El aumento de la guerra masiva con drones como desafío de seguridad en Europa

A drone in the war between Russia and Ukraine

Francia ha anunciado recientemente una inversión de 8.500 millones de euros para aumentar las reservas de drones y misiles en un 400 % antes de 2030. Esta iniciativa se suma a la decisión de Alemania de invertir 10.000 millones de euros en drones militares y a la reciente iniciativa polaca de “revolución de drones”.

Los conflictos modernos utilizan drones a un ritmo mucho mayor que la munición convencional. Ucrania emplea alrededor de 9.000 drones diarios, es decir, aproximadamente 270.000 unidades al mes. Se estima que Irán puede fabricar aproximadamente 400 drones Shahed diariamente, alcanzando una capacidad mensual máxima de hasta 12.000 unidades.

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Esta tasa de consumo impulsiva está llevando a la UE a producir drones a nivel industrial masivo, ya que las reservas existentes y la fabricación manual no logran igualar las pérdidas en el campo de batalla.

La incapacidad del bloque para aumentar la producción genera una dependencia estratégica de proveedores externos como Estados Unidos o China, lo que expone sus fronteras a una guerra “barata” y desechable que el ritmo industrial actual no puede sostener.

Para hacer frente a esta vulnerabilidad, la UE ha lanzado la Iniciativa Europea de Defensa contra Drones 2026 (EDDI), cuyo objetivo es construir un sistema multi-capa e interoperable de defensa contra drones con cobertura de 360 grados para 2027.

Como complemento a la EDDI, está la Alianza de Drones con Ucrania, que aprovecha la experiencia adquirida en el campo de batalla para cofabricar millones de vehículos aéreos no tripulados (UAVs).

Importancia estratégica máxima

Los drones pasaron de ser herramientas especializadas a instrumentos bélicos esenciales debido a tres factores: bajo costo, vigilancia constante y capacidad de ataque preciso.

Durante la invasión rusa a Ucrania, ambos bandos emplean drones para reconocimiento y localización de objetivos. Los cuadricópteros comerciales, que cuestan unas pocas centenas de euros, detectan posiciones enemigas y orientan la artillería en tiempo real. Esto reduce el tiempo entre la detección y la destrucción de horas a minutos. Sistemas más grandes, como el Bayraktar TB2 de Turquía, se usaron para eliminar convoyes de suministro y sistemas antiaéreos al inicio del conflicto, estableciendo un nuevo estándar internacional de guerra.

“Los drones evolucionan tecnológicamente cada tres a seis meses, por lo que resulta complejo comprar millones que estén obsoletos en un año”, señaló Nikolaus Lang, líder global en el BCG Henderson Institute.

Producir drones es barato, pero defenderse de ellos no lo es. En guerras tradicionales, eliminar un objetivo requería aviones o misiles costosos, hasta que Ucrania demostró que hoy un dron “kamikaze” económico puede destruir equipos valorados en millones.

Rusia empleó numerosos drones Shahed iraníes, cada uno poco costoso, para atacar infraestructuras ucranianas. Pero la defensa contra estos exige misiles caros o cazas, generando un desequilibrio estratégico donde quien se defiende invierte mucho más que el atacante.

“Europa necesita soluciones más económicas y rápidas”, indicó Jamie Shea, exfuncionario de la OTAN, Senior Fellow en Friends of Europe y asesor sénior en el European Policy Centre en Bruselas. “La UE utiliza medios muy caros para neutralizar drones. Se ha visto en Irán, donde misiles de 3 millones de dólares derriban drones que cuestan unos pocos miles”, agregó.

Inversión europea en drones en la última década

Los analistas militares del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales califican a los drones como una de las transformaciones económicas más disruptivas en la guerra de las últimas décadas.

Los drones también democratizan el poder aéreo. En conflictos anteriores, solo naciones avanzadas dominaban el aire, pero esto cambió durante la guerra de Nagorno-Karabaj, donde Azerbaiyán empleó drones para destruir sistemáticamente tanques y artillería armenia.

En la Franja de Gaza, tanto fuerzas estatales como actores no estatales usan drones comerciales modificados para vigilancia y ataques. Actualmente, incluso grupos pequeños o con pocos recursos pueden realizar operaciones aéreas, reduciendo la barrera para la fuerza militar efectiva.

Europa se queda atrás

La urgencia para Europa surge por amenazas externas y debilidades internas. Entre 2024 y 2025, los incidentes con drones cerca de infraestructuras críticas se cuadruplicaron. En septiembre, Copenhague y Oslo cerraron aeropuertos tras la presencia de “varios drones grandes”, causando 109 cancelaciones y 51 desviaciones. Un mes después, el aeropuerto de Múnich cerró dos veces en 24 horas por el mismo motivo.

La preocupación estratégica radica en que la UE no está preparada para un escenario saturado de drones en el campo de batalla o en la seguridad. Los incidentes recientes provocaron respuestas costosas: por ejemplo, en septiembre de 2025, cerca de 20 drones rusos ingresaron al espacio aéreo polaco, por lo que la OTAN desplegó cazas F-35 para neutralizar la amenaza, con un costo mínimo de 1,2 millones de euros.

Para evitar estas situaciones, Shea indicó que la UE debe avanzar en tecnologías avanzadas de sensores, incluyendo aperturas de 360 grados para derribar drones hostiles.

Acelerando la producción

La UE cubre menos del 30 % de sus necesidades de drones militares. En contraste, China y Ucrania fabrican millones de unidades anualmente, y EE. UU. está aumentando su producción a cientos de miles.

Ante esta realidad, la Comisión ha iniciado un impulso industrial para reestructurar desde el diseño hasta la producción y despliegue de drones. La meta es la escala: ciclos de producción más rápidos, volúmenes mayores y costos menores, ya que la guerra moderna con drones depende menos de la sofisticación y más de la producción masiva y adaptable.

La adquisición tradicional europea es lenta y prolongada, a veces tomando años desde la idea hasta el despliegue. Este enfoque apunta a acortar tiempos con diseños modulares, pruebas aceleradas y actualizaciones continuas, facilitando la adaptación rápida de drones. La Comisión lanzó así AGILE (financiación rápida), el Esquema de Innovación en Defensa de la UE y BraveTech EU.

Distribución estimada del porcentaje de inversiones europeas en drones

La producción a bajo costo es otro pilar, con programas que buscan asequibilidad, escalabilidad y manufactura de doble uso. La UE involucra industrias civiles (como la automotriz y electrónica) y pymes, que son más ágiles que grandes contratistas y adecuadas para la innovación y prototipado rápido. Se prevén herramientas de financiación para apoyar estas iniciativas en todos los estados miembros.

Europa ha incrementado significativamente sus inversiones en I+D en defensa, aunque aún es insuficiente, destaca Lang. Señaló que “EE. UU. invirtió más de 900.000 millones de dólares, mientras Europa sólo 450.000 millones en total”.

La UE también depende de la Alianza de Drones con Ucrania, una colaboración militar multinacional de 2024 creada para garantizar el suministro constante de UAV a Ucrania según los requerimientos del frente.

Gracias a esta alianza, se estableció una red de fábricas en suelo europeo para drones diseñados en Ucrania. Así, empresas europeas pueden eludir la burocracia tradicional y probar nuevos prototipos en el frente en semanas, en lugar de años.

La alianza se financia con miles de millones provenientes de activos rusos congelados, destinados a ampliar la producción de sistemas autónomos de bajo coste. Esta cooperación proyecta entregar más de dos millones de drones cada año hacia 2030.

Estos programas deben disminuir la dependencia de proveedores no europeos, además de fortalecer cadenas de suministro para componentes críticos de drones (como semiconductores, sensores y sistemas de comunicación) dentro de la UE y con socios confiables.

Una herramienta clave es la etiqueta prevista “drone confiable de la UE”, que certificará sistemas que cumplan estándares de seguridad y fiabilidad. Está diseñada para orientar decisiones de compra, fomentar el uso de tecnologías europeas y, en última instancia, crear un ecosistema de drones más autónomo y robusto.

La política de la UE frente a los drones militares

La violación repetida del espacio aéreo de la OTAN por parte de Rusia (37 veces desde 2022) y la guerra en Irán impulsaron a la UE a redefinir su estrategia de defensa, pasando de una regulación civil de drones a medidas de seguridad y financiamiento.

El Plan de Acción 2026 de la Comisión sobre Seguridad en Drones y Contra Drones aborda el uso de estos en conflictos dirigidos contra infraestructuras críticas, fronteras y espacio aéreo. Busca potenciar la detección en tiempo real y crear una defensa unificada frente a operaciones maliciosas.

Además, promueve la cooperación industrial y los mercados de drones entre Estados miembros para reducir la dependencia de proveedores ajenos a la UE. Invertir en pequeñas empresas donde reside la innovación es fundamental. “Europa necesita aumentar el riesgo, expandir nuestro mercado de capital de riesgo y simplificar barreras regulatorias en adquisiciones”, sostuvo Shea.

El plan prioriza cuatro áreas: fortalecer la resiliencia mediante la industrialización, mejorar la detección de amenazas con vigilancia más efectiva, responder y defender con una estrategia coordinada, y reforzar la preparación militar de la UE.

Producción anual estimada de drones (UE frente a Rusia)

La detección y seguimiento de amenazas requiere infraestructura tecnológica avanzada con IA. La Comisión prevé acelerar el desarrollo tecnológico usando redes 5G para mejorar la detección en tiempo real.

El plan es sólido porque “identifica el problema y moviliza recursos”, señaló Shea. Pero la UE debe aprender de la estrategia de drones de Ucrania: “Ucrania realiza el 50 % del trabajo por nosotros. Está desarrollando la inteligencia y dispuesta a compartir datos sensibles. También muestra cómo integrar IA en la tecnología contra drones”.

La EDDI es clave en este plan, actuando como un escudo para el espacio aéreo europeo. Su sistema interoperable y multicapa detecta, rastrea y defiende a la UE de amenazas híbridas y incursiones de drones.

Basada en tecnologías de detección y contramedidas impulsadas por IA, la EDDI apoya la Vigilancia del Flanco Oriental, parte de la Hoja de Ruta de Preparación de Defensa 2030 de la Comisión. Es una iniciativa conjunta UE-OTAN que protege la frontera con Rusia y Bielorrusia con tecnologías especializadas contra drones, reforzando defensa aérea, vigilancia y respuesta rápida, y mejorando la cooperación con operaciones OTAN como Eastern Sentry y Baltic Air Policing.

Seguridad y defensa siguen siendo nacionales

Aunque la UE avanza hacia equipos bélicos escalables, conectados, impulsados por IA y producidos en masa, la defensa y seguridad permanecen en manos nacionales, con prioridades y presupuestos propios. Prácticas fragmentadas en adquisiciones, protección de infraestructuras críticas y normativas diversas sobre sistemas drone y contra drones dificultan la nueva estrategia europea.

Shea advirtió que Europa debe establecer un marco legal común para que todos los Estados miembros desarrollen y prueben tecnologías de drones de forma equitativa.

“Los Estados europeos necesitan monitorear siempre el mismo espacio aéreo, de modo que alguien en Francia vea la misma imagen aérea que alguien en Polonia o Estonia”, enfatizó.

Otra dificultad es la inversión desigual en innovación de drones entre países. “Algunos, como Dinamarca o Alemania, han sido más proactivos, incluso formando empresas conjuntas con fabricantes ucranianos”, apuntó Shea.

Asimismo, el 80 % de las adquisiciones en la UE se realizan a nivel nacional. “Se requieren muchas más iniciativas como estas para superar la fragmentación en las compras de defensa”, advirtió Lang.

Para Shea, la UE también debe eliminar trabas burocráticas que dificultan el intercambio de información sensible, como inteligencia sobre amenazas drone y vigilancia del espacio aéreo, entre países miembros.

“Los drones son cada vez más rápidos y compartir información es esencial, pero la UE debe garantizar protocolos de seguridad que fomenten el intercambio de datos entre países”.

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