
En la continua búsqueda de fuentes energéticas renovables y limpias, el océano se ha consolidado como uno de los ámbitos de investigación más explorados. Dado su constante movimiento y el hecho de cubrir aproximadamente el 70% de la superficie terrestre, los científicos intentan sin descanso encontrar formas de aprovecharlo.
No obstante, los avances tecnológicos no siempre provienen de grandes centros de investigación; en ocasiones, los impulsos decisivos nacen desde lugares inesperados. Tal es el caso de Hannah Herbst, una estudiante de 15 años que, integrando el proyecto Llevar el acceso a la electricidad a los países mediante la energía oceánica (BEACON, por sus siglas en inglés), diseñó un prototipo que ha sorprendido a la comunidad científica.
Su creación, que se construyó con tan solo 12 dólares, es capaz de aprovechar las corrientes marítimas para generar energía en áreas con acceso limitado a la electricidad. La intención es que esta sonda suministre energía constante y agua potable a comunidades vulnerables utilizando el movimiento del océano.
Empleando materiales reciclados y una hélice fabricada mediante impresión 3D, vinculada a un generador hidroeléctrico, las olas estimulan el giro de la hélice para producir electricidad. En las pruebas iniciales, este dispositivo logró encender luces LED, y su creadora afirma que si se amplía el diseño podría alimentar baterías y bombas para desalinización.
Esta solución tiene el potencial de ser un recurso altamente valioso para regiones aisladas, islas o comunidades costeras, que actualmente dependen principalmente de combustibles costosos y contaminantes.
Es importante señalar que el prototipo se ha testado solo a pequeña escala y que, para abastecer la energía de una comunidad entera, los costos de construcción aumentarían bastante. Aun así, este proyecto evidencia que existen alternativas diferentes a las grandes turbinas e infraestructuras pesadas empleadas habitualmente en la actualidad.

