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- Autor, Melissa Hogenboom
- Título del autor, BBC Future
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La memoria puede resultar un mecanismo bastante inestable.
Ya sea tratando de evocar nombres, recordar una lista de compras o prepararse para un examen o entrevista laboral, la información que se tenía presente hace un instante puede desaparecer repentinamente.
Sin embargo, existe una forma sencilla para potenciar inmediatamente la memoria al adquirir datos nuevos: utilizar una bicicleta estática por unos minutos o realizar una caminata rápida.
Estudios indican que el ejercicio aeróbico, también conocido como cardio, puede optimizar la memoria.
Desde hace tiempo se reconoce que la actividad física mejora las funciones cognitivas.
Realizar ejercicio fortalece el rendimiento en diversas tareas y protege regiones cerebrales afectadas por el proceso de envejecimiento, lo que podría frenar el deterioro cognitivo.
Además, la actividad física actúa positivamente en una estructura cerebral clave para la memoria: el hipocampo. Por esta razón, el ejercicio tiene potencial para mejorar la retención de recuerdos.
Por ejemplo, se ha observado que practicar ejercicio moderado varias veces a la semana incrementa el volumen del hipocampo.
Diversas investigaciones también revelan que el momento de realizar ejercicio influye: caminar cuatro horas después de aprender algo mejora la retención y recuperación de la memoria frente a ejercitarse inmediatamente después.
Por otra parte, actividades como estiramientos no brindaron mejoras notables en la memoria.
La función del hipocampo
Hasta el momento, entender a fondo los mecanismos implicados ha representado un desafío para los científicos.
Recientemente, un estudio abordó precisamente esta cuestión.
Un equipo de neurocientíficos examinó la actividad cerebral en 14 personas justo después de hacer ejercicio y observaron breves ráfagas de actividad eléctrica circulando entre neuronas relacionadas con la consolidación de recuerdos.
Estas «ondas cerebrales» son fenómenos donde múltiples neuronas se activan simultáneamente, explica Michelle Voss, neurocientífica de la Universidad de Iowa y líder del estudio.
Las ondas juegan un papel crucial en cómo el cerebro organiza y almacena recuerdos durante el sueño y los momentos de reposo inmóvil (los participantes padecían epilepsia resistente a medicamentos, sin embargo, el estudio se enfocó en áreas cerebrales saludables que emitían señales eléctricas normales).
El grupo monitoreó el cerebro de los sujetos para determinar qué ocurría luego de una breve onda de actividad.
Hallaron que el ejercicio provocaba un aumento de ondas en el hipocampo y en otras zonas relacionadas.
Consideran que este fenómeno facilita la consolidación de recuerdos en el cerebro.
«Estos pulsos también estaban más sincronizados con la actividad de neuronas en otras partes del cerebro», indica Voss.

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El equipo colaboró con neurocirujanos que registran actividad eléctrica en pacientes evaluados para cirugía de epilepsia.
Estos pacientes tenían electrodos implantados temporalmente en el cerebro, lo que permitió a los investigadores medir la actividad eléctrica antes y después de pedalear en una bicicleta estática.
Aunque los participantes no realizaron ejercicios de aprendizaje durante el estudio, investigaciones anteriores sugerían que las «ondas» podrían ser clave en la fijación de recuerdos.
«Esto ofrece una oportunidad única para estudiar el funcionamiento cerebral humano mediante mediciones directas de señales eléctricas, que constituyen la base del funcionamiento del cerebro», explica Voss.
Protección contra el declive cognitivo
Estas ondas se producen con tanta rapidez que escapan a la detección mediante los escáneres cerebrales convencionales, haciendo de este estudio el primero en demostrar el impacto directo del ejercicio sobre la actividad eléctrica cerebral.
Voss sostiene que esta sincronización podría explicar biológicamente por qué la retención de información mejora cuando las personas realizan actividad física poco después de aprender.
Además, basta con una breve ráfaga de ejercicio para aumentar las ondas cerebrales, evidenciando que incluso períodos cortos de actividad física benefician la memoria.
La investigadora espera que estos hallazgos contribuyan a replantear los mensajes de salud pública sobre la actividad física y permitan abordar el envejecimiento con nuevas perspectivas, dado que fortalecer las regiones cerebrales vinculadas a la memoria podría proteger el cerebro del deterioro cognitivo.
Paralelamente, se sabe que episodios regulares de ejercicio aportan beneficios inmediatos al cerebro y al organismo.
Las investigaciones revelan que una sesión única puede mejorar la concentración durante hasta dos horas y elevar instantáneamente los niveles de dopamina, conocido como la hormona del bienestar.
Un estudio reciente también encontró que a mayor cantidad de ejercicio y mejor forma física, mayor es el beneficio cerebral obtenido tras una sola sesión.
Cualquier tipo de actividad física resulta claramente beneficiosa, pero esta investigación mostró que los efectos en el cerebro aumentan proporcionalmente con la actividad realizada.
Esto se debe a que una mejor capacidad cardiovascular y mayor masa muscular permiten al cuerpo producir más de una proteína esencial para la creación de nuevas conexiones neuronales, llamada Factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF por sus siglas en inglés).
«Hay motivos para mantenerse activo, pues cada vez se obtienen mayores beneficios», señala Flaminia Ronca, investigadora en fisiología del ejercicio en University College London, Reino Unido, quien lideró este estudio.
«Si se mantiene la actividad física durante seis semanas, los beneficios en cada sesión posterior serán aún mayores», añade la experta.

