Recorre entre 13,5 y 15 kilómetros a través de un extenso cráter volcánico, siguiendo un barranco que atraviesa pinares y escarpadas paredes hasta llegar a uno de los rincones naturales más fascinantes de la isla
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La ruta hacia la Cascada de Colores en La Palma atraviesa barrancos y laderas escarpadas dentro de la Caldera de Taburiente, uno de los paisajes volcánicos más característicos de España, donde la práctica del senderismo se convierte en una experiencia llena de contrastes y sorpresas.
Existen senderos que parecen hechos para perderse sin prisa, donde cada curva descubre un nuevo paisaje y cada descenso acerca al excursionista a un escenario inesperado. En el centro de la isla de La Palma, uno de esos trayectos se desliza entre pinares y paredes volcánicas que superan los 1.000 metros de altitud, siguiendo el curso de un barranco que, durante siglos, ha modelado un terreno tan abrupto como fascinante.
Un recorrido por la Caldera de Taburiente
Este camino lleva hasta uno de los lugares más destacados del Parque Nacional de la Caldera de Taburiente, una depresión de aproximadamente ocho kilómetros de diámetro formada gracias a la erosión y la actividad volcánica. Declarado Parque Nacional en 1954 y parte de la Reserva Mundial de la Biosfera desde 2002, esta área natural es reconocida por sus desniveles que alcanzan casi los 2.000 metros y por la variedad de ecosistemas que en ella conviven.
La ruta puede comenzar en el Mirador de los Brecitos, atravesando bosques de pinos antes de descender hacia el interior del barranco, o también desde el aparcamiento del Barranco de las Angustias, que ofrece un recorrido más breve y de mayor accesibilidad. Ambos senderos, señalizados, permiten transitar por un terreno con pendientes irregulares y suelos variados, donde el paso del agua ha ido tallando la roca durante millones de años.
El origen de la cascada multicolor
El destino final de este trayecto, tras recorrer entre 13,5 y 15 kilómetros, es una formación tan singular como reconocible: una cascada en la que el agua, cargada de minerales, pinta la roca a su paso. Su historia se remonta a los años 60, cuando se construyó un muro para retener el agua en un estrechamiento del barranco. Desde entonces, el flujo constante de aguas ferruginosas ha ido depositando sedimentos sobre la pared, provocando una transformación paulatina del paisaje con el paso del tiempo.
Este fenómeno ha generado una variedad de tonalidades que abarcan desde el amarillo al naranja, junto con los verdes del musgo y las algas y los negros de la roca volcánica. La paleta cambia según el caudal del agua y la época del año, mostrando su máxima intensidad durante los meses lluviosos, cuando la cascada despliega todo su esplendor.
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La ruta hacia la Cascada de Colores en La Palma avanza entre barrancos y escarpadas laderas dentro de la Caldera de Taburiente, uno de los paisajes volcánicos más característicos de España, donde el senderismo se convierte en una experiencia llena de contrastes y sorpresas.

