Eurostat sitúa la vivienda en bloque como fórmula dominante y un experto inmobiliario apunta al peso cultural detrás de este modelo residencial

España representa una excepción dentro del panorama residencial europeo. Mientras que en gran parte de la Unión Europea predominan las viviendas unifamiliares, en este país la mayoría de la población habita en apartamentos. El informe de Eurostat de 2025 sobre vivienda confirma que España lidera la Unión Europea en porcentaje de personas residiendo en pisos y refuerza la idea principal: el modelo residencial español sigue caracterizándose por la vida en bloques urbanos.
De acuerdo con la oficina estadística comunitaria, el 65% de la población española vive en un apartamento, frente al 35% que habita en una casa. En el conjunto de la Unión Europea sucede lo contrario: el 51% reside en casas y el 48% en pisos. Solo Letonia, con un 64%, y Malta, con un 63%, se acercan a la situación española. En el extremo opuesto, Irlanda lidera la vivienda unifamiliar, con un 90% de su población habitando casas.
Un patrón que no se explica solo por el precio actual
El predominio del piso en España no resulta únicamente de una coyuntura reciente del mercado, sino también de un modelo de crecimiento urbano con raíces profundas. La BBC recordó en un reportaje de 2022 que el fuerte impulso a la vivienda en altura tuvo lugar en los años 60 y 70, durante el desarrollismo franquista, cuando la migración rural llevó a miles de familias a las ciudades, lo que obligó a construir con rapidez, economía de recursos y en terrenos limitados. La solución fue levantar barrios enteros con bloques, una huella que aún define el parque residencial español actual.
A este origen histórico se añade un factor que permanece plenamente vigente: el alto coste del suelo en las grandes urbes. En diálogo con Infobae, el experto inmobiliario Edoardo Corda considera que una de las claves del dato de Eurostat radica en la “densidad brutal en las grandes ciudades” y la “escasez de suelo”, que elevan considerablemente el precio por metro cuadrado. Desde su punto de vista, “si uno desea vivir en estas ciudades tiene dos opciones: desplazarse con el mismo presupuesto a 30, 35 o 40 minutos del centro para permitirse una casa, o bien optar por residir en el centro y reducir la superficie disponible”, explica.
En esta entrevista, Javier Gil analiza las causas y consecuencias de la crisis habitacional en España. Desde el 'rentismo' que desplaza a familias con fines lucrativos, hasta posibles soluciones que incluyen la reorganización del mercado.
El peso de la vida urbana en España
Corda agrega otro aspecto en la interpretación del dato: muchos compradores prefieren mantenerse próximos al trabajo, los servicios y la actividad cotidiana de la ciudad. “El perfil español, por lo general, no desea estar a más de diez, quince o veinte minutos del trabajo”, señala. Según su experiencia, en otros países europeos es común aceptar desplazamientos más largos y mudarse a zonas periféricas donde predominan las viviendas unifamiliares, mientras que en España predomina la idea de vivir en el casco urbano o en sus proximidades.
Esta interpretación se vincula con otro dato del propio informe de Eurostat: en las ciudades de la Unión Europea, el 73% de la población reside en pisos y el 27% en casas. España, por tanto, no se aleja de la lógica urbana europea, pero la expresa con mayor intensidad que la mayoría de sus vecinos. El modelo de grandes capitales como Madrid o Barcelona, con alta concentración poblacional y precios muy elevados, refuerza aún más esta tendencia.
El especialista también señala un componente cultural. “Probablemente, entre todos los factores, el cultural es el que tiene mayor peso”, indica. A su juicio, en España se otorga mayor importancia a la vida social fuera del hogar que en otros países del norte y centro de Europa, donde prevalece la vivienda familiar en zonas periféricas. “Se valora más la terraza de la plaza de siempre, donde está todo el grupo de amigos, que el patio del jardín particular”, explica Corda.
Este argumento aparece igualmente en el artículo de la BBC, que relaciona la vivienda en pisos con el uso constante del espacio público, el clima y una forma de sociabilidad muy ligada a la calle, las plazas, las terrazas y los barrios densos. En línea con esto, Edoardo Corda sostiene que en España “la gente vive más en sociedad, en conjunto, en contraste con un núcleo familiar más individualista”.
Más que el tipo de vivienda, Eurostat apunta a su calidad
El hecho de que España sea el país de la UE con mayor proporción de población en pisos no indica por sí solo una anomalía negativa. “Que la población viva menos en chalés no es algo negativo. Siempre hay que interpretar correctamente los datos”, señala Corda.
El foco, entonces, no está solo en el tipo de inmueble, sino en sus condiciones. En este aspecto, Eurostat sitúa a España entre los países con mayor porcentaje de personas que no pueden mantener su vivienda adecuadamente caliente: un 18%, solo superado por Bulgaria y al nivel de Grecia. Este dato evidencia problemas relacionados con la calidad, el aislamiento y la eficiencia energética de parte del parque residencial, especialmente en edificios antiguos.
Una singularidad que se mantiene en el tiempo
La prevalencia de la vivienda en pisos en España no parece ser un fenómeno pasajero, sino el resultado de varios factores acumulados: un crecimiento urbano vertical, altos precios del suelo, la relevancia de las grandes ciudades y la indiscutible preferencia de los españoles por la centralidad.
Corda tampoco observa un cambio claro en esta tendencia: “La gente ya tiene la opción” de trasladarse a casas unifamiliares más alejadas, afirma, pero “en general, la mayoría sigue prefiriendo, por razones culturales, la vida en la gran ciudad”.

