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- 10 marzo 2026Actualizado 11 marzo 2026
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Gabriel Boric, considerado el presidente más a la izquierda de Chile desde Salvador Allende, está a punto de entregar el mando al líder más conservador en décadas, desde la dictadura de Augusto Pinochet.
Siendo también el mandatario más joven en la historia chilena, Boric enfrenta el momento de realizar un balance de su gestión.
«He dado todo de mí para cumplir con esta responsabilidad, y puedo afirmar con serenidad y seguridad que dejo el cargo con la frente en alto y las manos limpias», expresó Boric en un evento público de despedida de su presidencia en Santiago el sábado.
El Chile que gobernará el ultraconservador José Antonio Kast desde el miércoles difiere en numerosos aspectos del país que Boric recibió cuatro años atrás, y seguramente también distará del Chile que este exlíder estudiantil aspiraba dejar como herencia.
Elegido con apenas 35 años en un contexto marcado por crisis, tras un estallido social y la pandemia de coronavirus, Boric asumió con un proyecto refundacional que incluía reformar la Constitución vigente, legado del régimen militar de Pinochet (1973-1990), y convertir a Chile en la «tumba» del neoliberalismo.
Su juventud, barba y tatuajes, junto con su distanciamiento de los partidos tradicionales que guiaron la transición democrática, representaron un relevo generacional en la política chilena con la llegada de un milenial a La Moneda.
Además, sus críticas a gobiernos como los de Venezuela, Nicaragua y Cuba definieron una nueva izquierda latinoamericana, más firme en condenar las violaciones a derechos humanos sin importar quién las comete y más atenta a la lucha ambiental y la igualdad de género.
Sin embargo, una característica que resaltan hoy es la habilidad del mandatario saliente para ajustar el rumbo de su gobierno ante las severas limitaciones que enfrentó.
«Boric es un caso excepcional y digno de reconocimiento por alguien que madura en el ejercicio del poder», afirma Andrés Velasco, economista y exministro de Hacienda en el primer gobierno de Michelle Bachelet (2006-2010), y decano de la Escuela de Políticas Públicas en la London School of Economics.
«Muchas de sus propuestas originales, incluyendo la polémica constitución que promovió y fue rechazada, carecían de sentido práctico», señala Velasco a BBC Mundo. «Durante su tiempo en La Moneda empezó a entender que las prioridades de la ciudadanía eran otras, y realizó un cambio evidente».
Según Velasco y otros especialistas, Boric deja resultados concretos tras su mandato, aunque también hay temas sin resolver.

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«Aspectos que serán reconocidos»
El gobierno de Boric logró, entre otros avances, una reforma al sistema de pensiones que Chile llevaba años buscando y que por razones políticas había sido difícil de alcanzar.
«Lograron un acuerdo que aunque no es perfecto, resulta razonable y representa un progreso», afirma Velasco. «Estoy convencido que ese será recordado como el logro más destacado».

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Las modificaciones aumentan progresivamente los ahorros privados para la jubilación (del 10% al 16% de los salarios) y disminuyen las comisiones que cobran las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP) para mejorar las pensiones de los retirados.
Este ejemplo refleja el pragmatismo de Boric, quien inicialmente pretendía eliminar las AFP, pero modificó su enfoque para favorecer consensos en un Congreso sin mayoría estable.
Al mismo tiempo, mantuvo prioridades sociales y logró reducir la jornada laboral de 45 a 40 horas, aumentar el salario mínimo en más de un 50% y extender la gratuidad en el sistema público de salud para sectores de clase media, destaca Claudia Heiss, profesora de ciencia política en la Universidad de Chile.
También se observa una reducción de la inflación, que bajó del 14,1% en agosto de 2022, año inicial del mandato de Boric, al 2,4% anual en febrero, según datos oficiales; este logro es atribuido tanto al gobierno como a la autonomía del Banco Central.
«No fue un gobierno de transformaciones radicales según la agenda con la que llegó, pero sí consiguió estabilizar un país en una situación muy delicada tras el estallido social y la pandemia», sostiene Heiss a BBC Mundo.
Tanto ella como Velasco resaltan también la política exterior de Boric, que estableció un criterio claro sobre lo aceptable o no, sin importar la ideología.

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Por ejemplo, Boric fue el primero en la región con orientación de izquierda en cuestionar el anuncio oficial de Venezuela que proclamó ganador a Nicolás Maduro en las elecciones de 2024, calificándolo como un fraude, mientras sus homólogos de Brasil, Colombia y México actuaban con mayor cautela.
«Mandó un mensaje internacional claro de compromiso con la democracia, al margen de filiaciones políticas», señala Heiss. «Ese tipo de posturas serán valoradas a largo plazo».
Retos y problemas por resolver
En las elecciones del año anterior, Boric no podía ser reelegido de manera consecutiva según la Constitución, y Kast obtuvo el 58% de los votos en la segunda vuelta, superando por más de 16 puntos a la candidata oficialista, la comunista Jeannette Jara.
El amplio triunfo del ultraderechista en su tercer intento, basado en una campaña con foco en la seguridad pública, reflejó la profunda preocupación ciudadana por la delincuencia y el crimen organizado vinculado a mafias extranjeras.
No obstante, en 2025 la tasa de homicidios en Chile descendió 11,5% en comparación con 2024: según datos oficiales, hubo 5,4 asesinatos por cada 100.000 habitantes, nivel inferior al registrado en otros países de la región.
Esta fue la tercera caída anual consecutiva de ese indicador esencial de violencia, después de que en 2022 se registraron 6,7 homicidios por cada 100.000 habitantes.
Daniel Johnson, director ejecutivo de la Fundación Paz Ciudadana, que evalúa las políticas públicas en materia de seguridad en Chile, comenta que el gobierno de Boric enfrentó «un contexto significativamente más complejo que el de una década atrás, marcado por un aumento de la delincuencia violenta y un nivel de temor ciudadano excepcionalmente elevado».
«En ese escenario, su administración promovió cambios institucionales considerables para fortalecer la respuesta estatal, incluyendo la creación del nuevo Ministerio de Seguridad Pública y la instalación de una fiscalía supraterritorial para enfrentar fenómenos delictivos más complejos», afirma Johnson a BBC Mundo.

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Sin embargo, advierte que pese a los avances, persisten desafíos como «una reforma profunda a Carabineros que permita mejorar su capacidad para ofrecer servicios policiales efectivos».
La modernización de las fuerzas policiales era una promesa de Boric.
Otro propósito planteado fue una reforma tributaria con impuestos a los súper ricos para financiar su programa social, pero el Congreso rechazó esa propuesta, un duro golpe para Boric.
El déficit fiscal estructural de Chile fue 3,6% del PIB en 2025, por encima de la meta vigente de 1,6%, lo que la oposición interpreta como indicio de mala administración de los recursos públicos por parte del gobierno.
Aunque Chile alcanzó un récord de exportaciones de US$107.000 millones en 2025, su economía creció a tasas bajas -menos del 2% promedio anual durante el mandato de Boric-, atribuible en parte a problemas estructurales, según economistas.
Quizás la mayor derrota para Boric fue el fracaso rotundo de la reforma constitucional que propuso antes de asumir la presidencia para superar la crisis política.
Como presidente, apoyó el texto de una nueva constitución redactado por una convención electa para ese fin, que incorporaba varias reformas y establecía un «Estado social y democrático de derecho» encargado de proveer servicios y bienes a la sociedad (incluso reconociendo a los animales como seres sintientes a proteger).

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Gran parte percibió esa propuesta como demasiado radical y el proyecto fue rechazado por el 62% de los votos en un referéndum constitucional en 2022.
Paradójicamente, los analistas coinciden en que a partir de ese momento comenzó lo mejor del gobierno de Boric, que inició la búsqueda de alianzas con la izquierda tradicional y moderó su agenda.
Las expectativas de que el joven presidente podría cerrar la brecha entre partidos y sociedad eran exageradas, pero Boric deja su mandato con 40 años y un importante capital político tanto nacional como internacional, señala Heiss.
Además, pronostica que, aunque sus planes futuros son inciertos, «sin duda seguirá siendo una figura destacada en la política chilena por largo tiempo».

