Pedro Sánchez mantiene un encuentro con Xi Jinping en Pekín en un momento de tensión global debido al bloqueo impuesto por EE.UU. a buques iraníes en el estrecho de Ormuz.
Sánchez propone que Occidente ceda parte de su influencia en organismos internacionales para favorecer la estabilidad mundial y promover la multipolaridad.
La reunión se produce en medio de un clima tenso entre España y EE.UU., luego de críticas de Donald Trump y amenazas de represalias comerciales.
En la agenda internacional del Gobierno español destacan los asuntos de Ucrania, Gaza e Irán, al tiempo que se busca fortalecer las relaciones económicas con China.
A las 11 de la mañana, hora local —las 05:00 en la Península ibérica— está previsto que Pedro Sánchez vuelva a subir los escalones del Gran Palacio del Pueblo, situado en la plaza de Tiananmén, para entrevistarse con Xi Jinping.
No estará acompañado solo: le acompañará el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares. Tras el encuentro, está programado un banquete oficial ofrecido por Xi Jinping para Sánchez y su esposa, Begoña Gómez, quien participa por primera vez en esta gira.
Se trata de la cuarta ocasión en que Sánchez se reúne con el presidente chino, aunque nunca con un contexto tan tenso como el actual.
Por un lado, este encuentro sucede apenas horas después de que el presidente estadounidense anunciara un bloqueo a los barcos iraníes en el estrecho de Ormuz y amenazara con aplicar «el mismo método de eliminación» que utiliza contra «los narcotraficantes en alta mar».
La decisión de Washington de presionar a Irán en Pakistán busca también un desafío hacia China, a la que intenta convencer para que influya sobre Teherán, dado que Pekín recibe el 40% de su petróleo a través de ese paso marítimo.
Por otro lado, la reunión entre Xi y Sánchez se produce en un clima de tensión entre Moncloa y la Casa Blanca, con críticas mutuas y un Donald Trump que ha acusado a España de «no jugar en equipo», lo que ha derivado en una amenaza de sanciones comerciales.
El nuevo bloqueo en Ormuz estará presente en la agenda de Sánchez, quien es el primer líder europeo recibido en Pekín tras el cambio de rumbo de Trump y en medio de un aumento de tensiones entre Moncloa y Washington.
Esto no solo debido a las demandas de Trump para que Sánchez incremente la inversión en defensa, sino también por su postura contraria a la guerra en Irán y sus críticas hacia Israel, las cuales han sido bien recibidas por Pekín y medios afines, calificándolo como el líder europeo que dice “no a Estados Unidos” pero enfatiza “estoy con China”.
Cabe destacar que es la cuarta visita de Sánchez al Gran Palacio del Pueblo en Pekín, aunque solo ha estado una vez, en 2023, en el Despacho Oval para una reunión bilateral con Joe Biden.
Los casi ocho años en el poder de Sánchez y su única visita a Washington contrastan con las seis visitas que realizó José María Aznar durante sus ocho años en el cargo. Por su parte, José Luis Rodríguez Zapatero visitó una vez a Barack Obama, y Mariano Rajoy dos veces, una con Obama y otra con Trump.
Ninguno de sus predecesores viajó tantas veces al palacio de Xi Jinping. La gira de Sánchez no solo apunta a una alternativa política a Washington, sino también busca atraer inversores asiáticos, especialmente del sector tecnológico, mientras critica a los homólogos estadounidenses como «tecnoligarcas», mencionando a Elon Musk.
‘Menos Occidente’
Desde Moncloa ya adelantaban antes de partir que sus prioridades en este encuentro serían la agenda internacional con tres enfoques: Ucrania, considerada «prioridad absoluta», seguida por Gaza e Irán.
Fuentes del Ejecutivo reconocen que viajan para ser escuchados y también para escuchar a un país que, según admiten, no ha tenido un papel muy activo en la crisis de Oriente Medio.
El Gobierno español acepta que no coinciden en todos los puntos con Pekín, pero asegura que ambos gobiernos mantienen cierta sintonía, pues Pekín “ha manifestado su rechazo a las violaciones del derecho internacional”.
La semana pasada, China vetó una resolución de la ONU que instaba a Irán a abrir el estrecho de Ormuz. Fue previo a la tregua pactada entre Teherán y Washington con mediación de Pakistán, pero en Moncloa atribuyen el veto chino a su desacuerdo con el lenguaje utilizado en el texto.
Precisamente este lunes, durante el inicio de su gira, Sánchez pronunció un discurso en la Universidad de Tsinghua donde resaltó la importancia del papel de las nuevas potencias globales.
El jefe del Ejecutivo afirmó que «el Gobierno de España y la sociedad española en su conjunto» optan por «asumir la nueva realidad» de una «multipolaridad» en la que China desempeña un papel destacado.
Según Sánchez, la posición española se basa en «realismo, pragmatismo y responsabilidad». Incluso sugirió que «Occidente debería ceder una parte de sus cuotas de representación» en las instituciones internacionales «para favorecer la estabilidad mundial y la confianza de los países del Sur».
No ofreció detalles adicionales, pero recordó que en el Consejo de Seguridad de la ONU China ocupa un asiento junto a Rusia, Estados Unidos, Reino Unido y Francia.
La reunión con Xi Jinping no será la única de la jornada. Por la tarde, Sánchez se encontrará con el primer ministro Li Qiang para un diálogo bilateral y la firma de varios acuerdos.
El día concluirá con otro banquete en el Gran Palacio del Pueblo, esta vez en compañía del jefe del Ejecutivo chino.
La gran incógnita es cómo se abordará la cuestión de los derechos humanos dentro del régimen chino.
Desde Moncloa desconocen el formato del tema, aunque aseguran que en visitas anteriores se ha tratado. En esta ocasión, reconocen que el enfoque estará en el derecho internacional humanitario.
Mientras tanto, la represión contra los uigures en Xinjiang y en el Tíbet deberá esperar.

