Tratar las células senescentes y aquellas que se desprograman con la edad podría abrir nuevas posibilidades para desarrollar fármacos que incrementen la longevidad y prevengan o traten el envejecimiento
Jean-Marc Lemaitre dirige la investigación en el Instituto Nacional de Investigación en Salud y Medicina de Francia, además de ser jefe de investigación en el Instituto de Medicina Regenerativa y Bioterapia de la Universidad de Montpellier. Su trabajo, pionero en la materia, se enfoca en la reprogramación celular y el envejecimiento, lo que ha contribuido a redefinir la percepción sobre la longevidad humana.
Este especialista en envejecimiento celular y medicina regenerativa participó recientemente en el Foro Mundial de Longevidad celebrado en Madrid, donde resaltó el rol fundamental de Shinya Yamanaka, el científico japonés que hace 20 años logró reprogramar células adultas en células madre, descubrimiento que le valió el Premio Nobel solo seis años después.
“Los seres humanos se originan a partir de una sola célula que, a lo largo del desarrollo, produce más de 200 tipos celulares distintos. Por esta razón, afirmamos que ocurre una programación de la identidad celular. Sin embargo, con el envejecimiento, dichas células pierden esta programación y su funcionamiento se deteriora progresivamente. La idea de reprogramarlas abrió la puerta a la medicina personalizada, ya que posibilitó modificar una célula para tratar enfermedades, como algunas cardiovasculares”, explica.
Lemaitre y su equipo han empleado células altamente envejecidas extraídas de personas centenarias y las reprogramaron. Partieron de un tipo específico de células cutáneas llamadas fibroblastos, encargados de sintetizar colágeno, elastina y ácido hialurónico, y tras rediferenciarlas lograron obtener una célula completamente rejuvenecida.
“Transformamos una célula de un centenario en una equivalente a la de un recién nacido, reiniciándola totalmente y revirtiendo así el envejecimiento celular,” resume.
Luego de alcanzar este logro en el laboratorio, Lemaitre aplicó esta técnica en ratones, logrando con una sola reprogramación un aumento de entre el 15 y el 30% en la esperanza de vida. Lo más relevante es que el incremento ocurrió sin aparición de enfermedades vinculadas al envejecimiento. Por ello, considera fundamental enfocar los tratamientos en combatir el envejecimiento en lugar de centrarse únicamente en la enfermedad.
“Actualmente, es posible reprogramar casi cualquier tipo de célula, no solo las de la piel, y esto lo hemos demostrado en ratones. Nuestra intención es centrar la investigación en humanos y estamos desarrollando un estudio preliminar, conocido como prueba de concepto, en la piel. Elegimos la piel porque es accesible, está expuesta y permite observar directamente si el tratamiento es efectivo,” aclara.
Otra línea de interés son las células senescentes, es decir, aquellas que comienzan a envejecer. Según explica, “son células peculiares: muchos tipos de células dañadas que no pueden repararse entran en senescencia. Aunque ya no se dividen, liberan factores diversos que aceleran el envejecimiento de los tejidos.”
“Estudiamos esta área porque se realizó otra prueba de concepto en ratones que demostró que tratar células senescentes con moléculas que modifican la senescencia también prolonga la vida en un 30%, sin que aparezcan enfermedades relacionadas con la edad,” subraya.
Actualmente, Lemaitre trabaja en ambas estrategias: la reprogramación celular y el tratamiento de células senescentes. “El envejecimiento ocurre porque nuestras células envejecen. En los tejidos envejecidos hay dos tipos celulares prevalentes: las células senescentes, que se acumulan con la edad, y las células desprogramadas. Nuestro objetivo es tratar ambos tipos, lo cual representaría un beneficio considerable, como se observa en numerosos laboratorios a nivel global. Se trata de un cambio de paradigma que podría derivar en la creación de medicamentos para incrementar la longevidad y prevenir, así como tratar, el envejecimiento,” concluye.

