Navarra conserva en España un hayedo gigante medieval único en Europa que permanece prácticamente intacto

Este bosque alberga un enorme hayedo-abetal que supera las 17.000 hectáreas, siendo una de las masas forestales más vastas y bien preservadas de Europa

Foto: El otoño es la mejor época para visitar este bosque, cuando las hojas cubren el sendero y los árboles se tiñen de tonos dorados y rojizos. (iStock)
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Pasear entre montañas cubiertas de niebla, oír el crujido de las hojas bajo los pies y percibir el aroma húmedo de la tierra constituye una vivencia que aún es posible disfrutar en una zona del norte de España. En ese lugar, un bosque inmenso y silencioso parece mantener intacta la esencia de los paisajes europeos de épocas remotas.

Ese espacio es la Selva de Irati, uno de los entornos naturales más relevantes de Navarra y uno de los mayores hayedos-abetales de Europa. Con una extensión superior a 17.000 hectáreas, este vasto bosque se despliega por los valles de Aezkoa y Salazar, llegando hasta la frontera con el País Vasco francés y conservando una calidad de preservación que ha llevado a muchos a denominarlo como el «último bosque medieval de Europa».

Un bosque singular en Europa

La impresión al internarse en Irati es la de entrar en un paisaje original. Las hayas y los abetos predominan en la mayoría del territorio, acompañados por robles, abedules y sauces que emergen conforme varían la altitud y la humedad del terreno. Bajo su follaje, el suelo se cubre con una espesa capa de hojas, musgos y helechos que amortiguan el paso del visitante y refuerzan esa sensación de bosque ancestral que parece alejado del transcurso del tiempo.

Esta suma de condiciones ha permitido que el bosque conserve una atmósfera muy similar a la que tenía hace siglos. La limitada presencia de infraestructuras interiores intensifica esa percepción de naturaleza sin alterar, donde el paisaje continúa dominado por los árboles y la humedad atlántica que rodea el entorno.

Fauna, historia y caminos para descubrir el corazón de Irati

La diversidad natural de la Selva de Irati también se refleja en su fauna. Ciervos, corzos y jabalíes habitan entre la espesura, mientras diversas especies de aves hallan aquí refugio. Entre las más notables están el picamaderos negro y el pico dorsiblanco, aves que resultan cada vez más escasas en otras regiones del continente. Por ello, parte del territorio cuenta con medidas de protección específicas y ha sido designada Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA), una categoría destinada a preservar uno de los ecosistemas forestales mejor mantenidos del Pirineo, donde la biodiversidad continúa encontrando un hábitat propicio para su desarrollo.

Además de su relevancia ecológica, el entorno conserva múltiples vestigios históricos. Muy cerca pasa el Camino de Santiago por Roncesvalles, uno de los puntos más emblemáticos de la ruta jacobea, por donde desde hace siglos transitan peregrinos que cruzan los Pirineos desde Saint-Jean-Pied-de-Port. En estas montañas también se encuentran restos de trincheras, fortificaciones y búnkeres, vestigios de antiguos conflictos que dejaron huella en el territorio. En la actualidad, rutas bien conocidas como las que rodean el embalse de Irabia o los senderos del valle de Aezkoa permiten adentrarse en el interior de la Selva de Irati y explorar este bosque que, entre montañas y brumas atlánticas, conserva una atmósfera sorprendentemente intacta.

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Pasear entre montañas cubiertas de niebla, oír el crujido de las hojas bajo los pies y percibir el aroma húmedo de la tierra constituye una vivencia que aún es posible disfrutar en una zona del norte de España. En ese lugar, un bosque inmenso y silencioso parece mantener intacta la esencia de los paisajes europeos de épocas remotas.

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