En un siglo XXI donde el independentismo emergió y luego perdió fuerza, España únicamente ha disputado cinco encuentros oficiales en Cataluña.
Más información: Los gritos de «musulmán el que no bote» y los pitos a Joan García que empañaron la celebración española en Cornellá
Durante años, los partidos de la selección española en Barcelona fueron sinónimo de gradas casi vacías, un ambiente frío y un debate casi técnico sobre el encaje del combinado nacional en la capital catalana.
Dos décadas más tarde, el escenario ha cambiado: Cornellá se llena, pero la celebración se ha convertido en un foco de polémicas que ya no solo son políticas, sino también racistas y xenófobas, como evidenció el España – Egipto de este martes 31 de marzo.
La historia comienza en el estadio Olímpico Lluís Companys, donde España jugó tres partidos entre 2000 y 2004. El amistoso frente a los Países Bajos del 15 de noviembre de 2000, pese a la calidad del adversario, dejó una imagen que se repetiría: una asistencia mucho menor a la esperada y un estadio lejos de llenarse por completo.
Las crónicas retrospectivas coinciden en señalar aquel encuentro como el inicio de un diagnóstico incómodo para la Federación: Barcelona no respondía como otras ciudades clásicas y el termómetro del apoyo popular a la Selección en la ciudad quedaba notoriamente por debajo del de Sevilla o Valencia.
Esa dinámica se mantuvo en el España – Liechtenstein del 5 de septiembre de 2001, partido clasificatorio para el Mundial 2002: escaso interés, ambiente frío y la impresión de que Montjuïc nunca fue un terreno propio para la Selección.
No hubo incidentes graves dentro del estadio, pero sí incrementó el debate recurrente sobre la distancia entre la imagen de unidad nacional que proyecta la Selección y la realidad de unas gradas donde coexistían la indiferencia y un sector del público más politizado.
La etapa en Montjuïc finalizó con un amistoso frente a Perú el 18 de febrero de 2004. Ante 22.580 espectadores, número modesto para un estadio de esa capacidad y para un partido de la Absoluta. Nuevamente, esa fotografía reforzó la idea de que Barcelona no era una ‘plaza fuerte’ para la Selección: gradas con huecos, un ambiente templado y un interés muy inferior al que se generaba en otros escenarios.
18 años sin la Selección
Tras 2004, la Selección desapareció de Cataluña durante 18 años. El retorno se produjo el 26 de marzo de 2022, esta vez fuera de la ciudad de Barcelona y en Cornellá de Llobregat, con un amistoso ante Albania en el RCDE Stadium.
Dani Olmo y Pedri celebrando un gol en el regreso de España a Barcelona 18 años después
La diferencia en las gradas fue notoria: 35.444 asistentes, estadio casi repleto y una marea rojigualda que contrastaba con la imagen de Montjuïc. Un ambiente festivo, con cánticos de apoyo a la Selección y una sensación de reconciliación simbólica entre el equipo y el público catalán presente.
Sin embargo, aquel regreso tuvo aristas. Algunos medios centraron su atención en los pitos al himno de Albania durante los actos previos, criticados como una falta de respeto al adversario, pese a que el clima general favorecía a España.
Fuera del terreno de juego, el debate fue más político y semántico: la RFEF y buena parte de la prensa hablaban de un «partido en Barcelona», mientras otros insistían en señalar que el estadio está ubicado en Cornellá de Llobregat, por lo que el regreso no ocurría en el centro de la ciudad, ni en el Camp Nou ni en el Olímpic.
También se interpretó la elección del RCDE Stadium como una decisión estratégica para jugar en un entorno sociológico menos hostil que otros recintos barceloneses, lo que alimentó la lectura política del evento.
Cuatro años después, el amistoso frente a Egipto en el mismo RCDE Stadium confirmó que la Selección llena Cornellá, pero también encendió las alertas por la evolución negativa de parte del público.
La asistencia superó los 36.000 espectadores, cifra cercana al aforo total. Sin embargo, lo que marcó la jornada no fue el empate sin goles, sino lo ocurrido en las gradas durante y alrededor del partido.
Una parte del público abucheó el himno de Egipto durante los actos protocolarios, una sonora pitada que fue percibida como una falta de respeto hacia el rival desde el inicio.
A partir del minuto diez, y especialmente sobre el minuto 23, se escuchó claramente el cántico «musulmán el que no bote», coreado por un sector de la grada que acompañaba la consigna con saltos, cuya gravedad fue unánimemente condenada como racista o xenófoba.
Cánticos racistas en Cornellá durante el España – Egipto
El cántico quedó registrado en la transmisión y se viralizó rápidamente en redes sociales, difundido por numerosas cuentas.
No fue el único episodio conflictivo. Durante el partido se escucharon insultos contra el presidente del Gobierno, con gritos de «Pedro Sánchez, hijo de puta» provenientes de una parte del público, añadiendo un componente de confrontación política al ya tenso clima del amistoso.
La gestión del encuentro también fue cuestionada. A pesar de la evidencia de los cánticos racistas, el árbitro no suspendió el partido ni aplicó visiblemente el protocolo antirracismo que la FIFA y las competiciones internacionales recomiendan en tales situaciones.
La reacción llegó mediante megafonía y pantallas del estadio, con mensajes que solicitaban a los aficionados cesar los cánticos xenófobos y recordaban la prohibición de participar en actos racistas dentro del recinto.
Una acción insuficiente y tardía: el encuentro se jugó completo, sin interrupciones salvo por las advertencias internas, y sin que se activaran medidas más firmes durante el partido.
El contexto previo ya había elevado la sensibilidad sobre lo que podría suceder en las gradas. Días antes del amistoso, se dictó un cierre parcial del RCDE Stadium como sanción por incidentes en partidos del Espanyol, por lo que el regreso de la Selección a Cornellá aconteció en un estadio controlado y con atención especial en la seguridad y el comportamiento del público.
Los incidentes del España – Egipto han reavivado el debate sobre la eficacia de los protocolos y la responsabilidad conjunta entre clubes, Federación y autoridades para prevenir y sancionar este tipo de conductas.
El contraste
Observado en perspectiva, el recorrido de la Selección en Barcelona y su entorno durante este siglo XXI traza una trayectoria clara.
En Montjuïc, el problema radicaba en la desafección: campos a medio llenar, una relación distante con parte del público catalán y una discusión constante sobre si Barcelona deseaba o no al combinado español.
En Cornellá, la carencia de respuesta dejó paso a un problema diferente: el estadio se llena, la Selección despierta interés y los partidos generan una atmósfera intensa.
Pero esa intensidad ha venido acompañada de episodios que ponen bajo el escrutinio el tipo de discurso permitido o tolerado en las gradas: pitos a himnos adversarios, cánticos racistas y consignas políticas que convierten un amistoso internacional en una batalla simbólica con repercusiones nacionales.

