Testimonio de una víctima en el caso ataúdes: la Policía me enseñó una foto de mi esposo fallecido en un terrazo

Veintitrés individuos están imputados por extraer los ataúdes de los fallecidos justo antes de su incineración, para regresar con ellos al tanatorio y volver a ponerlos a la venta.

Varios efectivos de la Policía Nacional reúnen pruebas a las puertas del tanatorio de El Salvador, en Valladolid, en enero de 2019.

Una mujer que ha comparecido como testigo en el juicio del llamado caso ataúdes declaró que la Policía le mostró unas fotografías donde reconoció a su esposo fallecido tendido sobre un terrazo en blanco y negro.

La testigo, cuyo marido murió el 11 de octubre de 2013, ha participado en la vista contra veintitrés acusados de retirar ataúdes a los difuntos poco antes de su cremación, para trasladarlos nuevamente al tanatorio y comercializarlos otra vez en el grupo funerario El Salvador de Valladolid.

«Es muy duro de asimilar», manifestó la mujer entre lágrimas al rememorar cómo la Policía le mostró esas imágenes de su esposo fallecido «tirado» junto a un cartón que indicaba su nombre y la fecha del fallecimiento.

En cuanto al ataúd, es secundario; «lo relevante es el trato a los cadáveres y considerar a los muertos como sacos de patatas», lamentó otro testigo, cuyo padre falleció el 31 de enero de 2006.

Otro afectado, que perdió a su padre en abril de 2009, explicó que, al acudir a contratar los servicios funerarios, el empleado se empeñó en convencerlos de optar por la incineración, argumentando que era una opción mucho mejor que el entierro.

Experimentó «un sufrimiento enorme, rabia, impotencia e indignación» al enterarse por la prensa de que la funeraria podría haber reutilizado el ataúd para venderlo nuevamente, afirmó en su declaración, en la que criticó que el trabajador insistiera a su madre en que la cremación era la mejor elección cuando ella tenía dudas.

Un sentimiento compartido por otra testigo, quien perdió a un familiar el 23 de junio de 2014 y relató que, cuando se iba a realizar la incineración, colocaron el ataúd sobre una cinta transportadora que comenzó a moverse, se detuvo, el féretro retrocedió, cerraron unas cortinas y no volvieron a verlo.

La sensación «es imposible de describir, no existen palabras adecuadas para definir esta atrocidad; demuestra que la muerte se ha convertido en un negocio», opinó otra persona, cuya madre falleció en julio de 2014, refiriéndose a la conciencia que puede tener alguien que actúa así con los cuerpos de los fallecidos.

Las imputaciones contra los procesados se centran en los delitos de constitución de organización criminal, pertenencia a organización criminal, apropiación indebida, estafa, falta de respeto a los difuntos, blanqueo de capitales y falsedad en documento mercantil.

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