Theia: el cuerpo celestial que posiblemente impactó la Tierra y originó la Luna

Representación artística de una pequeña bola de roca que choca contra otra más grande, creando una luz amarilla brillante con fragmentos de roca volando a su alrededor.

Fuente de la imagen, Getty Images/Mark Garlick

    • Autor, Fernando Duarte
    • Título del autor, Servicio Mudial de la BBC
  • 52 minutos
  • Tiempo de lectura: 7 min

La próxima vez que observes una Luna llena, recuerda a Theia.

Así es como los científicos han denominado a un planeta hipotético que podría haber colisionado con la Tierra en sus primeros días, hace aproximadamente 4.500 millones de años, desprendiendo fragmentos que eventualmente formaron nuestra Luna.

Según esta hipótesis, sin el “sacrificio cósmico” de Theia, no tendríamos nuestro satélite natural permanente, ni existiría la posibilidad de que se esté leyendo este artículo.

Una colisión de dimensión cósmica

Actualmente, los científicos sostienen que un impacto gigantesco entre la Tierra primitiva y un cuerpo del tamaño de Marte liberó cantidades de material suficientes para que se aglutinaran y formaran la Luna.

Conocida como la hipótesis del gran impacto, este suceso marcó el inicio de una conexión crucial para la vida tal y como la conocemos hoy.

Por ejemplo, la Luna ejerce tirones gravitacionales sobre nuestro planeta que, durante miles de millones de años, han estabilizado su rotación axial, favoreciendo la estabilidad del clima.

El profesor Thorsten Kleine, planetólogo del Instituto Max Planck para la Investigación del Sistema Solar en Alemania, señala que “sin esta estabilidad climática habríamos experimentado condiciones meteorológicas mucho más extremas, las cuales no habrían favorecido el desarrollo de la vida”.

Kleine formó parte de un equipo internacional de investigadores que, en noviembre pasado, buscó arrojar luz sobre el enigmático y decisivo encuentro de la Tierra.

En un estudio publicado en la revista Science, el equipo examinó la composición química de muestras terrestres y lunares, reforzando la idea de que Theia y la Tierra eran, en efect,o vecinos torpes durante un período turbulento de formación del Sistema Solar.

Una foto en blanco y negro de una enorme roca en la superficie rocosa de la Luna y un astronauta del lado izquierdo.

Fuente de la imagen, NASA

Una Luna y varias teorías

Sin embargo, Theia no siempre fue parte de las explicaciones consideradas.

Antes de que los humanos pisaran el suelo lunar en 1969, se barajaban otras tres teorías principales acerca del origen de la Luna.

La teoría de la fisión propone que la Luna se formó cuando una Tierra primitiva que giraba velozmente expulsó parte de su material hacia el espacio.

La teoría de la captura sugiere que la Luna se formó en una región distinta del Sistema Solar y luego fue atraída gravitacionalmente por la Tierra al acercarse.

Finalmente, la teoría de la coformación considera que la Tierra y la Luna se originaron juntas y se estabilizaron una próxima a la otra.

Contrario a aclarar qué hipótesis era la correcta, las misiones Apolo de la NASA revelaron una opción completamente nueva.

Similitudes químicas

Aunque las hazañas de Neil Armstrong y otros astronautas que alunizaron suelen acaparar la atención, un logro fundamental de las misiones Apolo radica en los materiales regresados a la Tierra.

“Los astronautas del Apolo trajeron muestras de rocas lunares y, al analizarlas, los investigadores descubrieron que las rocas lunares muestran sorprendentes paralelismos químicos con las terrestres”, señala el profesor Raman Prinja, astrónomo del University College de Londres y autor del libro infantil de ciencia “Maravillas de la Luna”.

Esto indicaba que la Luna pudo haberse formado a partir del material de la Tierra.

Varias rocas grises de diferentes tamaños en una bandeja de metal.

Fuente de la imagen, NASA/Getty Images

Prinja añade que dichas rocas evidencian signos de haberse formado bajo temperaturas extremas, lo que apoya la idea de un impacto masivo.

Además, las muestras han perdido en gran parte elementos que se volatilizan con el calor, señalando que la Luna estaba fundida en el momento de su formación.

Sarah Valencia, geóloga lunar de la NASA, comenta que las pistas que aportan las muestras apenas representan una pequeña parte del cuadro general.

Los avances tecnológicos de las últimas décadas, sobre todo en modelado por computadora, han fortalecido la hipótesis del gran impacto.

Incluso, algunas teorías sugieren que la inclinación del eje terrestre es consecuencia directa de la colisión con Theia.

“La teoría del gran impacto continúa siendo el mejor modelo para explicar la química y la interacción entre la Tierra y la Luna”, afirma Valencia.

¿Pudo la Tierra “engullir” a Theia?

¿Qué ocurrió con Theia después del impacto?

Esta es una de las incógnitas que permanecen sin resolver.

A diferencia del famoso asteroide que impactó la Tierra hace 65 millones de años y aniquiló a los dinosaurios, dejando un vasto cráter en la península de Yucatán, México, Theia no dejó evidencias visibles de su existencia.

Según Kleine, Theia tenía cerca del 10% de la masa terrestre, y una diferencia de este tamaño implicaría que se fragmentó durante el impacto y fue absorbida en gran medida por nuestro planeta.

Fragmentos de Theia pudieron también formar parte del material que dio origen a la Luna.

“Este sería el desenlace natural de una colisión de esta clase. Sin embargo, se esperaría hallar señales de la composición de Theia en la Luna, algo que aún no se ha detectado”, comenta el científico.

Dos planetas de tamaño similar: Venus a la izquierda es de color amarillo oscuro con remolinos y cráteres de color más claro visibles; la Tierra a la derecha es azul, con masas de tierra marrones y verdes y remolinos blancos.

Fuente de la imagen, NASA/JPL-Caltech/Esa

“Una posible explicación es que la Tierra y Theia eran muy parecidas porque se formaron en la misma zona del Sistema Solar”, añade, lo cual las hace difíciles de diferenciar.

Así mismo, se sabe que nuestro planeta comparte numerosas características con sus vecinos más cercanos, Venus y Marte.

De hecho, a Venus a veces se le denomina “el gemelo malvado de la Tierra”.

“Pero, al igual que el origen de Theia sigue siendo incierto, tampoco está claro qué sucedió con ella”, advierte Valencia.

No obstante, existen algunas evidencias.

Un estudio de 2023 encontró que dos regiones del tamaño de un continente en las profundidades terrestres podrían ser remanentes de Theia.

Regreso a la Luna

Mucho todavía queda por descubrir sobre cómo se formó el vínculo entre nuestro planeta y la Luna. Por eso, existe gran entusiasmo ante las actuales misiones Artemis de la NASA y la vuelta de los humanos al satélite.

En primer plano se ve una pequeña sección de la superficie lunar plateada, con una vista parcial de la Tierra como una bola azul con remolinos blancos que "se elevan" en un "cielo" negro azabache.

Fuente de la imagen, NASA

Más allá de los experimentos más avanzados que se podrán llevar a cabo en comparación con la era Apolo, las misiones actuales explorarán nuevas áreas lunares, como la región del Polo Sur.

Las muestras lunares recogidas por Apolo provienen de un área relativamente pequeña: la región ecuatorial del lado visible de la Luna.

“Si sólo exploráramos seis lugares en la Tierra, ¿sería posible decir que hemos conocido todo el planeta y entendido su evolución? Por supuesto que no. La Luna tiene un potencial científico inmenso”, argumenta Valencia.

Por ahora, con lo aprendido, es justo afirmar que debemos estar agradecidos a Theia por su sacrificio.

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