En 2025, en España nacieron más bebés de madres mayores de 40 años por primera vez que de mujeres menores de 25 años.
La maternidad tardía se ha afianzado como una tendencia permanente, mientras que los nacimientos entre jóvenes han descendido casi un 26% en la última década.
Factores como la dificultad para independizarse, el desempleo juvenil y la prioridad de la carrera profesional justifican este cambio social.
El retraso en la maternidad afecta la natalidad global y podría agravar el envejecimiento poblacional en España.
La maternidad en España ha ido desplazándose progresivamente hacia edades más avanzadas, tal como reflejan las cifras oficiales.
De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística (INE), la cantidad de mujeres menores de 25 años que dieron a luz en 2025 fue notablemente inferior al número de madres mayores de 40 años. En esa franja de edad, las mujeres tuvieron 33.380 hijos, frente a los 30.577 nacimientos de madres menores de 25.
Diferentes razones explican este cambio social, aunque la dificultad de los jóvenes para independizarse y acceder a una vivienda es fundamental.
La realidad demográfica contradice la interpretación oficial del país, que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, describió con una frase triunfalista: «España va como un cohete».
Los datos muestran otra realidad: una maternidad que se retrasa dentro de un contexto cada vez más complicado para los jóvenes.
A inicios de la década pasada, la maternidad a partir de los 40 años era algo minoritario.
En 2013 (primeros datos recogidos por el INE) se contabilizaron algo más de 29.000 nacimientos en mujeres de 40 a 50 años. Para 2025, esa cifra se acerca a 33.400, pese a la disminución del número total de nacimientos en España.
El incremento en partos se concentra especialmente en el grupo de mujeres de 40 a 44 años, que aumenta de poco más de 27.000 a cerca de 29.700.
El segmento de madres mayores de 45 años sigue siendo reducido, pero también muestra crecimiento, consolidando la idea de que la maternidad tardía se ha convertido en un rasgo estructural en lugar de algo excepcional.
Este cambio en la edad para tener hijos refleja una transformación profunda en la sociedad.
La cuestión material pesa: España encabeza desde hace años la tasa de paro juvenil en la UE, con un 25,4% entre menores de 25 años. Pero también influyen motivos culturales.
«Está claro que la sociedad ha evolucionado respecto a los grandes consensos en torno a las dinámicas de pareja, la familia, y la posición que uno ocupa en el mundo… ¿Qué se está dispuesto a ceder?», explica Rebeca Cordero, socióloga y profesora de la Universidad Europea.
Cordero comenta que vivimos en una época donde las personas «no desean renunciar a la juventud y el hecho de ser madre implica un cambio y una transformación vital».
Muchas mujeres postergan la maternidad hasta lograr una vida que consideran «suficientemente plena». Además, hoy en día la mayoría prioriza el desarrollo profesional, subraya la socióloga.
Luego surge la necesidad de encontrar una ocupación que proporcione estabilidad económica, y aparecen factores no considerados hace diez años, como «el amor líquido y la búsqueda constante de oportunidades…».
Adiós a la madre joven
En 2013, los nacimientos de madres menores de 25 años rondaban los 41.000. Para 2025 apenas llegan a 30.500, una caída cercana al 26%.
Esta bajada se concentra en mujeres de 20 a 24 años, que de más de 32.000 pariciones bajan a unos 25.000. También disminuyen los nacimientos entre 15 y 19 años, pero la maternidad adolescente queda reducida a casos cada vez más marginales.
El resultado es un fenómeno impensable hace una generación: por primera vez, las mujeres mayores de 40 años tienen en total más hijos que todas las menores de 25.
Este cambio en la natalidad no ocurrió de repente. Es fruto de una evolución constante durante una década.
Al inicio de la serie (2013), las menores de 25 tenían claramente más hijos que las mayores de 40, pero esa diferencia se redujo paulatinamente en 2014, 2015 y 2016.
Para 2017, la brecha entre ambos grupos de edad era casi simbólica, con apenas unos cientos de nacimientos, anunciando una inminente inversión de la situación.
El punto de inflexión llegó en 2018, cuando, por primera vez, los bebés nacidos de mujeres de 40 años o más superaron a los de las menores de 25.
Con el paso de los años, este escenario se afianzó: entre 2019 y 2025 creció el número de madres mayores de 40, mientras la natalidad en menores de 25 se mantuvo estancada.
Los 30, edad para ser madre
Entre estos extremos, la franja de los treinta continúa siendo la predominante para la maternidad, aunque también presenta cambios.
Las mujeres de 30 a 34 años concentran la mayoría de nacimientos, pero disminuyen de unos 155.000 hace diez años a poco más de 106.000.
Los datos muestran, además, que dentro de los treinta la maternidad se aplaza hacia el tramo de 35 a 39 años, con más de 95.000 nacimientos anuales.
En conjunto, este desplazamiento de los nacimientos hacia edades superiores refleja un cambio estructural: una formación académica más larga, una incorporación laboral más tardía y relaciones de pareja más inestables.
«Podemos afirmar que, en el campo afectivo-sexual, nos movemos en un contexto de mayor inestabilidad«, apunta Cordero. «Nos cosificamos, convirtiéndonos en un producto dentro del mercado del amor», añade.
Para esta profesora de la Universidad Europea, el contexto social revela que «cuanto más superficiales sean las relaciones sentimentales, más cerca se estará de la felicidad: habrá menos complicaciones».
Todas estas condiciones influyen en la natalidad total, ya que postergar la maternidad también repercute en la cantidad de hijos que una mujer termina teniendo. Esto conduce a un deterioro demográfico.
La pregunta esencial es si esta dinámica puede modificarse. La experta responde con claridad: «No, no creo que esta situación sea reversible a medio y largo plazo. Los valores de la sociedad de consumo juegan en contra incluso del deseo de ser madre».

