Motivo histórico del uso del barril como medida en la industria del petróleo a pesar de su obsolescencia práctica

Aunque desapareció como contenedor hace varias décadas, el barril de 159 litros sigue siendo una referencia fundamental para establecer precios y facilitar el comercio internacional del crudo FOTO DE ARCHIVO: Barriles y gatos de bomba de petróleo impresos en 3D se ven frente a un gráfico en alza en esta ilustración tomada el 2 de marzo de 2026. REUTERS/Dado Ruvic/Ilustración/Archivo

El mundo observa atentamente las fluctuaciones del precio del petróleo. Aunque la compleja infraestructura del sector energético actual sea avanzada, la cotización se sigue expresando en una medida que ya no se utiliza en la práctica: el barril. En los informes económicos, el valor del Brent o el WTI se presenta en dólares por barril, como si aún rodaran desde los pozos hasta los puertos los toneles de madera.

Lo sorprendente es que, pese a que la industria no maneja barriles físicos desde hace cerca de un siglo, esta unidad permanece como estándar global en los mercados internacionales. Un barril de petróleo corresponde a 159 litros, y proviene directamente del siglo XIX, cuando la producción y comercialización de crudo apenas comenzaban. La persistencia de esta unidad no responde solo a la tradición, sino a razones prácticas y de estandarización en el comercio mundial.

El petróleo no tiene una densidad constante

A pesar de que el recipiente original desapareció, el barril sigue siendo la unidad esencial de medida, en parte por la inercia del sistema globalizado y también por la necesidad de mantener la uniformidad entre contratos, estadísticas y precios.

Una razón clave para que el barril no haya sido reemplazado por unidades modernas como la tonelada o el litro está en la propia naturaleza del petróleo. A diferencia del agua, el crudo difiere en su fluidez y peso según el tipo. El petróleo “ligero”, como el producido en ciertas regiones de Estados Unidos, tiene menor densidad y es más sencillo de refinar; mientras que el crudo “pesado”, común en Venezuela o en Oriente Medio, presenta mayor densidad y viscosidad.

Por ello, una tonelada de petróleo no siempre representa el mismo volumen, ya que depende del tipo de crudo. Esto complica la elaboración de contratos, la comparación de precios y la elaboración de estadísticas internacionales. El barril, al ser una medida constante de volumen, elimina estas dificultades y provee una base común para el comercio.

El vicepresidente primero y ministro de Economía, Comercio y Empresa, Carlos Cuerpo, junto a sus homólogos de Alemania, Italia, Austria y Portugal han enviado una carta a la Comisión Europea solicitando la creación de un nuevo impuesto sobre los beneficios de las empresas energéticas tras el conflicto en Oriente Próximo. "Los ministros Markus Marterbauer, Joaquim Miranda Sarmento, Lars Klingbeil, Giancarlo Giorgetti y yo preguntamos la Comisión Europea explorar un instrumento de solidaridad temporal para que las empresas energéticas contribuyan con los beneficios extraordinarios obtenidos durante la guerra y alivien la carga sobre los consumidores y contribuyentes", ha publicado el ministro Cuerpo a través de su red social 'X' este sábado. (Fuente: Comisión Europea/La Moncloa/DPA/Europa Press)

Del desorden al estándar de 159 litros

Para comprender el origen de la medida del barril, es necesario remontarse al inicio de la explotación petrolera moderna. El primer pozo activo se estableció en 1859 en Pensilvania, EEUU, cuando aún no existía una unidad común para almacenar ni transportar crudo. Por ello, el petróleo se guardaba en toneles de madera, frecuentemente reutilizados de la industria del whisky o el vino, cuya capacidad era variable.

La falta de un estándar complicaba las operaciones comerciales y generaba desconfianza entre productores y compradores. En 1866, un grupo de pequeños productores en Pensilvania decidió adoptar el barril de 42 galones (aproximadamente 159 litros) como referencia común. Este formato, llamado “tierce”, ya se usaba para otros líquidos y lograba un equilibrio entre capacidad y manejo.

En 1872, la industria petrolera estadounidense oficializó este acuerdo, con el propósito de establecer una base uniforme para las transacciones y facilitar el crecimiento de un mercado en expansión. Según la American Oil & Gas Historical Society, esta determinación fue fundamental para generar confianza y previsibilidad en un ambiente antes caótico.

Cuándo cesó el uso del barril físico

A finales del siglo XIX, la demanda de petróleo creció notablemente. La industrialización acelerada, impulsada por las empresas, sobrepasó la capacidad de los barriles tradicionales, que quedaron obsoletos. Con el aumento en los volúmenes y las distancias, su uso resultaba poco eficiente y costoso. En 1878 aparecieron los primeros buques para petróleo a granel, iniciando una nueva etapa en la logística.

Para 1930, los barriles habían desaparecido casi por completo, ya que los oleoductos y barcos cisterna permitieron un flujo constante y mucho más eficaz del crudo. Actualmente, el transporte del petróleo depende de infraestructuras industriales a gran escala: superpetroleros, trenes cisterna y oleoductos atraviesan continentes sin que un barril físico intervenga.

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