Mensajes internos de Ignacio Garriga ponen al descubierto tensiones profundas dentro de Vox, donde Javier Ortega Smith solicitó la destitución de Rocío Monasterio e Iván Espinosa.
Por su lado, Monasterio y Espinosa reclamaron que Ortega Smith recibiera atención psiquiátrica debido a su comportamiento hostil y violento hacia las mujeres.
Las discrepancias quedan plasmadas en una cadena de correos que resultó crucial para la expulsión de Ortega Smith del Comité Ejecutivo Nacional de Vox.
Garriga acusa a Ortega Smith de actuar con deslealtad, favorecer al PP y perjudicar la imagen y la unidad interna de Vox mediante sus acciones y declaraciones públicas.
Javier Ortega Smith llegó a confeccionar «un informe muy crítico contra Rocío Monasterio e Iván Espinosa solicitando su destitución», mientras ellos demandaron someterlo a «tratamiento psiquiátrico por su trato agresivo y violento con las mujeres».
Así lo revela Ignacio Garriga en diversos correos enviados a Ortega Smith, a los que ha tenido acceso EL ESPAÑOL.
Esos correos, remitidos a lo largo de 2025 desde la Secretaría General de Vox, tenían el objetivo de reprender la conducta de Ortega Smith, a quien Garriga reprochaba actuar por su cuenta ignorando las directrices de la dirección.
Los mensajes se incorporaron al informe presentado ante el Comité Ejecutivo Nacional —la máxima instancia de Vox— que decidió la expulsión de Ortega Smith el 22 de diciembre pasado.
El portavoz del partido en el Ayuntamiento de Madrid no respondió a ninguna de estas comunicaciones. Este periódico intentó obtener su versión, pero prefirió no hacer ningún comentario.
Asimismo, se contactó con Espinosa de los Monteros, quien declara estar «concentrado en construir y mejorar, a pesar de los constantes ataques que recibo», y añade que ahora reconoce que «los ataques venían desde antes».
El primer correo de Garriga a Ortega Smith fue enviado en abril. Conforme avanza la correspondencia, el tono cambia, pasando de cordial a más severo.
En los primeros mensajes, Garriga se despide con «un fuerte abrazo»; en los últimos lo hace con un breve «un saludo».
Más allá de esos matices formales, el contenido se intensifica y refleja el conflicto latente dentro del partido.
En los correos iniciales, por ejemplo, Garriga critica las «pequeñas descoordinaciones que, sin duda, no parecen intencionales».
Le reprocha enterarse «únicamente por las redes sociales» de una visita del concejal madrileño a Torrelavega, «un acto partidista con carga política».
Respecto a dichos eventos, le advierte que debe seguir los «procedimientos» para evitar «perjuicios en la coordinación». «Te solicito ayuda para que el partido mantenga una unidad de mensaje», añade.
En otro correo, con fecha 20 de mayo, le recuerda que, cuando se convoquen «canutazos» —declaraciones breves ante medios— en manifestaciones con participación de Vox, debe «coordinarse previamente con el equipo nacional de prensa, ya sea con Álvaro, Rosa o Juan».
Se refiere a Álvaro Zancajo, Rosa Cuervas-Mons y Juan E. Pflüger, responsables de Comunicación del partido.
En ese caso particular, señala que el «canutazo» correspondía a Isabel Pérez Moñino, una figura a la que Vox busca destacar en Madrid.
En el tercer mensaje cronológico, Garriga eleva el tono. Reconoce escribir con «malestar» debido a las «reiteradas» declaraciones de Ortega Smith contra la Zona de Bajas Emisiones (ZBE) en Valladolid.
En Valladolid, gobiernan en coalición PP y Vox, y esta última ha tenido que aceptar la implementación de una ZBE, una medida contraria a su programa electoral.
En ese contexto, Garriga comunica a Ortega Smith que «comparte la frustración por aceptar decisiones que no coinciden plenamente con nuestro programa», pero que «solo cuando los ciudadanos nos otorguen mayoría suficiente podremos aplicar nuestro proyecto sin concesiones».
En ese correo le indica que «una cosa es expresar desacuerdo en una ocasión, y otra muy distinta convertirlo en un casus belli, difundirlo repetidamente en redes y dar la impresión de que el partido está dividido y se autodesautoriza».
«Lamentablemente, no es la primera vez que, de manera incomprensible, buscas notoriedad aunque sea a costa de fomentar la división y obstaculizar el proyecto», continúa.
Después del verano, el 8 de septiembre, Garriga escribe nuevamente al portavoz municipal recriminándole que haya «ignorando las claras y reiteradas indicaciones del partido» por un canutazo frente al centro de menores de Hortaleza.
Le advierte que con esa actitud «pisotea» a otros dirigentes, como Samuel Vázquez, portavoz nacional de Seguridad e Inmigración.
«Si no sumas, deja de restar»
El último correo, fechado el 20 de noviembre, es sin duda el más contundente y se envía un mes antes de la expulsión de Ortega Smith como miembro de la dirección del partido. En él se expresan las acusaciones más severas.
«Aunque nunca has respondido a mis cartas ni a mis mensajes previos, no puedo dejar de dirigirme a ti para reprenderte, con toda claridad, tu conducta reiterada», inicia.
Le acusa de dos entrevistas en El Debate y COPE, donde Ortega Smith calificó de «errónea e injusta» la decisión de retirarle como portavoz adjunto en el Congreso para designar en su lugar a Carlos H. Quero, un perfil destacado del nuevo Vox.
A partir de ahí, el tono se intensifica aún más. Lo acusa de favorecer al Partido Popular. Este es el fragmento más tenso de toda la correspondencia.
«Es revelador observar cómo tu estrategia comunicativa —en contenido, tono y calendario— encaja perfectamente con la narrativa interesada que Génova y sus medios aliados intentan imponer actualmente», escribe.
También lo acusa de «sembrar dudas internas» en «una fase de crecimiento sostenido» del partido. Asegura que esa «persistencia» debilita la cohesión y «solo puede interpretarse como una connivencia objetiva con quienes procuran erosionarnos desde fuera».
Pero donde se reflejan las disputas personales internas de Vox es en el siguiente párrafo: «Sorprende, por cierto, tu muestra pública de afecto y nostalgia hacia compañeros a quienes trataste de destituir cuando fuiste Secretario General. Recuerda que elaboraste un informe muy crítico contra Rocío Monasterio e Iván Espinosa solicitando su destitución, algo que nuestro Presidente te negó».
Y continúa inmediatamente: «Resulta curioso observar cómo ahora intentas abrazarte a ellos para perjudicar a quien trató de minimizar vuestras diferencias durante años. También es interesante leer lo que decían ellos sobre ti hace no mucho tiempo, exigiendo que se te sometiera a tratamiento psiquiátrico por tu trato agresivo y violento con las mujeres».
Garriga manifiesta su decepción por lo que considera una «deslealtad reiterada» de Ortega Smith, que busca generar confusión entre afiliados y simpatizantes.
Incluso le comenta que posee datos que evidencian que ha dejado de ser un activo para el partido. «Todas las encuestas, estudios internos y análisis de impacto mediático coinciden: tu perfil, lejos de aportar, se ha convertido en un lastre electoral y ni siquiera logras cuestionar la gestión negativa de Almeida, donde ningún sondeo muestra crecimiento para Vox».
«Tus servicios pasados al partido no te otorgan inmunidad», concluye.
Por último, el secretario general de Vox critica a su antecesor por vanagloriarse como uno de los fundadores del partido, a la vez que denuncia su falta de «lealtad y compañerismo».
«No existen ni ‘camisas viejas’, ni ‘fundadores’ con derechos históricos por encima de los estatutos. Aquí hay una estructura orgánica definida, con un Comité Ejecutivo Nacional del que formas parte —por ahora— y unas normas internas que aplican a todos. No hay excepciones», afirma Garriga.
Y concluye: «Si no puedes aportar, al menos deja de restar».
Ortega Smith ha sido apartado y expulsado de Vox, aunque conserva su acta como diputado nacional y concejal en Madrid, donde continúa ejerciendo como portavoz a pesar de que el partido no lo reconoce oficialmente como tal.

