La paciente relata que en junio de 2025 le diagnosticaron un adenocarcinoma endocervical in situ y que tuvo que someterse a una histerectomía. El Confidencial ha accedido a la reclamación presentada contra la Conselleria de Sanidad
Esta es la historia de una mujer de Alicante que expulsó un guante que contenía en su interior una maraña de gasas. No es el argumento de una película de tarde, sino la pesadilla que asegura haber vivido una paciente de 49 años hace apenas un mes.
E. B. L., que prefiere mantener su anonimato, fue diagnosticada con adenocarcinoma endocervical in situ (AIS) en junio de 2025 durante una revisión rutinaria. Esta lesión precancerosa de alto grado afecta a las células glandulares del cuello uterino. Según relata a este medio, recibir esta noticia fue un “shock”. Primero fue sometida a una conización, procedimiento ginecológico que consiste en extirpar una porción en forma de cono del cuello uterino, en julio del mismo año. Sin embargo, posteriormente le recomendaron una histerectomía de útero y trompas de Falopio.
Esta última cirugía se realizó finalmente el 18 de febrero de 2026. La paciente recuerda que aquel día coincidió con la primera semana de huelga nacional de médicos contra el Estatuto Marco, que tuvo lugar del 16 al 20 de febrero. Al llegar al Hospital Universitario San Juan de Alicante y mientras la preparaban para entrar al quirófano, notó cierta tensión en la ginecóloga. “Madre mía, ayer estabas enfadada», comentó un sanitario. «Sí, estoy en huelga y tuve que venir a trabajar”, respondió ella.
Tras la cirugía, al despertar, el dolor en la zona baja del abdomen era intenso e insoportable. Además, una enfermera le dijo: “Uy, se te mueve un diente”. La mujer se preguntó cómo podían saberlo, sin comprender que esto posiblemente ocurrió durante la intubación o por maniobras anestésicas.
“Desde el principio tenía la sensación de querer expulsar algo, pero me decían que no me preocupara, que llevaba una sonda y que era normal. Sentía una necesidad constante de orinar”, describe. Al ser trasladada a la habitación, el dolor no disminuía: “Me daban morfina, pero el dolor persistía intensamente. Tuve contracciones; soy madre de dos hijos y las reconozco bien”. Mientras tanto, el personal médico atribuía el malestar a los “gases”.
Cuando pudo levantarse y caminar, esas contracciones continuaban. “Tenía que detenerme para recuperar el aliento”, recuerda. Dos días después le otorgaron el alta hospitalaria aparentemente con buena evolución clínica, pero en casa empeoró. Aquella primera noche, alrededor de las 6 de la mañana, se levantó para ir al baño porque las contracciones no cesaban: “Fue como un parto, estaba sentada en el váter y agarrándome a todo. De pronto noté que algo estaba saliendo por la vagina”. Efectivamente, un objeto cayó en el inodoro: un guante de látex de tamaño hasta el codo, manchado de sangre y con una bola de gasas dentro.
Rápidamente se dirigió a urgencias del Hospital Universitario San Juan. “¿Te acuerdas de mí, la que tenía mucho dolor? Pues mira lo que saqué: un guante, no gases”, le dijo a la ginecóloga que la atendió. “Vi cómo se pasaban la responsabilidad unos a otros y me explicaron que había sido culpa de una persona nueva en quirófano, algo que puede pasar”, relata.
Como ha podido verificar este periódico, en el informe asistencial consta que la paciente expulsó un “taponamiento vaginal”, siendo el diagnóstico principal: “taponamiento vaginal retenido”. En dicho documento se añade que acudió por “dolor abdominal, especialmente en la zona del hipogastrio, descrito como sensación de presión, y que aportó el guante con gasas”.
Sin embargo, afirma que no recibió ninguna disculpa, por lo que decidió presentar una reclamación ante la Conselleria de Sanidad valenciana el 27 de febrero de 2026. El Confidencial ha tenido acceso a este documento, donde se expone el relato y las solicitudes de la afectada. «Voy a luchar hasta el final porque esto no puede sucederle a nadie más. Me han causado un daño psicológico y no me sentí atendida en urgencias. Ni siquiera me han llamado para preguntar cómo estaba. Me tranquilizaría una disculpa y una compensación por los daños físicos y morales que sufro”, afirma.
“Lo sigo pasando mal; actualmente me someto a un tratamiento para la ansiedad. Tengo ganas de llorar porque ha sido una cadena de hechos. Durante esos días tuve un taponamiento vaginal y no podía orinar; era como un aspersor, porque no podía expulsar. Me sentaba en el váter y lloraba. Además, no sangraba y cuando expulsé el guante tuve un sangrado muy fuerte. Hoy en día sigo manchando y padeciendo dolores, espasmos y punzadas”, concluye.
El Confidencial contactó con el Hospital Universitario San Juan de Alicante para conocer su versión y recibió respuesta del departamento de prensa de la Conselleria de Sanidad: «No entramos en casos concretos porque no tenemos acceso a la historia clínica por protección de datos. Si hubiera responsabilidad, se depurará».
Ignacio Montoro, socio fundador de Summons Abogados, despacho que lleva el caso, comenta que en sus casi 15 años de experiencia ha gestionado alrededor de cuatro casos similares. “Los casos de gasas retenidas son más frecuentes, pero un guante nunca había visto”, detalla.
También aclara que la actual queja es de vía administrativa: “No se ha interpuesto denuncia penal contra los profesionales porque la responsabilidad recae en la Administración Pública tras esta negligencia, que considero muy grave. Los médicos, por norma, deben contar las gasas y dejar un guante es algo muy llamativo”.
Esto que menciona Montoro está explicado por la Asociación Española de Enfermería Quirúrgica en un documento: “El principio básico del conteo es que todo material o instrumento debe ser contabilizado en cualquier procedimiento quirúrgico invasivo, independientemente de su duración, para evitar la retención de cuerpos extraños y las lesiones derivadas para el paciente”.
¿Quién asume la responsabilidad?
Montoro añade que, a su parecer, el hospital reconoce los hechos aunque no la responsabilidad al consignar “taponamiento vaginal retenido” como diagnóstico principal en el informe de urgencias. “Creo que el sentido común prevalece, es decir, dejar un guante quirúrgico dentro tras una histerectomía es una negligencia clínica evidente”, afirma.
Por otro lado, señala que las molestias de dolor y presión referidas por la paciente podrían agravar la negligencia: “Este tipo de errores suele derivar de una mala ejecución técnica, y este es el caso porque se dejó un cuerpo extraño dentro de una persona. Además, hubo falla en el seguimiento médico. Si una paciente manifiesta dolores inusuales y no se le realiza una exploración, en términos legales esto se considera un mal funcionamiento de la Administración Pública”.
A su juicio, «la Administración tiene responsabilidad». Sobre la cuantía, dice que “no está determinada” y que dependerá de los daños personales y patrimoniales sufridos por la mujer. “Considero que, siendo un caso tan claro, se reconocerá el daño a nivel administrativo. Si no ocurre, se deberá acudir a la vía judicial contencioso-administrativa”, explica. En resumen, hay tres escenarios posibles: acepta la reclamación, la rechaza o hay silencio administrativo negativo. “Aunque la ley contempla un plazo de seis meses, por experiencia sé que nadie resuelve en ese tiempo”, añade Montoro.
Siendo un hospital público donde ocurrieron los hechos, Montoro puntualiza que la Conselleria de Sanidad sería la última responsable. “Para responsabilizar a un médico concreto habría que iniciar vía penal, que se reserva para negligencias más graves, como una pérdida de bienestar fetal. No se descarta, pero la clienta quiere que la administración asuma la responsabilidad”, apunta.
Sobre el posible daño dental, especifica que “no todo daño implica negligencia”. La mujer incluyó en la reclamación que tras la cirugía uno de sus dientes incisivos superiores presentó una “movilidad anormal muy marcada”, solicitando evaluación para determinar si la lesión ocurrió durante la intubación o maniobras anestésicas. “La historia clínica puede eximir o confirmar responsabilidad, debe incluirse si hubo pérdida dental a causa de la intervención. No he visto el consentimiento informado de anestesia porque no dispongo de él, pero suele incluirse. Por ello, que exista un daño no implica negligencia, sino que puede formar parte de los riesgos informados, salvo que se pruebe que la técnica de intubación fue defectuosa”.
Para el abogado, la negligencia se explica de forma sencilla: se valora si se actuó como lo haría un profesional medio según la lex artis (normas, protocolos, conocimientos científicos y buenas prácticas que regulan una profesión). “¿Un médico promedio podría dejar un guante en una histerectomía? En mi opinión, no”, concluye.

