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Información del artículo
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- Autor, Adam Taylor
- Título del autor, The Conversation*
- 11 marzo 2026
- Tiempo de lectura: 6 min
Una de las molestias más comunes al estar enfermo o sufrir alergias estacionales es la congestión nasal, que provoca bloqueo y dificulta la respiración por las fosas nasales.
Incluso en ausencia de enfermedad, es posible que al inhalar profundamente notes que solo una fosa nasal permite el paso del aire. Antes de alarmarse y pensar en un posible problema, cabe señalar que esto es un proceso fisiológico habitual.
Durante varias ocasiones al día, de manera inconsciente, las fosas nasales alternan su función, quedando una de ellas como principal conducto para el aire. A este fenómeno se le denomina ciclo nasal y es esencial para mantener la salud nasal.
El cuerpo cambia la fosa nasal dominante aproximadamente cada dos horas mientras está despierto. Esta alternancia se reduce durante el sueño, debido a que la frecuencia respiratoria disminuye y el volumen de aire que circula se reduce.
El ciclo nasal comprende dos fases fundamentales: congestión y descongestión.
En la fase de congestión, una fosa nasal experimenta una reducción en el flujo de aire, mientras la opuesta permanece despejada o descongestionada, facilitando el paso del aire. La fase de descongestión es necesaria para que la fosa nasal activa descanse, evitando que la sequedad y la exposición a patógenos provoquen daños. Por ello, la alternancia es fundamental.
Este mecanismo ocurre de forma automática y es controlado inconscientemente por el hipotálamo. No obstante, algunas personas no presentan ciclo nasal, como sucede en trastornos hipotalámicos. También hay evidencias que sugieren que en individuos diestros predomina la fosa nasal izquierda.

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Investigaciones sobre la respiración nasal indican que cuando la fosa nasal derecha predomina, el organismo se encuentra en un estado de mayor alerta o estrés, mientras que la dominancia de la izquierda está asociada con un estado más relajado.
El ciclo nasal es relevante por varios motivos.
Primero, protege el revestimiento interno de la nariz y el sistema respiratorio. Se calcula que al menos 12.000 litros de aire atraviesan la nariz diariamente, convirtiéndola en una barrera fundamental contra invasores microbianos. La alternancia en la dominancia nasal disminuye riesgos de daño y ayuda a preservar la integridad del conducto nasal frente a patógenos.
Además, la nariz requiere tiempos de descanso para reparar sus tejidos. La exposición constante al aire reseca la mucosa, incrementando la vulnerabilidad a infecciones e inflamaciones si no se permite la recuperación.
También durante la congestión nasal, los vasos sanguíneos incrementan el flujo sanguíneo para mantener la humedad necesaria en las fosas nasales, facilitando su reparación y garantizando que el aire se caliente y humedezca al pasar.
Función del ciclo nasal
Diversos factores pueden alterar el funcionamiento habitual del ciclo nasal. Infecciones respiratorias como resfriados o gripe incrementan la producción de moco, limitando la capacidad de alternancia entre las fosas nasales.
La exposición a alérgenos como el polen o los ácaros del polvo puede causar inflamación importante en los tejidos nasales, dificultando el funcionamiento adecuado del ciclo.
Además, ciertos fármacos, en particular los usados para tratar la hipertensión, pueden irritar la mucosa nasal al afectar los vasos sanguíneos en la nariz y otras zonas del cuerpo.
El uso prolongado de descongestionantes nasales (más de cinco días seguidos) puede provocar rinitis medicamentosa, un tipo de congestión que aparece por el abuso de estos productos y que causa inflamación brusca en las fosas nasales, alterando el ciclo nasal.

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En algunos casos, alteraciones estructurales dificultan el ciclo nasal. Los pólipos nasales, que afectan al 4% de la población, son formaciones del revestimiento nasal que suelen aparecer en ambas fosas. Estas protuberancias limitan el paso del aire y provocan bloqueo constante.
Otra causa frecuente es un tabique nasal desviado, que se da cuando el cartílago y hueso que separan las fosas están desplazados. Esto genera congestión permanente y frecuentemente se debe recurrir a cirugía para mejorar la respiración y la calidad del sueño.
Incluso posturas simples como recostarse o encorvarse afectan el flujo nasal. Al estar tumbado, la sangre se acumula en los tejidos nasales y la gravedad moviliza el contenido de los senos hacia la fosa nasal más baja, bloqueándola y dificultando la respiración.
Las infecciones como resfriados y gripes son las causas más habituales de bloqueo nasal, cuya recuperación puede llevar hasta dos semanas. La sinusitis, infección de los senos paranasales, puede prolongarse hasta cuatro semanas.
Las alergias al polen también representan un desencadenante común de alteraciones en el ciclo nasal, cuyos síntomas pueden durar semanas según el alérgeno. El uso regular de antihistamínicos durante la temporada de fiebre del heno ayuda a mitigar la congestión.
Si la obstrucción de una fosa nasal persiste por más de dos semanas, es aconsejable realizar una evaluación médica, especialmente si se detecta mucosidad o secreciones anormales.
*Adam Taylor es profesor de Anatomía de la Universidad Lancaster, en Reino Unido.
*Este artículo fue publicado en The Conversation y reproducido aquí bajo la licencia creative commons. Haz clic aquí para leer la versión original (en inglés).

