Gran parte del queroseno que consume Europa procede del exterior, lo que expone más al continente ante crisis geopolíticas como la actual

El tráfico por el estrecho de Ormuz permanece detenido. Este domingo, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció que la marina estadounidense impedirá “cualquier embarcación que intente entrar o salir del estrecho” tras no conseguir un acuerdo claro con Irán. Esta vía es crucial, ya que por ella circula cerca del 20% del petróleo mundial. Y, con las vacaciones de verano acercándose, la principal preocupación es la escasez de queroseno, el combustible utilizado por los aviones.
Así lo advirtió recientemente ACI Europe, la organización que representa a los aeropuertos europeos en la red global. En una carta dirigida a la Comisión Europea, expresó que “si el tránsito por el Estrecho de Ormuz no se restablece de forma estable durante las próximas tres semanas, podría materializarse una escasez sistémica de combustible de aviación en la UE”. Este combustible es uno de los recursos más críticos para el transporte aéreo. Como explica ACI en su comunicación con Bruselas, a diferencia de otros sectores energéticos, los aeropuertos no cuentan con reservas almacenadas, sino que dependen de un abastecimiento constante.
Esta dependencia es aún mayor en Europa, donde, según indicó la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA), una parte significativa del combustible consumido proviene del exterior, lo cual expone a la región a crisis geopolíticas como la actual. Este escenario no implica que los aviones dejarán de operar de manera inmediata, sino que anticipa una cadena de efectos progresivos que ya comienzan a manifestarse.
Cancelaciones y ajustes en rutas y frecuencias
Sin embargo, pese al contexto internacional, en este momento España no enfrenta problemas de suministro. Desde el gestor aeroportuario Aena han asegurado que la red de aeropuertos funciona con normalidad y que las reservas se mantienen en niveles habituales. La Asociación de Líneas Aéreas (ALA) también ha manifestado que las aerolíneas disponen de aprovisionamientos asegurados con anticipación suficiente para garantizar la operativa durante este trimestre y la temporada estival. No obstante, han indicado que, en caso de que el conflicto continúe, podría afectar a los vuelos del próximo invierno.
El ministro de Economía destaca que España parte de una situación «estructuralmente más fuerte» para enfrentar este tipo de impactos.
Aunque aún no se ha producido una escasez generalizada, el sector ya responde al encarecimiento del combustible. Desde que comenzó la guerra, el precio del queroseno se ha incrementado, llegando a subir hasta un 95%. Este aumento repercute directamente en algunas aerolíneas, que han empezado a ajustar su operativa. Un ejemplo es Volotea, que ha cancelado rutas en Francia, Italia y España debido al aumento del combustible.
Por otro lado, la aerolínea escandinava SAS comunicó en marzo la cancelación de unos 1.000 vuelos previstos para abril: “En vista de la situación actual en Oriente Medio, incluyendo el fuerte y repentino aumento en los precios globales del combustible, estamos tomando medidas para fortalecer nuestra capacidad de respuesta”, señaló la compañía en un comunicado dirigido a la Agencia France-Presse. Otras aerolíneas que han suspendido vuelos son Wizz Air y EasyJet, que anticipan una reducción aproximada del 5% en su capacidad operativa durante mayo y junio.
Además, hace unas semanas, el consejero delegado de Ryanair, Michael O’Leary, declaró en la cadena británica Sky News que, si bien no planea cancelar vuelos, de persistir la guerra y presentarse escasez de combustible, la compañía se vería forzada a incrementar los precios de sus billetes.

Qué pasaría si la situación empeora
Las advertencias de organismos como ACI Europe y la IATA señalan que el peligro no es un desabastecimiento total inmediato, sino una disminución gradual de la disponibilidad que obligaría a priorizar el uso del combustible. Sin embargo, en el caso de que el suministro se deteriore, el impacto no sería instantáneo ni implicaría un colapso directo, sino que tendría un carácter más escalonado. Según datos del sector y las advertencias enviadas a la Comisión Europea, en una primera etapa, el efecto principal sería de índole económica: billetes más caros y menos promociones, dado que el combustible representa hasta un 25% de los costos operativos de una aerolínea.
A medida que la situación se agrave, ocurrirán cancelaciones selectivas. Las rutas menos rentables o con alternativas de transporte, como trayectos cortos dentro de Europa, serían las primeras en ser suprimidas. También los vuelos más largos, que consumen mayor cantidad de combustible, se verían especialmente afectados. En un escenario más severo, podría implementarse un racionamiento del combustible. En ese punto, se empezaría a priorizar determinados vuelos, como los de carga esencial o servicios críticos, reduciendo así la oferta para pasajeros.

