El futbolista de Osasuna compartió una curiosidad que vivió al firmar con el Levante UD, en su camino hacia el sueño de convertirse en profesional del fútbol.
Más información: Iago Aspas (38), futbolista: «Podría haber invertido en negocios como la hostelería, inmobiliaria y gasolineras»
Rubén García no es una figura que protagonice portadas, pero sí acumula relatos que se cuentan durante los encuentros. El extremo de Osasuna ha desarrollado su carrera gracias a un trabajo constante y discreto.
No obstante, uno de los episodios más significativos de su vida tuvo lugar fuera del terreno de juego, en una oficina del Levante UD, cuando el club asumió un gasto aparentemente pequeño: el coste de su carné de conducir.
«Con el Levante me ocurrió una anécdota. Recuerdo que en una de las primeras ocasiones que fui a firmar el contrato, mis padres tuvieron que acompañarme. Tenía 18 años y, de alguna manera, el presidente del Levante que firmó conmigo me preguntó si no podía llegar en coche propio», rememora García.
Rubén García, durante un partido de Osasuna AFP7 / Europa Press
Esa pregunta, trivial para muchos, abrió la puerta a una realidad que condicionó su percepción de la vida como futbolista profesional. Sus padres, con recursos limitados, no podían costear un trámite tan básico como obtener el carné de conducir, una dificultad económica que pocos esperan en la juventud.
«Me miré con mis padres, ellos hicieron lo mismo conmigo. No estaban en condiciones de pagarme el carné. El presidente preguntó si no podíamos correr con ese gasto», relató García.
Continuó describiendo el momento: «El presidente comentó: ‘No te preocupes, pásanos lo que haga falta y nosotros pagaremos el carné de conducir‘», contó.
Un gesto inolvidable
Este detalle, aunque pequeño, refleja una entidad que optó por afrontar un gasto que no figuraba en el contrato: ayudar a un joven que ingresaba en el fútbol profesional, pero que aún enfrentaba las limitaciones económicas de una familia modesta.
«Ellos pagaron mis clases prácticas, se encargaron del carné. Incluso, claro, si suspendes debemos hacer más prácticas y abonar el coste adicional. Lo guardo como algo especial y siempre estaré agradecido porque, sinceramente, podía haber tenido que ingeniármelas para reunir esos unos 1.200€», confesó.
Este acto contradice la idea de que la transferencia de un joven futbolista termina con la firma, la cláusula y el sueldo. En esta situación, el Levante cubrió un gasto que, de otro modo, podría haber exigido a Rubén García buscar otras fuentes de ayuda o aumentar la carga económica familiar.
El ascenso a Primera División
Desde ese momento, Rubén García no dejó de progresar. Fue ganando presencia en las categorías inferiores del Levante UD y en 2017 fue cedido al Real Sporting. Posteriormente, un préstamo a Osasuna representó el salto decisivo, y el club navarro optó por comprar su pase en 2019.
El contexto de esa anécdota se ajusta con la imagen que proyecta el jugador: un futbolista que irrumpió sin estridencias ni grandes flashes mediáticos. Su primer salario profesional, aunque no se divulgan las cifras, se comprende en un entorno donde algo tan habitual como conducir se convirtió en un privilegio.
En un escenario saturado de relatos de lujo y excesos, la vivencia de Rubén García destaca por un pequeño acto que permanece como una señal de humanidad.

