un año arribó con una «asociación estratégica» España-China y logró elevarla a «integral».

Ahora regresa a Madrid habiendo elevado la relación a la categoría de «diálogo estratégico», que es «el mecanismo que China emplea para distinguir a los países con los que mantiene una relación más cercana y estable«.

Entre otros motivos, porque si el presidente español saliera del Despacho Oval en condiciones similares, con 19 nuevos acuerdos firmados y un estatus que en nuestro entorno solamente poseen Francia y, en menor medida, Alemania, sería un hecho muy destacado.

El mayor dictador de la Tierra

Por ejemplo, la Unión Europea firmó una «asociación estratégica integral» con estatus de «diálogo estratégico». Sin embargo, la suspendió en 2021, tras una crisis iniciada en 2019, al identificar a Pekín como un «rival sistémico» y realizar intercambios de sanciones políticas y económicas un año después.

La UE mantiene congeladas esas relaciones privilegiadas con la China de Xi Jinping.

No obstante, desde entonces España ha aumentado su interlocución en un tiempo récord, justo cuando Bruselas ha destacado más la «deslealtad» comercial del gigante asiático y ha censurado el «riesgo de interferencias» de sus empresas tecnológicas.

Tal es el caso de las empresas que Moncloa ha contratado para la seguridad del complejo presidencial o para almacenar escuchas judiciales, lo que le ha costado varias advertencias de la Comisión Europea.

Imaginando a Sánchez en Washington abriendo una rueda de prensa con un ataque claro contra Rusia y China por ser «actores significativos que socavan el orden internacional», se podría afirmar que la apuesta atlantista del Ejecutivo español «habría alcanzado su punto máximo» histórico.

Sin embargo, ocurrió exactamente lo contrario.

No fue un presidente español saliendo de la Casa Blanca tras rendir homenaje al líder de la alianza democrática occidental, sino en Pekín, acusando a EEUU e Israel y tras la revisión anual ante Xi, el mayor dictador de la Tierra.

Se trata así por el volumen de sus súbditos y por su poder político, económico y militar; un «rival sistémico» para todo Occidente, como reconocen los documentos oficiales no solo de la UE sino también de la OTAN.

Además, el presidente español afirmó que la relación bilateral había alcanzado el «mayor nivel de la historia» en cuanto al «diálogo político» entre Madrid y Pekín, estableciendo plazos: «En los últimos 53 años».

Esto, desde que se establecieron vínculos diplomáticos entre la única gran dictadura comunista que persiste en el siglo XXI y la antigua dictadura franquista.

«Ley de la selva»

Según la agenda oficial, Sánchez y Xi no solo elevaron sus vínculos, sino que también abordaron el «desequilibrio» en las relaciones comerciales.

El año pasado, el presidente español destacó la firma de acuerdos destinados a reducir la brecha entre importaciones y exportaciones, aunque no ha resultado efectivo. «Hemos vendido un 7% más» a China, se jactó Sánchez; sin embargo, las importaciones chinas continuaron creciendo a un ritmo del 11,2% anual.

Se concretaron 10 acuerdos económicos y, en el marco de una «diversificación» de relaciones, otros nueve para potenciar la cooperación en ciencia, innovación, formación universitaria, cultura y gestión de la biodiversidad.

Además, Sánchez solicitó a Xi que realice «todos los esfuerzos» para ejercer un rol «determinante» en el escenario internacional. En medio de la escalada de tensiones con Trump por la guerra en Irán y el bloqueo del Estrecho de Ormuz, Moncloa no precisó hasta qué punto se trató la agresión del «amigo eterno Vladímir Putin» contra Ucrania.

Sin embargo, fuentes chinas filtraron que Xi felicitó a Sánchez por estar «en el lado correcto de la historia», alineado con él contra una nueva «ley de la selva».

Una felicitación que, según ciertas fuentes diplomáticas, debe sumarse a las de Hamás, debido a la postura crítica de Sánchez contra Israel por Gaza, y a las de los ayatolás, por su condena a la «guerra ilegal» contra Teherán.

El otro ‘amigo americano’

Trump y Xi celebrarán en mayo la primera cumbre bilateral en este segundo mandato del estadounidense, para negociar acuerdos comerciales y posiblemente un esquema de reparto global.

«¿Alguien visualiza un actor más idóneo para discutir una solución en Ormuz?», se cuestionaba Sánchez en su rueda de prensa de este martes.

Lo expresó ocultando, intencionalmente o no, que China no participa en la guerra, sino que es afectada. Reconocerle un papel en este conflicto, de algún modo, implica tomar partido junto a Pekín.

Más aún si se afirma eso tras acusar a EEUU e Israel de «amenazar» a España únicamente por «defender la legalidad internacional», como mencionó al menos en dos ocasiones durante su discurso.

No hace mucho, Sánchez desplegaba un gesto firme de «éste es el lado correcto de la historia» al abrazar al amigo americano, recibido en Moncloa para una «renovación histórica» del tratado de amistad España-EEUU.

En aquel momento ese amigo era Joe Biden, y pertenecía al Partido Demócrata. Así, un Gobierno progresista liderado por el PSOE podía considerarlo uno de los suyos… pese a que esto molestara a Podemos, su socio en el Consejo de Ministros.

Y se permitió la instalación de dos nuevos destructores estadounidenses a esos EEUU de Biden en la base de Rota. La misma que hoy se niega a Trump, a pesar de que no exige a la UE, como sí Biden, cortar con Pekín, pues él mismo viajará allí dentro de un mes.

Aunque Biden insista en que Europa debe «desacoplarse» de la China imperialista de Xi, esa que actualmente es indispensable para el «nuevo orden mundial», cuya reforma, defendida por Pekín, Sánchez respaldó explícitamente ante la prensa.

Y es que, aunque lejos de la informalidad de un puro o de descansar con los pies sobre la mesa, la cuarta visita del español al emperador del centro del mundo representó una posición parecida a la de Aznar con Bush en 2002.

Porque también estos son «tiempos de cambio», como los denominó Sánchez, y como lo fueron a inicios del siglo XXI.

Hasta 2022, Sánchez operaba como un atlántico conforme a las demandas de Biden. Pero en esta legislatura, la política exterior española se precia de «autonomía» y de todo menos «seguimiento» servil, ni de socios ni de aliados.

José Manuel Albares lidera esa «voz propia» que pone a España a favor de cambiar el sistema multilateral de Naciones Unidas para «escuchar al Sur Global».

«Algunos niegan la realidad, otros la lamentan», dijo el presidente español. «Pero el Gobierno de España prefiere esforzarse por reformar el orden internacional para hacerlo más inclusivo, representativo y, por ende, más democrático»… aunque en ese «Sur Global» haya pocas democracias.

Moncloa sostiene que los «retos globales» como «el cambio climático», las «pandemias» y la «transición digital» no podrán ser superados sin una acción conjunta.

Por ello, España actúa como abogado europeo de países que buscan reconocimiento de su peso, como Sudáfrica, Brasil o India. E incluso ofrece «alianzas empresariales» entre España y China para invertir juntos en Latinoamérica.

Todos ellos forman parte de los BRICS junto a China… y Rusia. Por eso, no fue una broma ni un error la declaración de Trump, en la misma tarde de su toma de posesión, cuando situó a la España de Sánchez «como uno de los BRICS». Incluso Carles Puigdemont ha manifestado confusión.

Scroll al inicio