Trayectoria personal de Víctor Muñoz (22): psicólogo, políglota y orígenes familiares en Barcelona

Víctor Muñoz, durante un partido de fútbol esta temporada con Osasuna. El futbolista del CA Osasuna está captando la atención de Luis de la Fuente, quien lo tiene en cuenta para una posible convocatoria en la próxima Copa del Mundo.

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Con 22 años, Víctor Muñoz comienza a consolidarse en el fútbol profesional, aunque lejos de los reflectores, su vida presenta una imagen muy distinta a la habitual entre las jóvenes promesas del fútbol.

Pamplona se ha convertido en su residencia actual, una ciudad que lo ha acogido con naturalidad y donde ha logrado equilibrar su desarrollo deportivo con su crecimiento personal. «Hoy en día mi vida gira en torno a Pamplona, donde comparto hogar con mi novia», comentó durante un evento de patrocinio, añadiendo que ya le han aconsejado vivir los Sanfermines «como un auténtico pamplonés».

La integración en su nuevo entorno fue sencilla. El joven delantero aborda con calma la convivencia en pareja y la tranquilidad que ofrece una ciudad donde, según sus palabras, «la gente es muy respetuosa».

Camina por el casco antiguo, sale a cenar con amigos o recibe las visitas familiares sin estrés. «Me sorprende lo sencillo que resulta desplazarme por el centro. Siempre hay alguien que me pide una foto o envía un mensaje de ánimo, pero siempre con respeto. Eso lo valoro mucho», relató al Diario de Navarra.

Víctor Muñoz nació en Barcelona y mantiene fuertes lazos con el barrio que lo vio crecer. Sus padres y hermano residen allí, y aunque la distancia con Pamplona es considerable, intentan visitarlo cada fin de semana libre. «Disfrutan mucho venir a El Sadar», comenta sonriendo.

Víctor Muñoz, durante el partido de Liga ante el Atlético de Madrid.

Víctor Muñoz, durante el partido de Liga ante el Atlético de Madrid. Europa Press

«Me cuentan que el ambiente en el estadio es increíble, y sé que para ellos verme jugar sigue siendo algo muy relevante». Su familia, afirma, constituye su principal referencia y su guía para mantener la humildad, algo imprescindible en el mundo del fútbol. «Provengo de una familia sencilla y trabajadora. Mi madre era peluquera, pero tuvo que dejarlo por una lesión en la mano, y mi padre labora como celador. Siempre he observado el esfuerzo que implica conseguir las cosas, y eso te enseña valores».

Esa herencia basada en el esfuerzo y la modestia se refleja constantemente en su forma de hablar. En el vestuario se le percibe como alguien centrado, humilde y responsable. «No se le sube nada a la cabeza, y eso viene de casa», aseguran quienes lo conocen.

Víctor Muñoz, por su lado, expresa con orgullo esos orígenes: «Mis padres me enseñaron que lo importante no es solo llegar, sino mantenerse como buena persona. Eso intento aplicar también en el fútbol».

La mente como parte esencial del entrenamiento

Desde hace tres años, el joven mediocampista trabaja regularmente con un psicólogo deportivo. Comenzó durante su etapa en Madrid, cuando aún exploraba el salto al fútbol profesional, y desde entonces ha incorporado el trabajo mental como una rutina tan fundamental como el físico.

«Al inicio asistía a sesiones presenciales, ahora mantenemos contacto online desde Pamplona. Me ayuda mucho a manejar la presión, las lesiones y hasta los momentos buenos, que a veces también cuesta asimilar. La mente debe entrenarse igual que las piernas», reflexiona.

Esta mentalidad lo distingue en una generación donde la presión y la exposición mediática pueden resultar abrumadoras. Para Muñoz, hablar de salud mental no es tabú, sino un componente más para alcanzar la madurez profesional. «No se trata solo de ofrecer un rendimiento en el campo -explica-, sino de aprender a disfrutar el proceso sin perder la esencia».

En sus ratos libres, Víctor Muñoz dedica gran parte del día a un objetivo personal que encara con la misma disciplina que el deporte: estudiar inglés. «Es un proyecto personal. Lo hago por interés, pero también porque sé que será útil para el futuro, dentro o fuera del fútbol», comenta.

Sus compañeros lo describen como un jugador observador, algo reservado, que prefiere mantener la calma antes que buscar protagonismo. «Tiene ese punto reflexivo que no es común a los 22 años», dicen en su entorno. Él mismo admite que necesita desconectarse del balón de vez en cuando: «Disfruto de cosas simples, una cena tranquila, una película o tiempo con mi pareja. No todo tiene que estar centrado en el fútbol».

Aunque su rutina ahora transcurre en Pamplona, Víctor Muñoz mantiene un fuerte vínculo con Barcelona, lugar esencial y punto de partida de su historia. «Siempre seré de allí. Cada vez que vuelvo siento que pertenezco al barrio y a la gente de siempre. Esa normalidad me hace bien», confiesa.

De cierto modo, esa doble identidad —la raíz barcelonesa y el presente navarro— define bien quién es: un joven profesional que persigue sus objetivos sin perder sus raíces.

Aún le queda mucho por avanzar en el fútbol, pero su historia fuera de los estadios revela algo más profundo: un joven que no se define únicamente por su carrera, sino por los valores que lo sostienen. Y en un deporte donde lo urgente suele eclipsar lo importante, esa madurez anticipada podría ser su mayor talento.

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