La localidad medieval conocida como la ‘pequeña Suiza’ catalana, cuna de las galletas más antiguas de España, en primavera

Ubicado en el corazón del Pirineo de Girona, este lugar se destaca por su paisaje montañoso, su herencia medieval y una tradición que ha perdurado por siglos

Foto: El emblemático puente de piedra sobre el encuentro de los ríos Ter y Ritort marca la entrada a este pintoresco municipio catalán. (Hotel Cims)
  • El destino vinícola ideal de España para la primavera: un pueblo catalán con un castillo del siglo X y un mirador con vistas panorámicas
  • Entre dos ríos y en pleno Pirineo catalán: el pueblo medieval español que alberga joyas románicas y góticas, perfecto para una escapada en abril

Camprodón, el pueblo medieval de Girona conocido como la «pequeña Suiza catalana», resurge cada primavera como una escapada atractiva por su legado histórico y por ser el origen de las galletas más antiguas de España, una costumbre que continúa vigente tras más de un siglo.

Existen destinos que no requieren de grandes campañas para conquistar al viajero. Basta una imagen: un puente de piedra cruzando un río, viviendas que parecen flotar sobre el agua y un paisaje montañoso reminiscentes de los Alpes. Ese entorno realmente se encuentra en Cataluña y su historia es tan sorprendente como su belleza.

Un enclave medieval entre el Pirineo y el Mediterráneo

Situado en la provincia de Girona, entre el Pirineo Oriental y el Mediterráneo, Camprodón se eleva en el valle homónimo, en la confluencia de las comarcas de la Garrotxa y el Ripollès. Esta combinación de naturaleza y arquitectura histórica explica por qué desde el siglo XIX se le denomina como la «pequeña Suiza catalana».

Fundado en el siglo IX, el municipio ha conservado intacto su carácter medieval. El Pont Nou, erigido en el siglo XII, es su símbolo más destacado, a pesar de que su nombre pueda sugerir lo contrario. Cerca de él, sobresalen construcciones como el monasterio benedictino de Sant Pere, del siglo X, y la iglesia gótica de Santa María, edificada en el siglo XIV.

Patrimonio, arquitectura y vistas excepcionales

El paseo por el casco urbano permite descubrir casas tradicionales colgando sobre el río, con fachadas pintadas y tejados de tonos rojizos que reflejan la importancia comercial de la localidad en la Edad Media. Además, destaca la ermita de Sant Antoni, situada a 1.345 metros de altitud, desde donde se pueden contemplar algunas de las vistas más impactantes del valle.

Otras localizaciones, como la capilla de Sant Bartomeu del Sitjar o el castillo de Creixenturri, completan un patrimonio que revela la evolución histórica de Camprodón a lo largo de los siglos, equilibrando tradición con atractivo turístico.

la elaboración de galletas en 1893 como alternativa a los productos de pastelería, más perecederos. El triunfo fue inmediato. La demanda aumentó hasta convertir estas galletas en el símbolo del negocio.

Con el paso del tiempo, Llorenç Birba Cordomí profesionalizó la producción, que evolucionó de un pequeño taller doméstico a una fábrica inaugurada en 1929, coincidiendo con el reconocimiento obtenido en la Exposición Internacional de Barcelona. Actualmente, las galletas Birba continúan representando uno de los productos más antiguos de España en su categoría, consolidando a Camprodón como un destino donde historia y gastronomía se entrelazan de manera singular.

Cómo llegar a Camprodón

El acceso a Camprodón es sencillo, tanto por carretera como en transporte público. Desde Barcelona, la ruta más directa es la C-17 hasta Ripoll, y luego la C-38. Desde Girona, se pasa por Banyoles y Olot antes de conectar con la misma vía.

También es posible llegar en tren hasta Ripoll a través de la línea R3 de Cercanías y completar el trayecto en autobús. Esta combinación convierte a la localidad en una escapada accesible que, especialmente en primavera, muestra todo su potencial entre naturaleza, historia y tradición.

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Camprodón, el pueblo medieval de Girona conocido como la «pequeña Suiza catalana», resurge cada primavera como una escapada atractiva gracias a su legado histórico y al origen de las galletas más antiguas de España, una costumbre que continúa vigente tras más de un siglo.

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