Un hombre con movilidad reducida solicita instalar una barandilla para su acceso, pero la administradora del edificio se niega alegando que esto sería injusto.

El Ayuntamiento se ha ofrecido a pagar la instalación, pero la empresa rechaza el ofrecimiento

Mujer mayor de cabello gris baja una escalera moderna con pasamanos de madera. Viste suéter beige y pantalones oscuros; un gran ventanal muestra un jardín exterior.

Kafka sigue vigente porque muchas personas enfrentan vidas kafkianas continuamente, provocadas frecuentemente por complejos laberintos burocráticos que resultan simples de ingresar pero casi imposibles de abandonar. Uno de los casos recientes que ha tomado relevancia es el de un hombre de York, en Inglaterra, cuyo deseo es bastante sencillo: instalar una barandilla en la entrada de su edificio debido a las dificultades que sufre para acceder por problemas de movilidad.

Se trata de Steve Bingham, un jubilado de 78 años diagnosticado hace tres años con Vexas, una enfermedad autoinmune poco común que provoca fiebres, anemia y problemas respiratorios. Las complicaciones del síndrome han incrementado las dificultades para desplazarse dentro del edificio. Por esta razón, desde hace más de medio año, intenta conseguir que la escalera principal disponga de una segunda barandilla, dado que el único pasamanos actual no es suficiente para su movilidad limitada. “Cada vez que bajo el tramo principal de escaleras, me llevo un susto”, admite en la BBC, medio que ha dado a conocer su situación.

Sin embargo, al buscar apoyo con ambos brazos para usar las escaleras, se ha topado con la negativa de la empresa encargada del inmueble, que denegó dos veces la solicitud del residente. Esta decisión fue ratificada en la más reciente junta general anual, donde los directivos argumentaron que la colocación de la barandilla sería “injusta para otras personas”.

Este escenario ha provocado que Bingham reduzca sus salidas y planifique cuidadosamente cada movimiento: “He limitado la frecuencia con la que salgo”, explica a la BBC, donde confiesa que ahora debe “pensar dos veces” antes de abandonar su piso para asegurarse que bajar valga la pena. Ante la necesidad de transportar objetos, opta por hacerlo bajándolos por la ventana hacia el área de aparcamiento, evitando así cargar peso en las escaleras y el riesgo de una caída. Lo que más le inquieta, sin embargo, es la posibilidad de no poder evacuar con rapidez: “En una emergencia de incendio, incluso con la iluminación de emergencia, podría ser muy peligroso para mí”.

El Ayuntamiento busca ayudar, pero la empresa se opone

Como respuesta a la negativa de la empresa, el Ayuntamiento de la ciudad se ofreció a financiar la instalación de una barandilla adicional, con el objetivo de incrementar su “seguridad e independencia”. No obstante, los gestores de los apartamentos rechazaron la propuesta, alegando preocupaciones relacionadas con la seguridad contra incendios.

Ante esta situación, Bingham solicitó una evaluación al Servicio de Bomberos y Rescate de North Yorkshire, cuyo informe concluyó que “los medios de escape” no serían limitados por la nueva barandilla. A pesar de estos resultados, la empresa encargada mantuvo su negativa.

El propio afectado manifestó su desconcierto ante la circunstancia: “Me siento frustrado y perplejo porque no entiendo por qué no se puede colocar una simple barandilla en una escalera principal que actualmente solo cuenta con un pasamanos. No estoy solicitando una silla elevadora”.

El portavoz del Ayuntamiento de York recordó que el municipio ofrece evaluaciones gratuitas para detectar necesidades de adaptación en viviendas de personas con discapacidad y, en ciertos casos, también puede apoyar económicamente e instalar los equipos requeridos. “No comprendo cómo hacer una escalera más segura podría resultar injusto para otras personas”, concluye Bingham.

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