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Información del artículo
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- Autor, Rebecca Morelle
- Título del autor, Editora de ciencia de la BBC
- Autor, Alison Francis
- Título del autor, Periodista sénior de ciencia de la BBC
- 28 minutos
- Tiempo de lectura: 8 min
El próximo 1 de abril, la NASA tiene previsto poner en marcha la misión Artemis II, que llevará a cuatro astronautas a orbitar la Luna.
Esta expedición alrededor de nuestro satélite natural preparará el camino para un eventual aterrizaje y, con el tiempo, para establecer una base lunar.
El programa Artemis ha implicado años de esfuerzo colectivo, sumando la colaboración de miles de personas y alcanzando un coste estimado hasta ahora de US$93.000 millones.
No obstante, para algunos prevalece la sensación de "ya estuvimos, ya se hizo".
Hace más de cinco décadas, las misiones Apolo de Estados Unidos marcaron un hito cuando los primeros humanos pisaron la Luna. Con un total de seis alunizajes, parecía que la exploración lunar había concluido.
Entonces, ¿qué motiva a Estados Unidos a invertir tanto tiempo, recursos y dinero para regresar allá?
Recursos valiosos

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Aunque la superficie aparenta ser seca, polvorienta y árida, en realidad esto está lejos de ser la verdad.
"La Luna posee los mismos elementos que están presentes en la Tierra", señala la profesora Sara Russell, científica planetaria del Museo de Historia Natural de Londres.
"Por ejemplo, los elementos de tierras raras, que son escasos en nuestro planeta, podrían encontrarse en determinadas regiones lunares con concentraciones suficientes para su extracción".
También contiene metales como hierro y titanio, así como helio, empleado en múltiples aplicaciones desde superconductores hasta equipos médicos.
Sin embargo, el recurso que más interés genera es, sin duda, el agua.
"Se encuentra atrapada en ciertos minerales y existen cantidades notables en las regiones polares", explica Russell.
Según detalla, hay cráteres que permanecen perpetuamente en sombra, donde el hielo puede acumularse.
El acceso al agua es imprescindible para la permanencia humana: no solo provee agua potable, sino que también puede fraccionarse en hidrógeno y oxígeno para crear aire respirable y servir como combustible para naves espaciales.
La carrera por el dominio del espacio

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Las misiones Apolo de Estados Unidos durante las décadas de los 60 y 70 fueron impulsadas por una competencia espacial con la Unión Soviética. Hoy, el principal adversario es China.
El programa espacial chino ha progresado rápidamente, logrando exitosos aterrizajes de robots y vehículos automatizados en la Luna, y anunció su intención de llevar humanos al satélite para 2030.
Aunque el prestigio sigue vinculado a quién pone la primera bandera en la superficie lunar, ahora la prioridad es la localización exacta de ese asentamiento.
Tanto Estados Unidos como China buscan controlar las áreas con mayor concentración de recursos, asegurándose así las mejores porciones del terreno lunar.

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El Tratado del Espacio Ultraterrestre de la ONU de 1967 prohíbe que cualquier nación reclame propiedad sobre la Luna.
Sin embargo, la situación cambia cuando se trata de los recursos existentes en la superficie lunar.
"Aunque no es posible poseer un terreno conforme al tratado de la ONU, sí se puede operar en él sin interferencias", explica Helen Sharman, la primera astronauta británica.
"Por ello, la cuestión ahora se centra en asegurar un área de terreno. No se puede tener propiedad, pero sí se puede utilizar. Y una vez instalado allí, el acceso es ilimitado".
Allanando el camino hacia Marte

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El objetivo de la NASA es enviar humanos a Marte durante la década de 2030.
Aunque los desafíos tecnológicos son considerables, el calendario se mantiene ambicioso. Por ello, Estados Unidos ha decidido usar la Luna como primer paso.
"Estar en la Luna durante períodos prolongados resulta mucho más seguro, económico y sencillo como banco de pruebas para adaptarse a la vida en otro planeta", opina Libby Jackson, directora del área espacial del Museo de la Ciencia de Londres.
Desde una base lunar, la NASA podrá desarrollar y perfeccionar tecnologías para proporcionar aire y agua a los astronautas. Además, deberán aprender a generar energía y construir refugios que resistan las temperaturas extremas y la radiación espacial.
"Estas tecnologías, si se prueban inicialmente en Marte y fallan, podrían generar consecuencias graves. Afortunadamente, es mucho más seguro validarlas en la Luna", concluye Jackson.
Misterios por descifrar

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Las muestras lunares traídas a la Tierra por los astronautas Apolo revolucionaron el conocimiento sobre nuestro satélite natural.
"Revelaron que la Luna se formó tras un impacto catastrófico en el que un cuerpo del tamaño de Marte colisionó con la Tierra y los fragmentos resultantes originaron la Luna. Esto lo sabemos gracias a las rocas del Apolo", señala la profesora Sara Russell.
Sin embargo, persiste mucho por aprender.
Dado que la Luna alguna vez fue parte de la Tierra, conserva un registro de 4.500 millones de años de la historia terrestre. Al carecer de placas tectónicas, viento o lluvia que alteren esta información, el satélite actúa como una cápsula del tiempo.
"La Luna es un archivo excepcional de la Tierra", dice Russell. "Obtener nuevas muestras desde áreas diferentes sería una contribución invaluable".
Inspirando a una nueva generación

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Las imágenes en blanco y negro y baja resolución que emitieron las misiones Apolo hicieron tangible el sueño espacial.
Aunque solo unos pocos lograron convertirse en astronautas, muchas personas inspiradas por estas misiones encontraron su vocación en la ciencia, tecnología e ingeniería.

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Se espera que las misiones Artemis, que serán transmitidas en directo y en resolución 4K, sirvan para motivar a nuevas generaciones.
"Vivimos en una era tecnológica y se requieren científicos, ingenieros y matemáticos; la exploración espacial posee un gran poder para despertar el interés en estas áreas", sostiene Libby Jackson.
Los puestos de trabajo emergentes y una economía espacial en crecimiento aportarán beneficios económicos a Estados Unidos, recuperando la inversión multimillonaria realizada en Artemis, junto con las innovaciones tecnológicas que puedan aplicarse en la vida diaria.
Helen Sharman señala que el regreso a la Luna también proporcionará al planeta un impulso necesario: "Si nos unimos auténticamente, podemos alcanzar logros que favorezcan a la humanidad", comenta.
"Es una muestra del potencial que tienen los seres humanos".

