El Ministerio de Economía contempla relanzar los Seguros Individuales de Ahorro a Largo Plazo (SIALP), un instrumento con beneficios fiscales notables, para promover el ahorro y canalizarlo hacia Europa
El ministro de Economía, Comercio y Empresa, Carlos Cuerpo, ha planteado establecer dos regímenes de costes para los préstamos al consumo, limitando las tasas de interés aplicables a estos créditos, además de eliminar los microcréditos con plazos de devolución inferiores a tres meses. (Europa Press/La Moncloa)
El Gobierno está preparando el relanzamiento de una herramienta financiera creada hace más de diez años para estimular el ahorro entre particulares, beneficiándose de ventajas fiscales. Se trata de los Seguros Individuales de Ahorro a Largo Plazo o SIALP, un producto que hasta ahora ha tenido escasa utilización, pero que desde el Ministerio de Economía se pretende recuperar como parte de una estrategia más amplia dirigida a movilizar el ahorro de los hogares hacia la inversión productiva en Europa.
El área que encabeza Carlos Cuerpo analiza dar un nuevo impulso a esta herramienta, desarrollada en 2014 durante la etapa de Cristóbal Montoro al frente de Hacienda, según informó Cinco Días. La idea es aprovechar esta figura ya existente para redirigir parte del dinero que los ciudadanos tienen inmovilizado en cuentas y depósitos hacia proyectos empresariales, en línea con las iniciativas comunitarias de financiación.
Los SIALP son productos diseñados para el ahorro a largo plazo que combinan características propias de los seguros y otros instrumentos de inversión. Su principal atractivo reside en su tratamiento fiscal. Estas herramientas financieras permiten realizar aportes anuales de hasta 5.000 euros, y siempre que el dinero se mantenga invertido por un mínimo de cinco años, los rendimientos obtenidos quedan exentos de tributación en el IRPF. En caso de rescate antes de tiempo, se pierde esta ventaja y las ganancias se gravan como rendimientos del capital mobiliario.
Un producto seguro pero con baja rentabilidad
Además, estos productos suelen brindar una seguridad elevada: por ley deben garantizar al menos el 85% del capital invertido, aunque en numerosos casos las entidades aseguran hasta el 100%, lo que los hace especialmente adecuados para perfiles conservadores. Por tanto, la principal virtud de los SIALP radica en su ventaja fiscal, combinada con la protección del capital, situándolos como una alternativa relevante para quienes priorizan la estabilidad sobre el riesgo.

No obstante, estas mismas características han constituido, en parte, su principal limitación. La obligación de garantizar el capital ha provocado históricamente que las inversiones se dirijan a activos de bajo riesgo, principalmente deuda a corto plazo, lo que ha restringido de manera notable su rentabilidad. En numerosos casos, los rendimientos conseguidos apenas han logrado compensar el impacto de la inflación. Este factor, junto con la escasa promoción que han realizado las entidades financieras, explica que el producto nunca haya logrado despegar realmente.
Movilizar el ahorro hacia Europa
El renovado interés del Gobierno por este instrumento no responde solo a su utilidad para el pequeño ahorrador, sino que forma parte de una estrategia económica con un alcance más amplio. La iniciativa se enmarca dentro del desarrollo de la etiqueta “Finance Europe”, promovida por varios países comunitarios, cuyo objetivo es canalizar recursos privados hacia sectores estratégicos. Entre sus condiciones está que una parte relevante de la inversión se destine a activos europeos y que permanezca invertida durante un periodo mínimo de cinco años.
En este escenario, los SIALP se presentan como una herramienta ya disponible que podría adaptarse con rapidez a estos requisitos, evitando así la necesidad de desarrollar nuevos instrumentos desde cero. Para que los SIALP se ajusten a este nuevo enfoque, el Ejecutivo propone introducir ciertas modificaciones en su normativa, según recoge Cinco Días. Entre ellas destaca la posibilidad de reducir o incluso suprimir la garantía de capital, lo que permitiría incrementar la exposición a activos con mayor potencial de rentabilidad, como la renta variable.
Este cambio representaría una transformación significativa en la naturaleza del producto: pasaría de ser un instrumento centrado en la seguridad a uno con mayor capacidad para generar rendimientos, aunque también con mayores riesgos. Además, el sector financiero presiona para elevar el límite anual de aportación, que actualmente está situado en 5.000 euros, con la finalidad de aumentar su atractivo y su capacidad para captar ahorro.

