
Fuente de la imagen, NASA via Getty Images
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- Autor, Pallab Ghosh
- Título del autor, Corresponsal de Ciencia de la BBC
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- Tiempo de lectura: 8 min
La misión Artemis II de la NASA ha conseguido enviar a cuatro astronautas para que circunnaveguen la cara oculta de la Luna y regresaran a la Tierra seguros.
La nave Orión operó sin contratiempos y las fotografías tomadas por los astronautas han despertado el interés de una nueva generación respecto a las oportunidades de la exploración espacial.
Pero, ¿significa eso que los niños cautivados por esta misión podrán vivir y desempeñarse laboralmente en la Luna durante sus vidas? ¿O quizás incluso viajar a Marte, tal como promete el programa Artemis?
Aunque pueda parecer una afirmación contundente, orbitar la Luna fue relativamente sencillo. Lo complejo aún está por venir, por lo que la respuesta es “tal vez sí, tal vez no”.

Fuente de la imagen, NASA
Cuando Neil Armstrong y Buzz Aldrin hicieron historia al ser los primeros humanos en pisar la Luna en julio de 1969, muchos imaginaron que aquello era solo el comienzo y que pronto habría personas viviendo y trabajando en el espacio.
Sin embargo, esto no ocurrió porque el programa Apolo no fue impulsado por un amor a la exploración, sino por la Guerra Fría, con el objetivo de demostrar la supremacía de Estados Unidos frente a la Unión Soviética. La hazaña quedó sellada con el “pequeño paso” de Armstrong al salir de su módulo lunar: misión cumplida.
Solo unos años después de que ondeara la bandera estadounidense en la Luna, la audiencia televisiva de las misiones posteriores se desplomó y los proyectos futuros de Apolo se cancelaron.
En esta ocasión, el propósito declarado de la NASA es distinto. El administrador Jared Isaacman ha presentado planes para efectuar un alunizaje tripulado anual desde 2028, y la quinta misión Artemis (prevista para finales de ese año) será el inicio de lo que la agencia define como su estación lunar.

Fuente de la imagen, ESA/P. Carril
Aunque parezca ciencia ficción, expertos del sector espacial con datos científicos afirman: “El desarrollo de una economía lunar es algo que ocurrirá”, comenta Josef Aschbacher, director general de la Agencia Espacial Europea (ESA).
“Requerirá tiempo para poner en marcha los distintos componentes, pero se logrará”.
No obstante, como dijo el comandante del Apolo 13 tras la avería de su nave hacia la Luna: “Houston, tenemos un problema…”.
El desafío del módulo de aterrizaje
Para llevar a los astronautas a la superficie lunar, la NASA precisa un módulo de aterrizaje.
La agencia espacial estadounidense ha contratado a dos firmas privadas para su construcción: SpaceX, de Elon Musk, cuyo módulo lunar Starship medirá 35 metros de alto, y Blue Origin, de Jeff Bezos, con su nave Blue Moon Mark 2, más compacta pero igualmente ambiciosa.
Ambas presentan retrasos significativos.
El informe del 10 de marzo de la Oficina del Inspector General de la NASA expone la situación con claridad.
El Starship lunar de SpaceX acumula al menos dos años de retraso respecto a la fecha prevista inicialmente, y se esperan más demoras. El Blue Moon de Blue Origin está atrasado al menos ocho meses y casi la mitad de los problemas identificados en una revisión de diseño de 2024 permanecen sin resolver tras más de un año.
Estos vehículos de aterrizaje difieren mucho del pequeño módulo Eagle que Armstrong y Aldrin usaron en 1969, el cual solo podía transportar a dos hombres para recoger muestras y regresar.
Los nuevos módulos deben trasladar una gran cantidad de infraestructura: equipos, rovers presurizados y los primeros elementos para una base lunar. Transportar esta masa implica enormes cantidades de propelente, mucho más allá de lo que puede lanzar un solo cohete.

Fuente de la imagen, SpaceX

Fuente de la imagen, Blue Origin
El proyecto Artemis plantea almacenar todo este combustible en un depósito en órbita terrestre, que será abastecido con más de diez vuelos independientes de reabastecimiento, lanzados periódicamente durante varios meses.
Aunque el plan es ingenioso, representa un desafío enorme.
Mantener en condiciones estables tanto el oxígeno líquido como el metano a temperaturas extremadamente bajas en el vacío espacial, y luego transferirlos entre naves, es uno de los retos de ingeniera más complejos del programa.
“Desde la perspectiva física, tiene sentido”, comenta el Dr. Simeon Barber, científico espacial de la Open University. No obstante, recuerda que el lanzamiento de Artemis II sufrió dos retrasos este año debido a problemas con el repostaje antes de despegar finalmente.
“Si resulta complicado llevar a cabo esta tarea en la plataforma de lanzamiento, será mucho más complicado realizarla en órbita”, añade.
La siguiente misión Artemis —Artemis III— está diseñada para evaluar el acoplamiento de la cápsula de tripulación Orión en órbita terrestre con uno o ambos módulos de aterrizaje. Se espera para mediados de 2027.
Considerando que Starship aún no ha completado con éxito un vuelo orbital, y el cohete New Glenn de Blue Origin solo ha realizado dos lanzamientos, este objetivo parece, en palabras de Barber, «una tarea extremadamente difícil».
La renovada carrera espacial
La NASA mantiene su objetivo para 2028 como fecha del primer alunizaje de la misión Artemis, motivado en parte por razones políticas: coincide con la política espacial renovada del presidente Trump, que contempla el regreso de estadounidenses a la superficie lunar en ese año, dentro de su mandato.
Expertos independientes dudan de la viabilidad de este plazo. A pesar de ello, el Congreso ha aprobado miles de millones en fondos públicos, en parte debido a la competencia emergente.

Fuente de la imagen, VCG / China Manned Space Agency
El auge de China en este siglo como potencia económica y militar se ha acompañado de un avance acelerado en sus capacidades espaciales, con el objetivo de llevar un astronauta a la Luna alrededor del año 2030.
Si los plazos de Artemis se retrasan, como opinan varios expertos, China podría convertirse en la primera nación en llegar a la Luna. Su estrategia es más simple, utilizando dos cohetes, un módulo tripulado y otro de aterrizaje independientes, evitando la complejidad del reabastecimiento orbital estadounidense.
Marte, el sueño lejano
Más allá de la Luna está Marte.
Elon Musk ha manifestado su intención de llevar humanos al Planeta Rojo antes de que esta década termine.
Sin embargo, muchos expertos consideran más realista que esto suceda no antes de la década de 2040.
El trayecto en sí —que dura de siete a nueve meses atravesando radiación intensa y sin posibilidad de rescate— representa desafíos mucho mayores que cualquier dificultad enfrentada para llegar a la Luna.
La atmósfera tenue de Marte complica enormemente el aterrizaje y despegue de una nave tripulada de tamaño completo.

Fuente de la imagen, NASA
Artemis II ha vuelto a situar a los vuelos espaciales tripulados en el centro de la atención pública. Empresas privadas están apresurando la construcción de cohetes y módulos de aterrizaje. Mientras tanto, Europa debate el grado en que debe participar.
Al transitar el Centro Espacial Kennedy tras el lanzamiento de Artemis, llaman la atención las nuevas instalaciones de Blue Origin y las que SpaceX está desarrollando: estructuras del sector privado muy próximas a una agencia gubernamental que en su momento envió astronautas a la Luna.
Aunque los cronogramas sufran retrasos, esta colaboración emergente parece mostrar que algo especial ocurre en la costa de Florida, y que la NASA ha recuperado parte de su antiguo prestigio.
El astronauta de la ESA Alexander Gerst comentó una vez a Aschbacher, tras regresar de la Estación Espacial Internacional, que la vista desde el espacio transforma todo.
Gerst expresó su deseo de que los ocho mil millones de habitantes de la Tierra pudieran viajar aunque sea una sola vez al espacio y observar lo que él vio: un planeta pequeño, frágil y bello, insuficientemente cuidado por la especie que habita en él.
“Eso”, afirma Aschbacher, “generaría una vida muy distinta en nuestro planeta Tierra”.

