Busca llevar el debate económico al terreno real con un guiño a los moderados, un segmento crucial en unas elecciones

«Si mañana las cosas se complican, no vas a necesitar llamarnos. Nosotros nos encargamos». Poco después de que Pedro Sánchez anunciara su nombramiento como nuevo ministro de Hacienda, Arcadi España se presentó en el Ministerio de Política Territorial para ultimar una llamada con Maria Ubarretxena, consejera de Gobernanza y Autogobierno del País Vasco, preparando la Comisión Bilateral de Cooperación que celebrarían entre ambos gobiernos el viernes por la mañana. Sus compañeros le instaron a tomarse un momento de descanso y celebrar su designación. Entre martes y jueves, Pedro Sánchez le contactó para ofrecerle el puesto que ocupaba María Jesús Montero, una de sus principales apoyos. Sin dudarlo aceptó de inmediato. Más tarde, la incredulidad le invadió por un rato.
En cuanto a Carlos Cuerpo, el presidente le comunicó la noticia en su despacho. «Sigue siendo tú mismo», le aconsejó tras nombrarle vicepresidente primero. Contó con cierto tiempo para asimilarlo. «El presidente saldrá a las 6. Nos reunimos y lo vemos», comentó a su equipo del Ministerio de Economía. Secretarias, secretarios de Estado, equipo de comunicación… Pocos conocían el secreto. Llamaron a un técnico para que conectase la televisión de la sala donde se celebra la Comisión Delegada del Gobierno para Asuntos Económicos. La sala estalló en aplausos y abrazos. «Gracias», les expresó.
Cuerpo y España representan la apuesta de Sánchez para llevar el debate económico a terreno firme. El mensaje que les ha enviado a ellos y al resto del Gobierno es que esta área «es clave en este momento crítico [dado el contexto internacional y la guerra en Oriente Próximo] para que España continúe creciendo». Frente a un escenario incierto y con la crisis impactando en los precios -el Banco de España elevando la inflación proyectada al 3% para 2026-, apuesta por perfiles técnicos y administrativos. Personas con capacidad para negociar y pactar. Ambos economistas forman un tipo de fórmula electoral para Sánchez: gestión, diálogo y moderación como carta de presentación en la carrera electoral, buscando la reelección.
Porque el respaldo al vicepresidente primero y al ministro de Hacienda no busca solo mitigar el hueco que deja Montero, sino también establecer las bases para la continuidad de un proyecto a largo plazo. «Pensamos en 2030», afirman desde el equipo presidencial. «Pedro lanza un mensaje de futuro». El jefe de Gobierno ya ha manifestado su intención de presentarse a la reelección ya que su proyecto «trasciende el 2027». Pretende culminar una «década de crecimiento». En el complejo presidencial impera una gobernanza de anticipación, campo de especialidad del jefe de Gabinete de Sánchez, Diego Rubio. Esto implica «combatir la visión a corto plazo, gobernar con una perspectiva amplia y proteger los intereses estratégicos de España». Lo aplican en economía, eliminando enfoques cortoplacistas.
El análisis indica que las próximas elecciones se decidirán en el ámbito económico, ya sea porque España resista, como ocurre actualmente, con datos macroeconómicos positivos —crecimiento, creación de empleo, afiliación a la Seguridad Social—, o porque el impacto de la guerra desencadene una situación compleja que requiera manejo y «solvencia». «Cuanto más se prolongue la guerra, mayor será su impacto. Ya lo notamos en los precios», explican fuentes gubernamentales. «No es indiferente quién gobierne».
El presidente lanza un mensaje de futuro: extender su proyecto
Esa perspectiva de futuro, de no poner un límite en 2027 aunque las encuestas actualmente apunten a la dificultad de conservar el Gobierno, también está detrás de la elección de dos perfiles con buena aceptación entre los grupos políticos y las comunidades. El lehendakari, Imanol Pradales, que visitó La Moncloa el viernes, destacó la figura de España como «una persona clave en la colaboración entre nuestros gobiernos. Un político dialogante, honesto y con gran capacidad negociadora». Quienes elaboraron el decreto para afrontar la crisis derivada de la guerra en Oriente Próximo explican lo que Cuerpo trasladó en el Gobierno durante las negociaciones: «Que se reflejen las iniciativas de los grupos y sectores», consciente de la importancia de dar señales a los socios para futuras alianzas.
El nombramiento de Cuerpo y España permite a La Moncloa mostrar una faceta más moderada frente al papel de escuderos políticos que seguirán desempeñando los ministros Óscar Puente, Óscar López o Félix Bolaños. «Ellos expresan lo que el presidente no puede decir, pero piensa», apuntan fuentes del Ejecutivo. El vicepresidente y el ministro de Hacienda tienen un perfil más sosegado, una vertiente más centrada, justo en un contexto donde la campaña electoral se intensificará y atraer al votante centrista será esencial. Su imagen sirve, asimismo, como contrapeso frente a, por ejemplo, Margarita Robles, cuando el PSOE está volcado en políticas muy de izquierda —No a la guerra, inmigración— y cuestiones sociales, para arrebatar espacio a sus partidos de izquierda.
El ascenso de Cuerpo también persigue frenar el avance del PP. Las sesiones en el Congreso han estado marcadas por la confrontación y tensión. Las sesiones de control son un buen ejemplo. Los cara a cara con Montero terminaban en confrontaciones duras. En el Gobierno creen que el principal partido de la oposición está obligado a renovarse. Ya sucedió que el PP ignoraba durante largo tiempo a Cuerpo, sin interpelarle en el Congreso. «Carlos es distinto. Moderado, comedido. Prefiere el respeto y la precisión. Los datos. Es su forma de entender la política. Opta por el diálogo en lugar del enfrentamiento. Veremos cómo se maneja ante esos segundos espadas de la oposición», señalan quienes le conocen.

