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- Autor, Faisal Islam
- Título del autor, Editor de Economía, BBC News
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Durante la mayor parte de las últimas seis semanas, el estrecho de Ormuz ha permanecido bloqueado.
Unos 800 barcos han quedado varados en el Golfo, en su mayoría transportando petróleo y gas, sin poder o querer avanzar hacia aguas abiertas.
En este periodo se ha observado una relación directa entre este importante bloqueo y el incremento en los precios de la gasolina y el diésel, así como el aumento en pasajes aéreos y en las tasas hipotecarias a nivel mundial.
Diversos países dependen también de estas rutas para el suministro de otros productos petroquímicos fabricados en las refinerías locales.
Entre estos se incluyen combustibles para aviones, diésel, materiales para fertilizantes y sustancias industriales como el helio, imprescindible en la fabricación de microchips.
Como dato positivo, el alto el fuego anunciado la noche del martes interrumpe cualquier nueva escalada del conflicto, abriendo una vía hacia la desescalada y la paz.
Debido a esto, los mercados reaccionaron favorablemente, con una caída del 15% en los precios internacionales del petróleo y gas, y una recuperación en los índices bursátiles.
No obstante, existen numerosas razones para mantener cautela respecto a sus consecuencias económicas en un momento tan delicado.

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Interrogantes sobre la reapertura del estrecho
Las versiones sobre las negociaciones entre Irán, Estados Unidos e Israel difieren.
El factor decisivo será si realmente se llevan a cabo encuentros directos.
Además está la cuestión concreta del funcionamiento físico del estrecho.
¿El tránsito se desarrollará libremente, como ha señalado el presidente de EE.UU., Donald Trump?
¿O se hará “en coordinación con las Fuerzas Armadas de Irán y considerando las limitaciones técnicas”, según explicó el ministro de exteriores iraní?
Esto es crucial no solo para el petróleo y gas, sino también para el combustible de aviación, azufre, urea y diésel.
Mientras más se prolongue el alto el fuego, mayor será la probabilidad de que las subidas inflacionarias se disuelvan en los próximos meses.
Esta coyuntura plantea también una cuestión esencial respecto a la paz definitiva.
Irán ha generado una nueva realidad en el Golfo, demostrando su capacidad para controlar esta arteria marítima clave, aun sin contar con armada o fuerza aérea.
Incluso había comenzado a establecer peajes. ¿Se mantendrá esta situación? ¿Los países del Golfo la aceptarán?
La propuesta iraní para coordinar conjuntamente con Omán el control del estrecho resulta extraordinaria.
¿Convertirá el conflicto en Ormuz a este paso marítimo en el puesto de peaje con mayores ingresos del mundo, donde numerosos barcos abonan millones en tarifas de tránsito?
Claramente, nada de esto estaba anticipado antes del estallido de la guerra.

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Consecuencias sobre la producción
Se prevé que la producción global de gas se vea impactada durante varios años debido a los daños directos en la infraestructura, principalmente en Qatar.
La reanudación completa de la producción tomará semanas, y para alcanzar niveles anteriores a la guerra pasarán años.
Hasta mitad de año, será necesario un flujo constante de buques metaneros de gas natural licuado desde el Golfo para contener los incrementos en las facturas, mientras Europa trabaja en reabastecer sus reservas de gas.
Si el alto el fuego se sostiene, la reducción de la inflación contribuirá a evitar aumentos en las tasas de interés, y las hipotecas disminuirán mundialmente.
La economía ha sido siempre un factor clave en esta guerra, nunca un elemento secundario.
Irán ha consolidado una forma de influencia económica global a través del estrecho y ha demostrado su efectividad.
Aún existe mucha incertidumbre sobre la diplomacia que hay detrás, y más sobre el efecto en precios, tasas de interés y crecimiento económico frágil.
Los hechos del martes pudieron haber impulsado el precio del petróleo hasta US$200 por barril, con sus respectivas repercusiones en cadena esta misma semana.
Ahora es factible imaginar un retorno a precios entre US$60 y US$70 por barril, con inflación controlada, menor costo de la gasolina y tasas de interés más estables.
Por lo tanto, la ausencia de una escalada adicional ofrece un alivio tangible a la economía global, justo cuando ministros de Finanzas se dirigen a Washington DC para importantes reuniones del FMI.
La magnitud de las secuelas que este conflicto dejará —en el suministro de gas y en el control de una de las principales rutas económicas mundiales— continúa siendo una incógnita.

