Investigación en Argentina sobre las «Propofest», fiestas clandestinas con uso de anestésicos vinculadas a dos fallecimientos

Un médico argentino mientras prepara una inyección

Fuente de la imagen, Andres Larrovere / AFP via Getty Images

    • Autor, Redacción
    • Título del autor, BBC News Mundo
  • 1 hora
  • Tiempo de lectura: 5 min

La muerte del enfermero Eduardo Betancourt ha reactivado un escándalo que involucra al sistema médico-asistencial argentino.

El cuerpo de Betancourt, de 44 años, fue hallado el pasado viernes santo en su residencia del barrio de Palermo en Buenos Aires, rodeado de potentes medicamentos como fentanilo y propofol —sustancias que no se venden en farmacias y solo se deben encontrar en hospitales— además de jeringas y guantes de látex.

La escena, según informó el diario La Nación, fue la que encontraron los policías que acudieron tras la denuncia de la familia del enfermero, quien llevaba varios días sin ser localizado. Esta situación recordó a la ocurrida seis semanas antes, a menos de cinco cuadras, cuando agentes descubrieron el cadáver de otro profesional sanitario: el anestesiólogo Alejandro Zalazar.

Este primer deceso reveló una supuesta red dedicada a extraer anestésicos de hospitales, presuntamente integrada por personal sanitario, para luego usar estas sustancias en fiestas privadas.

La operación detrás de estas polémicas reuniones, denominadas localmente como «Propofest», está bajo investigación judicial en la actualidad.

El evento que destapó el caso

El cuerpo de Zalazar, de 30 años, hallado el 20 de febrero, generó alarma en las autoridades.

El médico, que trabajaba en el Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez de Buenos Aires y había sido residente en el Hospital Rivadavia, fue encontrado con una vía colocada en el pie derecho, además de presentar la marca de un catéter en el pie izquierdo.

Junto a él se encontraron elementos para inyectables, medicamentos anestésicos y una bomba de infusión, equipo utilizado para administrar fármacos por vía intravenosa, según detalló el canal Todo Noticias (TN).

Ante la presencia de estos medicamentos —que solo deberían utilizarse en hospitales bajo control de personal capacitado— se inició una investigación para identificar su procedencia, descubriendo que pertenecían al Hospital Italiano de Buenos Aires.

Semanas más tarde, los responsables del hospital confirmaron que los fármacos habían sido extraídos de sus depósitos, luego de recibir una «denuncia interna», según un comunicado de la dirección del centro de salud del 30 de marzo.

Además, el hospital notificó que dos empleados fueron suspendidos y entregados a la Fiscalía.

Se trata del anestesiólogo Hernán Boveri y la residente Delfina Lanusse, quienes enfrentan cargos por administración fraudulenta de medicamentos y tienen prohibida la salida del país.

La dirección del Hospital Italiano también aseguró que se reforzaron las medidas para evitar que «situaciones de esta naturaleza» se repitan en el futuro.

Un médico sostiene un frasco de propofol y de fondo una bandeja con inyecciones.

Fuente de la imagen, Getty Images

Más que la simple sustracción

Sin embargo, además del supuesto robo de medicamentos, el uso dado a estos fármacos por quienes cometieron el delito ha provocado conmoción.

Los anestésicos eran consumidos «fuera del procedimiento médico, sin indicación clínica, sin monitoreo y en ambientes alejados de cualquier práctica asistencial», según documentos judiciales que habría tenido acceso La Nación.

Simultáneamente, la prensa local difundió audios de WhatsApp atribuidos a médicos, donde se menciona que los sedantes eran utilizados en fiestas privadas organizadas por un grupo reducido de profesionales sanitarios.

En estas conversaciones, los participantes hablan de «viajes controlados». Por una suma de dinero —algunas fuentes periodísticas hablan de hasta US$3.000— se ofrecía a los asistentes la administración de medicamentos para alcanzar estados de «relajación extrema».

Para estas «experiencias» se utilizaban bombas de infusión, y se asignaba a una persona para asistir a los participantes frente a una posible apnea, un efecto secundario grave de esos fármacos.

Otra hipótesis refiere que los sedantes eran usados en fiestas sexuales, según publicó el canal TN.

Como en estos eventos se emplea tanto propofol como fentanilo, los medios argentinos los han denominado «Propofest».

Según investigaciones de La Nación, Zalazar habría participado en estas reuniones; sin embargo, esta información no ha sido confirmada ni por la Fiscalía ni por el tribunal encargado del caso.

Para impedir ser detectados, la red habría emitido certificados médicos falsos para que los profesionales sanitarios partícipes pudieran evadir los controles antidoping obligatorios en el sector.

Familiares de las víctimas del fentanilo contaminado protestando ante un hospital.

Fuente de la imagen, NACHO AMICONI/AFP via Getty Images

«Pagó con su vida porque supo demasiado»

El hallazgo del cuerpo de Betancourt el pasado viernes ha reactivado la controversia.

El cuerpo del enfermero, que se había trasladado recientemente a Buenos Aires y buscaba empleo, fue encontrado en circunstancias similares a las de Zalazar: en su domicilio y rodeado de medicamentos de uso hospitalario.

No obstante, allegados a Betancourt descartaron que estuviera implicado en actividades irregulares, y sugirieron que su fallecimiento podría haber sido provocado por quienes están involucrados en el escándalo de las «Propofest».

«Sabía demasiado y armaron una escena de película», declaró Daniela Fernández, amiga del fallecido, al diario La Nación.

«Edu (Eduardo) era una persona sumamente empática y hermosa, no solo por ser mi amigo, sino porque así era su forma de vivir. Sus compañeros de trabajo y pacientes lo querían mucho. Solo sé que él no quiso participar en nada; hay mucha gente de alto poder, mucho dinero involucrado», añadió.

Para sustentar sus declaraciones, la amiga del enfermero afirmó que es muy complicado autoadministrarse propofol.

Este escándalo no es el primero en afectar al sistema de salud argentino.

A finales del año pasado estalló otro caso cuando se reportó que cerca de 87 personas murieron por la administración de fentanilo contaminado en diversos centros sanitarios.

Las investigaciones revelaron que al menos 300.000 ampollas de fentanilo estaban contaminadas con bacterias ultrarresistentes y se distribuyeron en distintos hospitales del país sudamericano.

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