Comencé a correr a los 66 años y a los 82 años he establecido múltiples récords mundiales en ultramaratones.

Juan López, en una prueba de atletismo, carga 4 medallas en el cuello.

Fuente de la imagen, Juan López G.

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    • Título del autor, BBC News Mundo
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Juan López tenía 66 años cuando, por primera vez, se calzó un par de tenis y salió a correr desde su casa en Toledo, España. Hoy, a sus 82 años, ha establecido múltiples récords en las categorías de «ultra distancia» dentro de su rango etario.

En diálogo con BBC Mundo, explica que, pese a contar con poco tiempo para sus entrenamientos debido a los cuidados de su esposa, procura correr seis veces por semana para mantenerse activo.

«Cada mañana la dedico a preparar el desayuno, hacer las compras y otras tareas del hogar», comenta, «y por las tardes, una vez que dejo a mi mujer, Mari, descansando en el sillón, puedo salir a entrenar: corro entre dos y dos horas y media, tanto en invierno como en verano».

Los domingos cambia la rutina, ya que sale temprano con un grupo de compañeros para recorrer largas distancias: «Es muy agradable porque se puede charlar mientras se mantiene un ritmo cómodo para hacer varios kilómetros de rodaje».

Juan es un caso excepcional, tan particular que un equipo de investigadores de la Universidad de Castilla La Mancha, España, decidió estudiarlo a fondo y descubrió que su edad metabólica —esto es, la edad estimada de su organismo medida por la energía (calorías) que consume en reposo— corresponde a la de una persona de poco más de veinte años.

Juan López González mira sonriente a la cámara, desde detrás de portátil

Fuente de la imagen, Juan López G.

«Lo que destaca en los músculos de Juan es su gran eficiencia cardiorrespiratoria para usar oxígeno en la generación de fuerza», explica el doctor Julián Alcázar a BBC Mundo.

Aunque los científicos reconocen que parte de la condición de Juan se debe a la suerte —por no haber padecido enfermedades congénitas relevantes ni accidentes con secuelas a lo largo de su vida—, esto apenas justifica una fracción mínima de su excepcionalidad.

Cada vez más expertos coinciden en que, para comprender la longevidad, es más provechoso atender a las experiencias de personas como este orgulloso toledano, cuya perseverancia y capacidad de innovación se convierten en claves para vivir una vida prolongada y saludable.

Juan corriendo con una camiseta de España, con un corredor rumano tras él.

Fuente de la imagen, Juan López G.

Pasión por la velocidad

Que Juan haya comenzado a correr a los 66 años no significa que su relación con la velocidad haya sido novata.

«Mi conexión con los autos empezó cuando era muy joven», relata con entusiasmo.

«Comencé a los 11 años con vehículos que tenían ruedas de hierro, y luego estudiaba en las noches».

Juan tuvo una carrera fructífera como mecánico automotriz: fundó su propio taller, donde empleó a varios aprendices que, tras su retiro, se hicieron cargo del negocio.

Sus profundos conocimientos mecánicos le permitieron, ya cerca de los 60 años, construir un auto de carreras para participar en el autocross de Castilla-La Mancha, dentro de la categoría prototipos.

«Utilicé el chasis de un Seat 600 y le incorporé un motor potente (un V6 de 2.700 cc), además de modificar suspensiones, ruedas, frenos, dirección y colocar un motor central».

Juan, en su taller, muestra orgulloso el Seat 600, un auto blanco, pequeño, de dos puertas, que él mismo modificó.

Fuente de la imagen, Juan López G.

Juan, victorioso con una medalla al cuello y una corona de laureles, abraza con cariño a su esposa quien sonríe alegremente a la cámara.

Fuente de la imagen, Juan López G.

El doctor Alcázar señala que este estilo de vida activo, en el que Juan se mantenía en constante movimiento por su trabajo, pudo ser un factor que alimentó su buena salud y le otorgó un punto de partida favorable para comenzar a correr.

«Si en lugar de un trabajo mecánico, Juan hubiera hecho una labor de oficina, sentado muchas horas, probablemente hoy tendría otros problemas de salud o rutinas menos propicias para lograr lo que consiguió».

Sin embargo, la prolongada relación de Juan con el mundo automotor estaba llegando a su fin: tras dedicar la mayor parte de su vida adulta a esta pasión, decidió abandonarla.

«Lo disfruté durante muchos años», relata a BBC Mundo, «pero llegó el momento en que debía cambiar homologaciones y gastar dinero, y pensé ‘es hora de dejarlo’».

Aunque la vida tras la jubilación suele traer incertidumbre, para Juan fue evidente que dejar los autos no implicaba detenerse.

Con el tiempo libre que ahora poseía, tuvo que buscar nuevas formas de ocupar su tiempo.

«Y así, encontré otro camino».

El Camino

Juan Lopez junto a tres compañeros senderistas, con mochilas al hombro en una montaña

Fuente de la imagen, Juan López G.

Un día, sin imaginar que su decisión abriría una nueva etapa en su vida, Juan recordó una promesa hecha años antes a un primo.

«Le había dicho a mi primo ‘cuando me jubile, haré el Camino de Santiago contigo’, y cumplí», relató Juan.

«Primero hice una prueba de 100 km y luego pensé: ‘quiero hacer el Camino entero, comenzando desde Francia, de San Juan Pie de Puerto hasta Santiago, 800 km en 20 días’».

Al notar el tiempo que Juan dedicaba a este nuevo pasatiempo, su hija —la única de la familia que practica deportes, escalada— le aconsejó hacer un ejercicio más eficiente: «Me dijo ‘papá, deberías empezar a correr porque caminando pasas muchas horas fuera de casa’».

Juan tenía entonces 66 años.

«Comencé y apenas podía durar un minuto sin parar», recuerda Juan. «Le decía a mi hija ‘me asfixio’, ‘no puedo’, ‘no sirvo para esto’. Pero ella insistía: ‘sigue, aguanta ese minuto y no lo dejes’. Así empecé, poco a poco».

Manteniendo un régimen de recuperación y alimentación adecuados, Juan fue aumentando las distancias y se unió a un grupo de corredores de fondo toledanos con quienes comenzó a entrenar.

Su progreso sorprendió a sus compañeros, uno de los cuales le animó a competir: «Si te federaras, creo que estarías entre los 4 o 5 mejores de España».

Juan López G. corriendo

Fuente de la imagen, Juan López G.

El doctor Alcázar aclara a BBC Mundo que esta aparente facilidad con la que Juan ingresó al atletismo responde a su morfotipo —un hombre delgado y de estatura baja— y a la capacidad muscular para aprovechar el oxígeno y oxidar grasas.

«Juan posee una capacidad sobre el promedio», indica Alcázar, «similar a la que tendría una persona entrenada para usar oxígeno y grasas, combustible fundamental en carreras de ultra larga distancia».

«Este mecanismo es esencial porque preserva el uso de otros combustibles, como azúcares o carbohidratos, que son necesarios en esfuerzos intensos».

Siguiendo el consejo de su amigo, Juan dio inicio a una carrera deportiva que lo ha colocado en titulares internacionales hasta hoy.

Las diferencias entre entrenar y competir

Juan corriendo en una pista cerrada

Fuente de la imagen, Juan López G.

Se podrían escribir páginas enteras sobre cuántos récords mundiales ha batido Juan en su categoría y la cantidad de medallas que ha acumulado desde que comenzó a competir a los 70 años.

Tal vez bastaría con citar su récord mundial logrado en 2025 para apreciar su nivel: Juan superó el récord anterior en la categoría de 50 kilómetros para mayores de 80 años (establecido por el estadounidense Don Winkley con 5:36:39) completando la distancia en 4:47:39, casi 49 minutos menos.

Este desempeño implicó que mantuviera un ritmo promedio de 5:44 minutos por kilómetro, reflejo de una capacidad aeróbica extraordinaria.

«El éxito de Juan reside principalmente en la capacidad de sus músculos para utilizar el oxígeno», enfatiza el profesor Alcázar, «el oxígeno que entra por el sistema respiratorio pasa a la sangre, esta lo transporta a los músculos y ellos lo emplean para funcionar».

«Juan tiene una capacidad superior a la normal, comparable a la de una persona joven y entrenada para usar ese oxígeno y oxidar grasas».

Aunque por la condición de salud de su esposa Juan ha reducido las competencias en las que participa, mantiene un régimen de entrenamiento riguroso para conservar su forma física, ya que siente que aún tiene mucho para dar.

«No me gusta la palabra viejo porque lo viejo es algo que no sirve», comenta con una sonrisa, «y yo todavía me siento capaz de muchas cosas. Una de ellas es ayudar a mi esposa, que depende de mí».

«Si ella se sienta o se cae, la puedo levantar sin problemas, y eso se lo debo al deporte que practico».

Juan y Mari recién casados.

Fuente de la imagen, Juan López G.

Este punto es fundamental para el investigador Alcázar, quien considera que la clave del ejercicio es mantenerlo sostenido a lo largo del tiempo y convertirlo en una costumbre.

«No sirve de nada el mejor programa de entrenamiento si no se lleva a cabo», aclara.

«Podría indicarte el ejercicio ideal, la cantidad y la intensidad perfectas, y dártelo, pero si no eres capaz de mantenerlo, sea hoy, mañana o toda la vida, no tiene sentido».

Juan coincide y recomienda no enfocarse exclusivamente en entrenar para competir, sino en mantener la forma física.

«Practicar deporte o atletismo está muy bien a nuestra edad, pero el cronómetro ya no debería ser tan importante», afirma.

«Si el ejercicio es para mantenimiento, es mucho más saludable. Así que hay que acostumbrarse a continuar porque, aunque deje de competir, no voy a dejar de entrenar».

Consejos de un campeón

Juan en lo más alto del podio, recibiendo una medalla de oro en una prueba de 3.000 mts

Fuente de la imagen, Juan López G

El ingreso de Juan a los laboratorios de la Universidad Castilla La Mancha fue inesperado, según relata el profesor Alcázar, pero ha supuesto una fuente valiosa de conocimiento sobre el buen envejecimiento.

«Un día, no recuerdo quién del equipo de investigación se cruzó con Juan corriendo por Toledo y le invitó a venir al laboratorio, aunque en ese momento no lo conocíamos y no imaginábamos que lograría lo que alcanzó», explica.

Durante tres años lo han estudiado de cerca: «Hemos tenido mucha suerte o acaso fue una casualidad intencional haber podido monitorear a Juan de cerca, lo que nos ayudará a comprender mejor los efectos del ejercicio a su edad y qué metas aún pueden alcanzarse».

Juan no percibe límites y aconseja explorar y probar, permitiendo que los límites lo encuentren a uno.

«No me siento viejo ni me ubico en el grupo de edad de amigos o vecinos que creen ‘ya no hago esto porque no tengo edad’».

Juan con su esposa, hijos y nietos

Fuente de la imagen, Juan López G.

«Puedes tener capacidades físicas, pero si te quedas sentado en un sillón, nunca las desarrollarás. Y me siento muy satisfecho porque, si no fuera por el deporte, probablemente no estaría en las condiciones actuales».

Tal vez el consejo más valioso que Juan compartió, y que puede aplicarse al entrenar, está ligado a la motivación y cómo logra mantenerla en las largas distancias donde el cansancio puede jugarle en contra.

«Cuando corro esas distancias largas, teniendo una familia numerosa —mi esposa, hijas, nietos y bisnieto, en total 11— divido la carrera en 11 partes y dedico cada segmento a uno de ellos, lo que hace el recorrido más llevadero».

Agrega: «Mantengo ocupada la mente en estas cosas y creo que es un buen método para distraer el pensamiento del esfuerzo».

Este sistema tal vez también sirva para encontrar motivación cuando llega el momento de empezar a moverse.

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