Crisis en la Federación Italiana tras el fracaso mundial: presidente y Buffon renuncian, Gattuso podría salir próximamente

Gianluigi Buffon, Gennaro Gattuso y Gabriele Gravina En las últimas horas, Gabriele Gravina y Buffon anunciaron sus dimisiones tras la petición del Gobierno de una «reconstrucción total» en la FIGC.

Más información: Italia queda nuevamente fuera del Mundial tras caer en penales ante Bosnia

Italia atraviesa una crisis futbolística sin precedentes luego de confirmar su tercera ausencia consecutiva en un Mundial, esta vez para 2026, lo que ha provocado un terremoto en la dirección de la federación.

Gabriele Gravina y Gianluigi Buffon presentaron su renuncia en la Federación Italiana de Fútbol, presionados por una combinación de factores políticos, exigencias sociales y compromisos previos que ya no podían evitar.

La eliminación, consumada en la repesca europea frente a Bosnia y Herzegovina tras un empate 1-1 y una derrota 4-1 en penaltis, extendió a doce años la ausencia de la Azzurra en el evento futbolístico más importante del mundo.

La reacción fue inmediata: el ministro de Deportes, Andrea Abodi, exigió una «reconstrucción total» del fútbol italiano, señalando que esta transformación debía iniciar con un cambio en los dirigentes de la FIGC. Su declaración fue clara: «Es evidente para todos que el fútbol italiano requiere una renovación y que ese proceso tiene que comenzar con una reestructuración en la dirección de la FIGC».

La figura más cuestionada desde el principio fue Gravina. El presidente de la federación, que ya había resistido críticas tras los fracasos en las eliminatorias hacia Rusia 2018 y Qatar 2022, se enfrentó esta vez a una ofensiva política coordinada.

Diversos senadores presentaron iniciativas formales solicitando su salida, mientras voces destacadas del fútbol, como Aurelio De Laurentiis, acusaron a la federación de haber convertido el Calcio en «un juguete en manos de niños».

La sede de la FIGC en Roma sufrió actos de vandalismo en la noche posterior a la eliminación, reflejo del descontento generalizado.

Inicialmente, Gravina intentó ganar tiempo. Tras la derrota en Zenica, defendió el trabajo de Gennaro Gattuso y dejó cualquier decisión en manos de los órganos internos: «Hemos convocado un Consejo Federal para la próxima semana. Entiendo que se solicite la dimisión, pero son evaluaciones que corresponden al Consejo Federal según las normas».

No obstante, el endurecimiento en el discurso gubernamental – con el Ministerio de Deportes considerando incluso una intervención directa en la FIGC – acabó por eliminar sus opciones. La dimisión presentada recientemente marca el fin de su gestión al frente de la federación con un sello de fracaso y entrega la transición a un comité temporal.

El caso de Buffon tiene una particularidad. El exportero, que desde 2023 desempeñaba el cargo de jefe de delegación de la selección, había adelantado semanas antes que asumiría su parte de responsabilidad si Italia no clasificaba al Mundial.

«La temporada deportiva concluirá en junio y hasta ese momento mantengo mi disposición hacia la federación. Luego veremos…», comentó desde Bosnia, insinuando que su permanencia dependía del resultado. La derrota y el contexto le impulsaron a mantenerse firme en esa postura y dar un paso al lado, coherente con lo que había adelantado.

Estas dos renuncias abren ahora un vacío de poder que el Gobierno pretende convertir en una oportunidad para una reforma profunda.

Entre los temas en debate está el rediseño de las competiciones base, la revisión de los criterios para seleccionar al entrenador – con nombres como Antonio Conte o Massimiliano Allegri ya entre las opciones – y una nueva definición de la relación entre FIGC y Lega Serie A.

Mientras tanto, Italia permanecerá sin Mundial al menos hasta 2030. El costo institucional ya lo asumieron Gravina y Buffon, mientras que el deportivo continuará siendo una carga para varias generaciones de futbolistas que nunca han escuchado su himno nacional en una Copa del Mundo.

Scroll al inicio