Un estudio revela cómo los cefalópodos pueden aparearse a distancia para evitar el canibalismo

En las profundidades oceánicas, el amor dista de ser una cuestión romántica. Los pulpos machos han desarrollado un método peculiar para sobrevivir a sus encuentros reproductivos y evitar “relaciones tóxicas”: un brazo especializado que les permite localizar a la hembra y fecundarla sin necesidad de verla y, sobre todo, sin aproximarse demasiado a un posible final fatal.
Según una reciente investigación de la Universidad de Harvard, los pulpos machos cuentan con un mecanismo para evitar el canibalismo durante el apareamiento. Mediante un “brazo” especializado, el hectocotylus, estos cefalópodos pueden localizar y fertilizar a la hembra manteniendo una distancia segura, lo que disminuye el riesgo de ser atacados.
El estudio, difundido en la revista Science, indica que el hectocotylus funciona como un sensor químico capaz de identificar a la hembra sin contacto visual. Nicholas Bellono, autor principal, explicó que “tiene sentido que el brazo actúe tanto como sensor como órgano reproductor”, subrayando la singularidad de esta adaptación evolutiva en los animales.
Durante los experimentos, se observaron pulpos de dos manchas de California (Octopus bimaculoides) en oscuridad total y con barreras opacas. Los machos extendieron su brazo especializado a través de orificios para iniciar la cópula, guiados únicamente por señales químicas, y lograron localizar el oviducto femenino sin usar la vista.

En estas especies, el canibalismo es algo habitual: las hembras suelen ser considerablemente mayores y más agresivas. Por esta razón, la evolución ha favorecido un apareamiento a distancia, donde la rapidez para encontrar a la hembra e iniciar la reproducción es crucial para la supervivencia del macho.
Apareamiento a distancia
El estudio identificó que la progesterona es la señal química que activa el brazo reproductor del macho. Los experimentos mostraron que los pulpos respondían únicamente a esta hormona, llegando incluso a interactuar con tubos que la contenían sin presencia de una hembra.
Además, los investigadores encontraron receptores específicos, denominados CRT1, en la punta del hectocotylus. Estos sensores permiten a cada especie de pulpo distinguir señales químicas exclusivas, evitando así el cruce entre especies incompatibles y manteniendo claras barreras reproductivas en el océano.

El interés de la investigación surgió de una observación accidental en el laboratorio. “Realmente no teníamos planeado estudiar que este brazo fuese un sensor”, reconoció Bellono, quien destacó que muchos descubrimientos importantes aparecen por casualidad durante la investigación.
El comportamiento de apareamiento a ciegas en los pulpos evidencia que evitar relaciones riesgosas no es exclusivo de los humanos. En su hábitat, el peligro de canibalismo ha impulsado el desarrollo de estrategias sofisticadas que aseguran la reproducción, supervivencia y diversidad de estas criaturas marinas.
Este descubrimiento reafirma la complejidad de la evolución en el ambiente marino y muestra cómo la reproducción fomenta estrategias complejas. Lejos de ser un simple acto biológico, el apareamiento en pulpos implica un delicado equilibrio entre riesgo y beneficio, donde las señales del entorno determinan tanto el éxito reproductivo como la supervivencia del individuo.

