
En apenas unos años, las urbes se han llenado de patinetes eléctricos. Este crecimiento es comprensible, dado que son vehículos prácticos al ser eléctricos, silenciosos, asequibles y fáciles de almacenar sin ocupar mucho espacio en viviendas, oficinas o cualquier lugar donde se utilicen.
El éxito de estos vehículos ha sido tan notable que las autoridades se han visto en la necesidad de regular su circulación. Últimamente se ha impuesto la obligación de registrarlos en la DGT y contar con un seguro obligatorio similar al de otros vehículos.
Estos patinetes están legalmente limitados para no superar los 25 km/h, aunque para muchos usuarios que los utilizan diariamente esto resulta insuficiente, sobre todo en zonas con pendientes pronunciadas, lo que les lleva a recurrir a métodos ilegales para modificar el límite de velocidad.
La alteración de patinetes se ha convertido en una práctica frecuente, pues en muchos casos con solo reiniciar el sistema es posible alcanzar velocidades sorprendentes. Aunque para el conductor esto supone llegar más rápido, al mismo tiempo resulta muy arriesgado debido al tamaño compacto de estos vehículos y la ausencia total de medidas de protección, ya que en numerosas comunidades ni siquiera es obligatorio el casco.
Un caso ilustrativo, aunque no en España sino en Zurich (Suiza), es la detención de una persona a quien las autoridades confiscaron un patinete eléctrico al constatar que alcanzaba velocidades de hasta 110 kilómetros por hora. En el vídeo se observa cómo la velocidad pasa de 44 km/h a 61 km/h y finalmente alcanza la impresionante cifra de 110 km/h.
A video from the Zurich city police shows a confiscated e-scooter being tested.
An officer accelerates:
first 44 km/h (27 mph), then 61 km/h (38 mph).
Eventually it reaches a top speed of 110 km/h (68 mph).
So much for the idea of a ‘harmless city vehicle.’ pic.twitter.com/YG88DvPLnH
— Russian Market (@runews) April 14, 2026
Para realizar la medición, las autoridades utilizaron un dinamómetro que permite emitir certificados e informes técnicos, cumpliendo así con su función principal: determinar con precisión la velocidad máxima de un patinete. Este dispositivo para «cazar patinetes» también se emplea en España, donde las autoridades pueden imponer sanciones de hasta 500 euros por detectar modificaciones en la velocidad.

